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SALUD PÚBLICA

Internado 30 días para dejar la adicción al licor

En el país funcionan 87 sedes de alcohólicos anónimos. El Minsa también cuenta con un centro para atender a los adictos a bebidas alcohólicas.

Un hombre detrás del escritorio toca una campana y todos se ponen de pie.

En la sala, 16 hombres y 4 mujeres forman un círculo y se ven las caras unos a otros.

“Dios, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. Valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”, repiten todos en voz alta.

Así comienza una sesión en la sede de Alcohólicos Anónimos (AA), ubicada en la planta baja del edificio 742, en Ancón.

Un tablero verde colgado en la pared tiene escrito con tiza blanca la fecha en que cada cada uno de los integrantes de este grupo bebió licor por última vez.

El 16 de mayo de 1983 Rafael tomó su último trago de alcohol. “Todos los que estamos aquí tocamos fondo. Unos se arruinaron económicamente. Otros atropellaron a alguien manejando o terminamos en el hospital por una golpiza”, cuenta este hombre que lleva 30 años sobrio y acude a esta sede de AA desde su fundación hace 25 años.

A su izquierda está Tommy, un adulto mayor de cabello entrecano que cuenta a sus compañeros cómo le ha cambiado el carácter desde que dejó de beber alcohol.

“He visto cómo mis defectos son cada vez más pequeños. Antes peleaba a cada rato con mi mujer. Estaba lleno de ira y explotaba. Ahora me cuesta recordar la última vez que tuve un conflicto con ella”, recuerda, con una taza de café negro en la mano.

En total, en el país funcionan 87 sedes de AA, en las que de lunes a viernes cientos de hombres y mujeres se reúnen para compartir sus experiencias.

Esta organización sobrevive gracias a las donaciones de sus miembros, quienes a mitad de sesión hacen un pequeño alto en medio de sus confesiones para recolectar fondos entre los presentes.

En la sesión, Rafael cuenta que un alcohólico deja de ser bebedor social cuando pierde el control y no puede abandonar el licor. A esto, Isabel, otra alcohólica en recuperación, le cuenta a sus compañeros de lucha que ahora es más espiritual.

“Con la enfermedad boté a la gente de mi lado. Por eso, más que pedir perdón, la verdadera solución a este problema es encontrar tu parte espiritual. Así puedes perder tus miedos y controlas las emociones”, reflexiona durante la reunión.

Internarse

Aparte de las diferentes sedes de AA, el Ministerio de Salud (Minsa) también cuenta con un programa de desintoxicación para personas alcohólicas.

Esta iniciativa funciona en el Centro de Estudios y Tratamientos en Adicciones del Instituto de Salud Mental de Panamá.

Cada año, unas 100 personas se internan durante 30 días para recibir ayuda psiquiátrica, médica y espiritual en su lucha para controlar su adicción al licor.

“El programa tiene un costo de $3 mil, pero el Minsa subsidia $2 mil 600. Los pacientes o sus familiares terminan pagando $400. Esto incluye cama, atención médica y comidas”, explica Juana Herrera, coordinadora del programa.

Para las personas que no desean internarse funciona otra propuesta que les permite a los afectados salir de episodios de delirio o psicosis.

“Las personas pasan de tres a siete días aquí recibiendo tratamiento mientras se recuperan. Pasado ese tiempo reciben el alta médica”, agrega Herrera, indicando que el Instituto de Salud Mental recibe a estos pacientes 24 horas al día.

“Los familiares los traen en la noche y en la madrugada, porque los llaman para avisarles que sus seres queridos están tirados en la calle”, apunta esta especialista a quien le causa alarma el incremento de consumo de alcohol en la población.

Solo durante 2012, según cifras de la Contraloría General de la República, en el país se produjeron 247 millones de litros de cerveza.

Esto representa un crecimiento de 22% (34 millones de litros) en los últimos cuatro años.

Ayuda a familiares

Las personas que viven junto con una persona alcohólica también necesitan aprender técnicas para lidiar con ellas. Las asociaciones Alateen y A-Anon trabajan con los familiares de las personas adictas al licor.

En el país funcionan dos sedes de estas organizaciones, una en el edificio 758 de Balboa y otra en Boquete, provincia de Chiriquí.

Una de las organizadoras de estas reuniones es Jenny.

“El alcoholismo es un problema que afecta a toda la familia y no solo al enfermo. La pareja, los hijos y los padres sufren también. Por eso es bueno intercambiar experiencias y así saber cómo tratar estos casos”, explica.

A estas reuniones, que se realizan todos los sábados a las 3:30 p.m., pueden acudir personas mayores de 13 años de edad. “Con ciertas actitudes, muchas veces los mismos familiares del alcohólico influyen en la enfermedad. Los reproches y hacernos las víctimas no van a solucionar el problema”, dice Jenny. Otra de estas actitudes negativas es solucionarle los problemas originados por el consumo de licor a la persona que es adicta. “Con esto no estamos contribuyendo, porque no toma conciencia de lo que está haciendo”, manifiesta.

*El apellido de algunos de los entrevistados fue omitido para mantener su anonimato.

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