JONATHAN FARRAR, EMBAJADOR DE EU EN PANAMÁ

Farrar, el hombre de Washington

El embajador de Barack Obama en Panamá tuvo su primera misión diplomática en México, y antes de llegar a Panamá, en Cuba. Es fanático del béisbol.

Cauto, reservado y cuidadoso. Tres máximas de la diplomacia pura. Esta es la imagen que vende, por ahora, el nuevo embajador de Estados Unidos (EU) en Panamá, Jonathan Farrar.

Habla bajito, piensa bien lo que va a decir, pero no puede apartar de sí ese aire de omnipresencia pública que han despertado los embajadores de EU en Latinoamérica, y especialmente, en Panamá. Siempre están en la primera línea de la vida pública.

“Son como una especie de árbitros con poder”, dijo un analista político consultado para describir el significado que tienen los diplomáticos de EU en la región.

En el caso de Farrar, la prueba está en que lleva dos semanas siendo noticia por sus reuniones con políticos, grupos de la sociedad civil y con representantes de los poderes Ejecutivo y Judicial. Su primer encuentro con un personaje público local se dio en el Palacio Gil Ponce, cuando se reunió con el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alejandro Moncada Luna. Aunque de ello no se enteraron los medios.

“Se le mira con respeto porque es una persona que representa a la potencia más grande del mundo: económicamente, comercialmente y políticamente”, dice Roberto Alfaro, exembajador de Panamá en Estados Unidos durante la administración de Mireya Moscoso.

¿QUIÉN ES?

¿Quién es realmente el nuevo hombre de Barack Obama en Panamá? ¿Qué lo conmueve? ¿Quiénes son sus amores? ¿Qué hace en su tiempo libre?

Jonathan Farrar y su esposa Terry recibieron a La Prensa en su residencia, en La Cresta, para hablar de su vida. Eso sí, cero política, no temas polémicos. Esa fue la condición para conceder la entrevista. Al fin y al cabo, solo tiene cuatro semanas de estar en el país.

LA LLEGADA

Una tortuga gigante con sus hijitas, hechas de un material que imita a la perfección a las de verdad, están acomodadas en fila para hacer ver que tienen la intención de entrar a la residencia del embajador. “No estaban aquí en la época de Phyllis Powers”, advirtió el fotógrafo una vez llegó a la casa.

“Es que a la esposa del embajador le gustan los animales...también tiene peces en el estanque”, cuenta alguien de la Embajada de EU.

Allí estaba, en medio de la sala hablando con varios ambientalistas del patio. Se despide, sube las escaleras y se pierde en los recovecos del lugar que ha alojado por décadas a los representantes de Washington al istmo. La misma vivienda donde los políticos criollos han mostrado sus mejores galas para ganar las simpatías del norte, y han brindado y fraguado pactos.

Los minutos pasan, se escoge el sitio para las fotos y aparecen los dos. Ella sonríe, y se sienta al lado de él. Terry de Farrar, ingeniera de sistemas y nacida en Vietnam, llegó a EU cuando era muy pequeña. “Mi mamá quiso llevarnos a vivir allí”. Lo dice en plural porque el viaje incluyó a sus hermanos. No cuenta las circunstancias que la llevaron a Norteamérica. Como buena esposa de diplomático, habla poco y con precisión. No deja nada al azar.

Él nació en Los Ángeles, en 1956. Una época interesante para nacer en EU: una era marcada por la Guerra Fría entre soviéticos y estadounidenses, se dieron los primeros movimientos en contra de la segregación racial y, culturalmente, floreció el rock and roll.

“California del Sur era un lugar fantástico para crecer. Allí adquirí mi amor por la playa. Pasé mucho tiempo junto al mar, hacía deporte los 12 meses del año. Allí jugué béisbol, voleybol, fútbol”, relata Farrar cuando se le pide que traiga al presente algunos recuerdos de su infancia.

Tienen una hija, dos hijos y un nieto de tres meses que se llama Jonathan IV, [el primero es su padre, el segundo es él y el tercero es su hijo] y el simple hecho de mencionarlo hace que a los dos les brillen los ojos. Farrar, que se estrenó en Twitter hace poco [@USAmbassadorPAN], colgó una foto del pequeño en la popular red social, donde aparece con una camisita que tiene una particular inscripción: Future secretary of state. Washington D.C. De tal palo...

LATINOAMÉRICA

Su conexión con Latinoamérica le llegó también desde muy joven. Resulta que se apuntó a un programa de intercambio estudiantil entre ciudades hermanas. En este caso, entre Covina, California, y Jalapa, México, y pasó un verano entero en Jalapa conviviendo con una familia. “Eso cambió mi vida. Todavía estoy en contacto con ellos. El día que presté juramento como embajador de Panamá, recibimos cuatro llamadas de esa familia para felicitarme”, asegura.

