Tarea pendiente. Memoria histórica.

Laberintos del recuerdo

La memoria histórica, su alcance, su existencia vuelve a cuestionarse en Panamá con el 50 aniversario de la gesta del 9 de enero de 1964.
Conmemoraciones como el cincuentenario del 9 de enero conducen a reflexionar sobre el conocimiento de la historia, sobre todo, las nuevas generaciones. EFE/Alejandro Bolívar. Conmemoraciones como el cincuentenario del 9 de enero conducen a reflexionar sobre el conocimiento de la historia, sobre todo, las nuevas generaciones. EFE/Alejandro Bolívar.
Conmemoraciones como el cincuentenario del 9 de enero conducen a reflexionar sobre el conocimiento de la historia, sobre todo, las nuevas generaciones. EFE/Alejandro Bolívar.

El preludio de la soberanía panameña empezó a tejerse con un gesto heroico hace ya medio siglo. “El mismo 9 de enero de 1964 los americanos perdieron el Canal sin darse cuenta”, expresó Ana Elena Porras, historiadora y docente universitaria, quien se ha propuesto recuperar la memoria histórica de esta y otras fechas nacionales.

Porras dirige el Movimiento por el Rescate de la Identidad y la Memoria Histórica, que nació el 15 de noviembre de 2012, y al cual pertenecen unas 500 personas de todo el país, calcula.

Este año, el movimiento decidió concentrar sus esfuerzos en recuperar la memoria del 9 de enero, más por lo que significa que por su aniversario, según Porras, que junto a los profesores Ricardo Ríos Torres y Eduardo Flores, se ha mantenido por más tiempo al frente del movimiento.

Su motivación nació cuando observaron una serie de políticas públicas como el cambio del pénsum en las escuelas oficiales y particulares. Con la reforma se eliminaba la asignatura de historia de las relaciones de Panamá con Estados Unidos, se reducían las horas de la enseñanza de historia y se eliminaron de las lecturas sugeridas por el Ministerio de Educación todos aquellos autores “clásicos de la nacionalidad (Justo Arosemena o Ricardo Miró)”, recuerda.

“El sitio de la memoria histórica para el panameño es casi nula”, afirma el sociólogo Bolívar Franco. “No le da el valor y la importancia que se merece. Solo ver los archivos nacionales y los museos, y el manejo que se les da, es prueba de ello”.

Franco considera que la memoria histórica del panameño, en general, es muy corta, y que existen personas que no saben nada de la dictadura militar, de la invasión estadounidense de 1989 y mucho menos de los sucesos del 9 de enero de 1964.

El día de los mártires tiene el valor de haber dejado la lección de lo que se puede lograr con la unión de todos los sectores sociales, cuenta Porras. No obstante, hay otras fechas como el 20 de diciembre que producen reacciones divididas, opinó.

Franco considera que el retraso en escribir los capítulos de la historia reciente de Panamá se debe a que no se les ha dado valor a los escritos que analizaron la invasión, desde casi el momento mismo en que sucedió.

“Los escritos de Ricaurte Soler, Marco Gandásegui, Hernando Franco Muñoz, Giancarlos Soler Torrijos y Olmedo Beluche brindan un panorama esclarecedor, pero se dieron en plena ocupación militar extranjera y son documentos que hacen críticas fuertes al sistema y a la clase dominante”, anota.

“Este es un tema que tendremos que repensar”, comenta Porras sobre la posición del movimiento que dirige, y asegura que en él “hay civilistas y norieguistas. Algunos ya se sientan a la misma mesa, otros no, pero con el tiempo, lo que tratamos es de respetar la posición de cada uno”, y agrega que “tenemos que asumir como propio todo eso, porque es parte de nuestro ADN [nacional]”.

 La política de la memoria

“La única forma de hacer que una memoria histórica sea democrática es que los eventos que todo el mundo cree que son importantes se registren, lo que es poco probable”, afirma el historiador Rolando de la Guardia. Y es que, aunque la historia sienta las bases de la memoria histórica, esta última se refiere a lo que recuerdan quienes vivieron los hechos, o lo que se escribe o relata para que lo recuerden las futuras generaciones que no lo vivieron.

De la Guardia cita a Ernest Renan, quien en ¿Qué es una nación? plantea que, para que una nación exista, muchas cosas deben ser recordadas y otras olvidadas. “El problema es quién define qué se recuerda y qué no”, comenta. La memoria es, se sabe, el principal fundamento de la identidad, tanto individual como colectiva. Por eso Umberto Eco dijo: “Perder la memoria equivale a perder la identidad”.

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