JAPÓN. UN PAÍS BAJO LA SOMBRA NUCLEAR

De Hiroshima a Fukushima

Esta semana se cumplieron 68 años del holocausto nuclear japonés. Mientras que aun no se controlan todas las consecuencias del sismo y ´tsunami´ de 2011.
Velas flotantes en memoria de los muertos de Hiroshima fueron parte de los actos de recordación del bombardeo de hace 68 años, que cobró 80 mil vidas en el instante y miles más en años posteriores a causa de la radiación. AP. Velas flotantes en memoria de los muertos de Hiroshima fueron parte de los actos de recordación del bombardeo de hace 68 años, que cobró 80 mil vidas en el instante y miles más en años posteriores a causa de la radiación. AP.
Velas flotantes en memoria de los muertos de Hiroshima fueron parte de los actos de recordación del bombardeo de hace 68 años, que cobró 80 mil vidas en el instante y miles más en años posteriores a causa de la radiación. AP.

Los llaman hibakusha, literalmente “los bombardeados”. Y nadie los quería cerca. Un miedo sórdido los separaba durante décadas de sus semejantes.

Quemados por dentro y por fuera, dejaron jirones de piel luego de que el cielo se incendiara aquel fatídico 6 de agosto de 1945 sobre su ciudad, Nagasaki, Japón. Ellos fueron los “afortunados”. Cerca de 80 mil personas murieron de forma instantánea cuando la bomba estadounidense “Little boy” liberara la reacción en cadena atómica a 600 metros de altura sobre la ciudad. Manchas de gente literalmente evaporada quedaron como mudos testigos del horror. Otras decenas de miles irían muriendo poco a poco, víctimas de la radiación, en los años posteriores.

El lunes pasado, el hijo de un hibakusha, Kazumi Matsui, habló a la multitud como actual alcalde de Hiroshima: “Pido al Gobierno que haga más esfuerzos por lograr un mundo sin armas atómicas”.

Y de paso se solidarizó con los habitantes de la prefectura de Fukushima, que desde hace dos años viven el drama de los daños a la planta nuclear que cambió para siempre sus vidas.

El espectro atómico parece no querer dejar en paz a Japón.

AMENAZA LATENTE

Fue el presidente Harry S. Truman quien tomó la decisión de soltar bombas atómicas sobre Japón. La de Hiroshima primero y la de Nagasaki después. Fue así como Estados Unidos obligó a la rendición al Imperio del Sol Naciente y puso fin a la Segunda Guerra Mundial. Fue el primer ataque con armas nucleares de la historia. Y junto con el de Nagasaki, los dos únicos en los que se ha usado energía nuclear.

Desde entonces Japón se ha convertido en abanderado de la lucha contra la proliferación de armas nucleares. Shinzo Abe, primer ministro japonés, dijo en Hiroshima esta semana que este compromiso sigue vivo. Sin embargo, el alcalde Matsui hizo ver que las amenazas están cerca.

El alcalde recordó que Japón e India se han comprometido en cooperar para el desarrollo de tecnología nuclear, “algo que puede ser muy provechoso económicamente para Japón, pero dificultaría los esfuerzos para suprimir las armas nucleares”.

También habló del peligro de las armas atómicas en la península coreana. Y no dejó por fuera al drama de Fukushima: “Hiroshima conoce la dureza de la recuperación”, dijo.

Y es que desde el terremoto de marzo de 2011, que provocó un tsunami y averió gravemente la planta nuclear de Fukushima, los trabajadores y los residentes de la zona han tenido que hacer titánicos esfuerzos para recuperar la normalidad y controlar el daño.

La compañía Tepco, encargada de la planta, ha aceptado que una parte del agua contaminada se vertía en el mar. Un nuevo escape de agua fue detectado en fecha reciente, dijo esta semana un responsable de la planta. Unas 300 toneladas diarias de esas aguas se han vertido al océano Pacífico desde hace dos años, aunque los técnicos matizan que tal vez no sean muy radiactivas.

Pero si hay un país en el mundo que conoce los efectos de la radiación de primera mano, este es Japón. Por eso los rostros preocupados de la gente en este momento no sorprenden.

Okinawa, isla de otro tiempo

Una de las consecuencias de la rendición de Japón tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki en 1945, fue la ocupación del archipiélago nipón por parte de Estados Unidos. De esa época, humillante para los derrotados, quedan pocos vestigios. Sin embargo, hay un territorio en donde el tiempo no parece haber pasado muy rápido. Se trata de la isla de Okinawa, devuelta a Japón en 1972, donde Estados Unidos mantiene bases militares. Ello ha sido motivo de históricos roces con los civiles japoneses. La caída de un helicóptero el pasado fin de semana, cerca del poblado de Ginoza, en el norte de Okinawa, ha revivido esos recelos. Aunque el accidente ocurrió en terrenos de una base, los civiles señalan el peligro que representan esas aeronaves cerca de centros poblados nipones.

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