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DESAPARECIDOS DE LA DICTADURA militar

Identifican los restos de Bettzy Mendizábal

Desde hace 41 años, la familia Mendizábal pedía conocer la verdad sobre la extraña muerte de la estudiante, en plena dictadura militar.

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Marcos Mendizábal, con un retrato de su hermana Bettzy Marlene, fallecida en 1976 en plena dictadura militar. Marcos Mendizábal, con un retrato de su hermana Bettzy Marlene, fallecida en 1976 en plena dictadura militar.
Marcos Mendizábal, con un retrato de su hermana Bettzy Marlene, fallecida en 1976 en plena dictadura militar. José González Pinilla

Marcos Mendizábal fue el primero de la familia en recibir la noticia: las osamentas que reposan en la Unidad de Análisis Biomolecular del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Imelcf) pertenecen a su hermana Bettzy Marlene Mendizábal, fallecida en 1976 en plena dictadura militar.

Se lo informó José Vicente Pachar, subdirector del Imelcf, y la fiscal primera superior Geomara Guerra, a finales de marzo pasado, durante una reunión en la Cancillería con familiares de desaparecidos y asesinados durante el régimen militar en Panamá (1968 - 1989).

Marcos Mendizábal, que en los últimos 40 años ha buscado junto con su padre Carlos Mendizábal –fallecido en 2013- y sus otros hermanos la verdad sobre la muerte de Bettzy Marlene, lloró ese día.

“Quedé impactado”, relató. Lo primero que hizo fue retirarse por un momento del encuentro en la Cancillería. Quería desahogarse a solas.

Después le informó a su madre y al resto de sus hermanos que las pruebas de ADN practicadas por el Imelcf arrojaron los resultados que habían esperado por cuatro décadas. “¡Al fin sabemos que son los restos de ella!”, dice, mientras sostiene en sus manos una foto en primer plano de su hermana. Ahora, deben iniciar los trámites ante el Ministerio Público para que le entreguen los restos.

UN VIAJE SIN REGRESO

En el verano de 1976, Bettzy Marlene Mendizábal, de 19 años, estudiante del Instituto Nacional, viajó a Atalaya, un pueblo en Veraguas, para estar unos días con su abuela. La acompañaba su novio Jorge Falconett, de 22 años, universitario y miembro del entonces Frente Estudiantil Revolucionario (FER).

Desaparecieron el 31 de enero de ese año. La última vez que los vieron fue en un área de playa en Mariato, Veraguas. Cuatro días después, el 3 de febrero, el cuerpo de la joven fue encontrado entre el mangle, en la desembocadura del río Negro, cerca de la playa, con el cabello sujeto a las raíces. Falconett continúa desaparecido.

Llevaron los restos al cementerio de Atalaya y el forense de turno no le practicó la autopsia, alegando que estaba en un estado avanzado de descomposición. Así consta en el informe preparado por la Comisión de la Verdad en 2002, encargada de documentar y esclarecer 116 casos de personas asesinadas y desaparecidas durante la dictadura militar (1968-1989).

La Fiscalía Segunda de Circuito de Veraguas comenzó en 1976 una investigación de oficio. Tomaron declaraciones de las dos personas que vieron por última vez a la pareja: Roberto Pinzón y Jacinto McDonald.

Pinzón, que llegó a Atalaya para ese mismo verano, fue la persona que invitó a Falconett a Mariato. “Eran compañeros de la universidad”, explica Marcos Mendizábal.

Tanto Pinzón como McDonald le contaron a las autoridades que estaban junto con Falconett cerca del río Negro “cazando iguanas” con escopetas, cuando escucharon la voz de la joven que había llegado al lugar. La pareja de novios decidió recorrer el río hasta llegar a playa La Reina, mientras que ellos regresaban a casa.

Mendizábal y Falconett nunca volvieron. Los comenzaron a buscar al día siguiente, relataron los indagados. Familiares, amigos y autoridades iniciaron una agónica búsqueda hasta encontrar a Bettzy Marlene entre el mangle, lugar que habían revisado antes. Carlos Mendizábal, padre de Bettzy Marlene, acusó formalmente a los jóvenes que habían estado con la pareja.

Para la familia de Bettzy Marlene, el caso habría sido un homicidio. Sobre todo, por las versiones de quienes la encontraron en medio del manglar, que declararon haber visto “dos hoyos del tamaño de una lenteja” cerca del pecho del cadáver. Señalaron que un militar de la Guardia Nacional –pariente de uno de los acusados-, los habría amenazado para que no voltearan el cuerpo.

Estas versiones fueron negadas por los acusados y otros testigos. Casi dos meses después de enterrada, las autoridades exhumaron el cuerpo sepultado en el cementerio de Atalaya. La familia, que había solicitado un procedimiento para esclarecer la causa de muerte, no estuvo presente. “Las familias de Falconett y Mendizábal no fueron informadas”, señaló la Comisión de la Verdad.

El 21 de diciembre de 1976 –cuando Omar Torrijos estaba al frente del Estado tras el golpe de 1968-, el Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial decretó un sobreseimiento provisional.

En 1977, el caso fue reabierto a petición del padre de la estudiante. Pero el expediente estuvo engavetado hasta noviembre de 1984.