Hoy afirma que la mejor comida latinoamericana es la de México, y su banda de música favorita es Maná, aunque le gusta la música latina en general.

PRIMERA VEZ EN PANAMÁ

Estuvo por primera vez en Panamá en 1979. Estaba en Bolivia de vacaciones y aprovechó para visitar algunos países de Latinomérica. Aquí llegó precisamente el 4 de julio de 1979. Visitó Colón y recorrió la capital, por lo que el día que pisó suelo panameño como embajador, le asombró ver la transformación de la ciudad. En ese tiempo se fue a Costa Rica en bus. “Era estudiante y tenía un presupuesto muy limitado”, recuerda.

Otra de las coincidencias que tiene con Panamá es que su abuela materna, cuando era niña, vivió en Bocas del Toro porque su padre y su tío trabajaban en el ferrocarril. Es una época de la que dice tiene pocos recuerdos, pero sí uno con gran significado: un libro de poesía de Panamá, escrito en 1907. Además, tiene fotografías del Bocas de esos años, y está dispuesto a recorrer la zona con su mujer para ver si identifica alguno de los sitios de las imágenes.

A su esposa Terry la conoció en la universidad. Coincidieron en una clase, se enamoraron y se casaron en 1980.

El pasado viernes cumplieron su trigésimo segundo aniversario. Ese año Farrar empezó su vida en la diplomacia.

“Después de cuatro o cinco días de la boda, partimos en el coche de ella con destino a Washington para entrar al Departamento de Estado. El viaje sirvió como luna de miel. Visitamos el Gran Cañón, en Arizona, The Rocky Mountain, y el pueblito natal de mi padre, en Kansas”, narra.

Otra vez, México en su camino. En ese país hizo su primera misión diplomática hasta 1982, cuando fue enviado a Belice.

Estuvo en Washington otro tanto hasta que le llegó el turno de trabajar en Paraguay y después en Uruguay. Antes de llegar a Panamá estuvo en Cuba, donde fue el jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

CUBA

Tres años vivieron los Farrar en Cuba y eso les dio la oportunidad de conocer la esencia del cubano, gente de la que hablan muy bien. “Cada fin de semana fuimos a la misa en una parroquia diferente. Después de tres años habíamos asistido a la misa en 75 parroquias de la provincia de la ciudad de La Habana, y así pudimos conocer toda la ciudad y a muchísima gente”, cuenta.

Por el trabajo social que Terry realizó en la isla, recibió un premio el año pasado del Departamento de Estado. Apoyaba a los niños con cáncer, con un grupo inspirado en la labor de la madre Teresa de Calcuta.

El tema Fidel Castro está prohibido por obvias razones. –¿Lo conoció?– No, dice tajantemente.

Pero, no se salvó de aparecer en los Wikileaks, algo con lo que tendrán que lidiar los diplomáticos estadounidenses de antes de 2012. Las filtraciones revelaron que Farrar criticó duramente a los disidentes, a los que calificó de personalistas, sin arraigo social y excesivamente preocupados por conseguir dinero, según cuenta una noticia de la BBC Mundo del 20 de diciembre de 2010.

EL BÉISBOL

Farrar es beisbolero y fanático de Los Dodgers. La primera vez que fue a un partido de béisbol la recuerda con absoluta precisión. Fue en la serie mundial de 1963 entre Los Dodgers y los Yankees, en el estadio de Los Dodgers en Los Ángeles. “El jugador de Los Dodgers Frank Howard pegó un home run y Sandy Koufax fue el lanzador ganador. Los Dodgers ganaron 4 por 0 contra los Yankees”, cuenta.

Ríe cuando dice que ya se dio cuenta del equipo de béisbol estadounidense que prefieren los panameños. No conoce a Mariano Rivera. “No he tenido el gusto de conocerlo”, dice.

Para conocer al Panamá profundo ya puso en marcha su plan: reunirse con todos los sectores. Eso también lo repetirá en las provincias.

EMBAJADOR.

Es miembro ´senior´ de la carrera del Servicio Exterior estadounidense, con grado de ministro consejero. Antes de llegar a Panamá se desempeñó en México, Belice, Paraguay, Uruguay y Cuba. En este último país fue jefe de misión de Estados Unidos en La Habana, por tres años. Desde que llegó al país se ha reunido con partidos políticos, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, algunos ministros y representantes de la sociedad civil, entre otros.

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