Francisco y dos jornadas para estremecer al mundo

Cada tres años, la JMJ se celebra en una ciudad sede. Francisco ya ha estado en Río de Janeiro, Brasil, en 2013; y en Cracovia, Polonia, en 2016. Ahora le toca a Panamá.

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Una multitud escucha al papa durante una homilía en la playa de Copacabana, durante la XXXVIII JMJ, en 2013. Archivo Una multitud escucha al papa durante una homilía en la playa de Copacabana, durante la XXXVIII JMJ, en 2013. Archivo

Una multitud escucha al papa durante una homilía en la playa de Copacabana, durante la XXXVIII JMJ, en 2013. Archivo

Francisco es el papa 266 de la Iglesia católica. Archivo Francisco es el papa 266 de la Iglesia católica. Archivo

Francisco es el papa 266 de la Iglesia católica. Archivo

Francisco y dos jornadas para estremecer al mundo Francisco y dos jornadas para estremecer al mundo

Francisco y dos jornadas para estremecer al mundo

El mundo empezaba a descubrir a Francisco cuando Río de Janeiro, Brasil, acogió la XXXVIII Jornada Mundial de la Juventud. Se celebró entre el 22 y el 29 de julio de 2013, momentos en que el papa latino apenas comenzaba a calentar su silla en el Vaticano. Su vida y obra estaban en primera plana: fue portada de la revista Times, objeto de documentales, y cada palabra que emitía sembraba debates.

El 22 de julio de 2013 viajó a la nación suramericana en un avión con más de 70 periodistas de distintos países del mundo. Había reporteros de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, España, México, Polonia, Alemania, Japón, Argentina, Rusia y Brasil, el país anfitrión. En las 10 horas de vuelo saludó a cada uno de los que estaban en el avión, y hasta bromeó: “Estoy aquí entre leones, pero no tan feroces, ¿eh?”, les dijo.

Los medios catalogaron el evento de “histórico”, por varias razones: fue el primer viaje internacional de Francisco, su primera JMJ, su primer encuentro (como papa) con el continente en el que nació y donde el 42% de la población es católica, y porque su figura generaba curiosidad, interrogantes y expectativa. Los actos fueron multitudinarios: 3 millones de asistentes en la vigilia (casi la población total de Panamá), y 3.7 millones en la misa de cierre. Participaron jóvenes de 175 países del mundo. Pero los de Brasil, Argentina, Estados Unidos, Italia y Chile impusieron el récord. Se afirmó que después de la de Filipinas en 1995, en la que participaron unos 4 millones de personas, la de Brasil ha sido la segunda más multitudinaria.

Su visita a la favela de Varginha generó titulares porque le jaló las orejas a los políticos. Pidió a las autoridades darle más atención a la gente que vive en esas zonas, donde reina la pobreza y la violencia. “Nadie puede permanecer indiferente ante las injusticias que aún existen en el mundo”. En el acto de bienvenida, que se ofreció en la playa de Copacabana, pidió a los jóvenes no dejarse cegar por los ídolos. “El dinero y el poder pueden dar momentos de embriaguez, pero al final nos dominan [...]”.

En el palacio arzobispal, llamó la atención de los que abandonan a los ancianos. “Hay eutanasia escondida, no se cuida a los ancianos. Pero también hay una eutanasia cultural, no se les deja hablar, no se les deja actuar”. En un encuentro privado con los políticos, les dijo que el mundo necesita una visión humanista de la economía y una política que logre la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza.

Francisco no olvidó que Brasil es un país futbolero por excelencia, y en la vigilia hizo de árbitro. Dirigió un partido muy especial: “Jesús nos pide que juguemos en su equipo, y un jugador debe entrenarse”. “Jesús nos ofrece algo más grande que la copa del mundo”. Una jugada maestra.

Cracovia

Entre el 26 y el 31 de julio de 2016, le llegó el turno a Cracovia, Polonia, jornada en la que se anunció que en 2019 la sede sería Panamá. Fue la segunda vez que ese país del este de Europa acogía al masivo evento católico. La primera fue en 1991, pero en aquella ocasión se realizó en Czestochowa, y estuvo liderada por un hombre de la casa: Juan Pablo II.

Cerca de 2 millones de jóvenes del mundo participaron en la JMJ de 2016, evento que tuvo una gran carga emotiva por la compleja historia del país. Francisco, por ejemplo, visitó Auschwitz, el campo de concentración símbolo del holocausto nazi, donde murió más de un millón de personas, el 90% de ellas judías. Rezó en silencio. No pronunció una sola palabra, pero lo que escribió en el libro de honor fue un grito: “Señor, perdón por tanta crueldad”.

Por esos días, el mundo presenciaba los actos sanguinarios del Estado Islámico y se hablaba de una tercera guerra mundial. Un sacerdote católico había sido degollado en la iglesia que dirigía en Normandía, Francia. Los periodistas que viajaron con el papa de Italia a Polonia aprovecharon para consultarle por el tema, y Francisco lanzó una frase que ayudó a bajarle el tono al sentimiento antimusulmán que predominaba en ese momento. “No me gusta hablar de violencia islámica: Si yo hablo de violencia islámica, debo hablar de la violencia católica. Y no, los islámicos no son todos violentos. No es justo identificar al islam con la violencia. El terrorismo está en todos lados”.

Juan Pablo II fue otro protagonista de la JMJ de Cracovia. Convertido en santo, y pionero de la JMJ, estaba en afiches, en las iglesias, en los discursos y oraciones.

Para entonces, Francisco ya había consolidado su discurso de frases directivas y desbordado de temas actuales. “Me genera dolor haber encontrado jóvenes que parecen haberse jubilado antes de tiempo”. Fue el mensaje que envió a los jóvenes conformistas. Esos que, dijo, se quedan en el sofá, “un sofá de felicidad” que los tiene adormecidos y les quita la esperanza de salir a cambiar el mundo.

Habló de construir puentes y derribar muros, en una época en que líderes mundiales claman por levantar fortalezas para evitar las migraciones. Sin mencionar nombres, se refirió a “aquellos que quieren manejarnos construyendo muros reales o artificiales, para tenernos controlados y fomentar el odio”. Y pidió a los jóvenes romper “esos muros y tender puentes”.

El último día, el papa hizo el anuncio: Panamá sería el país sede de 2019.

Decenas de jóvenes panameños, que estaban en Cracovia, celebraron en grande.

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