En 1986, las autoridades decretaron un sobreseimiento provisional a favor de los acusados. Con la caída del régimen militar en la Navidad de 1989, entonces encabezado por Manuel Antonio Noriega, comenzó una tercera investigación. Fue en 1991, cuando el país se recuperaba de la invasión militar estadounidense y se restablecía la democracia.

En junio de 1992, antropólogos argentinos exhumaron los restos de Mendizábal, sin que lograran encontrar la causa de muerte. A partir de ese momento, la familia no admitió que los restos fueran de Bettzy Marlene. Para finales de 1995, cuando ya gobernaba Ernesto Pérez Balladares, del Partido Revolucionario Democrático (PRD), el Tribunal Superior del Segundo Distrito Judicial decretó otro sobreseimiento provisional, el cual fue apelado por el abogado de la familia. El proceso se extendió hasta febrero de 1997, cuando absuelven a los procesados.

Desde entonces, las familias de Falconett y Mendizábal emprendieron una cruzada, junto con otras familias aglutinadas en el Comité de Familiares de Asesinados y Desaparecidos de la Dictadura Militar en Panamá, Héctor Gallego (Cofadepa-HG). En 2002, y tras las conclusiones de la Comisión de la Verdad, las autoridades practicaron pruebas de ADN a unos restos que se suponían eran de Bettzy Marlene Mendizábal. Los resultados dieron negativo.

En 2012, luego de que el gobierno de Ricardo Martinelli aprobara fondos para avanzar con la tarea que encomendó la Comisión de la Verdad, se enviaron muestras de las supuestas osamentas de Bettzy Marlene a Argentina. Pero la familia no recibió los resultados esperados. “A ella la estrangulan”, dice ahora su hermano Marcos Mendizábal.

LA TEORÍA DE PACHAR

La identificación de Bettzy Marlene tomó varios meses, explica el patólogo forense José Vicente Pachar. Empezó en 2016 y los resultados concluyentes se conocieron este año.

Al caso lo clasificaron como víctima de la dictadura, dijo, porque tenían indicios de que se trataba de la joven estudiante: la osamenta está completa y dentro de la caja aún se conserva un anillo, la cuerda con que sacaron del mangle el cuerpo en el verano del año 1976, un collar de cuentas y su largo cabello castaño oscuro.

De acuerdo con Pachar, en medicina forense se asume una causa de muerte como “probable” cuando no se determina con las pruebas científicas, y en este caso la joven “probablemente se ahogó”.

Pachar recorrió el sector de la playa y desembocadura del río Negro, y conversó con los pobladores de la región de Mariato. Escribió el libro Recuerdos de muertos y memorias contados por un patólogo forense, en el que hace un análisis del caso. Detalló que antes de que enterraran a la muchacha los vecinos del lugar la identificaron por la ropa y algunos rasgos. “Al sitio llegó el perito del Ministerio Público, levantó la tela y dijo ante los presentes: ‘Esta muchacha se ahogó”, relata Pachar en el libro.

Sobre la decisión del médico que llegó al lugar y justificó que no se le podía practicar una autopsia por el avanzado estado de descomposición, por lo cual le impedía determinar la causa de su muerte, Pachar sostiene que en esa época “era práctica común no examinar los cuerpos putrefactos, solamente hacían un ‘reconocimiento visual externo’; inclusive, al terminar la visualización del cadáver se completaban los certificados de defunción con la siguiente causa de muerte: ‘cuerpo en estado de putrefacción”.

También destacó que hubo una cadena de errores y deficiencias en los funcionarios, así como “contaminación política” durante todos estos años. Sobre todo, porque en la necropsia practicada antes de su entierro, se anotó que era un “cadáver sexo femenino, 18 años de edad y 170 centímetros de estatura”. Posteriormente, en la exhumación –dos meses después- el examinador no determinó la edad ni la estatura. Pero certificó que tras un examen de apertura de cráneo “no se encontraron lesiones traumáticas ni se estableció una causa de muerte”.

En 1992, forenses argentinos exhumaron los restos. El informe destacó que la edad promedio era de 20 años y con una estatura de 162.32 centímetros. A partir de entonces, la familia Mendizábal se negó a aceptar que era Bettzy Marlene.

“Lo curioso fue que los expertos exhumaron no una, sino dos osamentas”, señaló Pachar. Y es que los huesos de la joven fueron depositados en la misma bóveda de su bisabuela.

Recordó Pachar que en 2002 un laboratorio de Estados Unidos practicó pruebas de ADN e informó que no se trataba de la estudiante. Afianzó así la posición de la familia de negar los restos investigados durante los últimos 15 años.

Pachar califica como un “éxito” que el equipo del Imelcf –que ya cuenta con los instrumentos especializados requeridos- haya logrado esclarecer este caso 41 años después. Sin embargo, lo que define como un “elemento extraño”, tras toda esta investigación: El laboratorio estadounidense que afirmó que los restos conservados en Medicina Legal no correspondían a Bettzy Marlene, fue el mismo que negó que unos restos encontrados en un antiguo cuartel de Tocumen fuesen los del sacerdote Héctor Gallego –desaparecido desde 1971- “¿Coincidencia?”, se preguntó Pachar.

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