SALUD PÚBLICA

Lepra y tuberculosis, aún activas

En Panamá, por año, se reportan entre dos y tres casos de lepra, mientras que de tuberculosis, las cifras están en aumento, según datos del Minsa.

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Lepra y tuberculosis, aún activas Lepra y tuberculosis, aún activas
Lepra y tuberculosis, aún activas

La enfermedad de Hansen (lepra) es tan antigua como la humanidad. Hay relatos bíblicos de hombres y mujeres que durante esa época eran aislados en cuevas por presentar este mal.

Esta es una infección crónica transmitida por la bacteria Mycobacterium leprae, que afecta principalmente la piel, las terminales nerviosas y, en algunos casos, puede atacar el sistema visual y respiratorio.

Anualmente, en Panamá todavía se presentan entre dos y tres casos de lepra, según informes de la Dirección General de Salud del Ministerio de Salud (Minsa).

El documento detalla que hay dos tipos de lepra: paucibacilar (menos severa, la padecen personas con una resistencia alta) y multibacilar (más severa, la sufren personas con muy pocas defensas en su organismo).

De ambos tipos de lepra hay registros en el país. Por ejemplo, el año pasado y en 2015 se contabilizaron en total dos casos de cada uno (ver infografía).

"La pobreza y el acceso a la sanidad básica son factores que influyen en la presencia de la lepra y tuberculosis en el país”.

Guillermo Kennion Médico especialista en infectología

Se trata de un padecimiento que, en 1907, llevó a las autoridades de Salud a establecer el Hospital Nacional de Larga Estancia o Palo Seco, ubicado de camino al corregimiento de Veracruz, el cual era un asilo para personas con lepra. Sin embargo, en 2011, la situación cambió y los últimos pacientes de esas instalaciones fueron trasladados al Hospital Santo Tomás.

Actualmente, estos enfermos no son marginados, toda vez que las personas diagnosticadas están en su hogar bajo tratamiento.

TUBERCULOSIS

Otra enfermedad de libre circulación y activa en Panamá es la tuberculosis, una patología milenaria que tiene sus orígenes en África, y que ha cobrado terreno en el país.

La bacteria que la transmite es conocida científicamente como Mycobacterium tuberculosis. Esta se transmite de persona a persona a través del aire. Cuando un enfermo tose, estornuda o escupe, expulsa bacilos tuberculosos al aire. Basta con que una persona inhale unos pocos bacilos para quedar infectada.

La tuberculosis se clasifica en dos grandes grupos: la tuberculosis pulmonar, que es la más común y la más infecciosa; y la tuberculosis extrapulmonar, es decir, que puede surgir de cualquier otro órgano afectado que no sea el pulmón, como la tuberculosis renal, tuberculosis intestinal o la tuberculosis ósea, por mencionar algunas.

Los últimos informes del Minsa evidencian que las cifras de este padecimiento han aumentado.

Durante el año 2016 en el país se detectaron mil 678 casos, sin embargo, en lo que va de este 2017, se han reportado mil 700 personas infectadas.

CAUSAS

Los especialistas en el tema plantean que la presencia de estas dos enfermedades en el territorio nacional es “injustificable” y se requiere que las autoridades trabajen más en beneficio de la comunidad.

Guillermo Kennion, infectólogo de la Caja de Seguro Social, apuntó que elementos como la pobreza y el acceso a la sanidad básica juegan un papel importante frente al escenario que se está planteando.

Desde su punto de vista, todas estas situaciones exponen a la población, principalmente a la que vive en situación de pobreza y pobreza extrema, a sufrir no solo en el aspecto de salud, sino también a limitar su condición de vida en otros sentidos, como el acceso a la educación, trabajo o mejores oportunidades de desarrollo.

Para el cierre del año pasado, en Panamá se contabilizó que 1.2 millones de personas viven en condición de pobreza y pobreza extrema.

Así lo refleja un informe denominado Encuesta de Mercado Laboral del Ministerio de Economía y Finanzas, en el que se precisa que las áreas comarcales son las que tienen la mayor población afectada.

Otros de los factores mencionados por Kennion, como génesis del problema, es el hecho de que Panamá es un país de tránsito y que durante los últimos años se ha visto un incremento del movimiento migratorio, con pocos controles por parte de las autoridades.

Datos de la Autoridad de Turismo de Panamá señalan que entre enero y octubre de 2016, el país recibió 2 millones de visitantes, principalmente de países como Estados Unidos, Venezuela y Colombia.

Además, el Servicio Nacional de Migración reportó, entre 2015 y 2016, el ingreso al país de manera ilegal de más de 3 mil personas.

El infectólogo también hizo hincapié en la “poca capacidad” de gestión del Minsa para atender el tema. “Ellos no están cumpliendo con su trabajo como deberían y esa es una grave deficiencia”, expresó.

Además, aseguró que si bien se cuenta con un programa para atender la tuberculosis, no existe ninguno para los casos de lepra.

Un estudio realizado por el Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud, titulado Agentes causales de tuberculosis humana en Panamá, publicado en 2015, señala que “la tuberculosis se ha convertido en un problema de salud pública importante en Panamá, con casos en las áreas comarcales y áreas marginales”.

El documento coincide con los planteamientos de Kennion, de que la condición de pobreza es una de las principales causas de esta enfermedad, sumado al retraso en el diagnóstico, que favorece la aparición de las complicaciones de quienes sufren la enfermedad.

Por su parte, Amador Goodridge, investigador del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat), explicó que la tuberculosis se mantiene presente por distintas condiciones asociadas a la enfermedad.

Citó como ejemplo los grupos de alto riesgo, entre ellos, las personas que padecen cáncer, diabetes, desnutrición o malnutridos, inmunosuprimidos, infectados con virus de inmunodeficiencia humana (VIH), personal de salud, privados de libertad, custodios de las cárceles, migrantes y aquellas que viven en hacinamiento.

Sin embargo, estimó que el aumento de estos casos se debe a que se ha incorporado una metodología de diagnóstico más novedosa, que permite conocer la presencia de la enfermedad con mayor precisión con pruebas de ADN, y cuyos resultados se obtienen en un término de 48 horas.

‘ESTAMOS EN ALERTA’

Ante este escenario de salud pública, Edwin Aizpurúa, jefe del Programa Nacional de Control de la Tuberculosis y Lepra del Minsa, señaló que son conscientes de la realidad que se vive en el país. Por ello se mantienen en constante supervisión y evaluación de ambas enfermedades.

En el caso de la lepra, señaló que es una “situación controlada” y que se cuenta con el tratamiento efectivo para combatirla.

Las personas que son detectadas reciben su tratamiento de forma gratuita, y este consiste en una serie de pastillas, según su gravedad. El tratamiento puede durar entre seis meses y un año.

Sobre la tuberculosis, expresó que sí existe una “inquietud” por el aumento de casos. No obstante, manifestó que “hemos reforzado el diagnóstico oportuno para iniciar tratamiento y cortar la cadena de transmisión”.

Respecto al tratamiento que reciben estos pacientes, mencionó que también es gratuito y consiste en suministrarle cuatro medicamentos por seis meses, mientras que en los casos en que existe “tuberculosis multidrogorresistente”, el tiempo de tratamiento se extiende de 18 hasta 24 meses.

Aizpurúa hizo un llamado a la población para que una vez iniciado el tratamiento, cumpla el tiempo fijado por el especialista, ya que al segundo o tercer mes pueden abandonarlo por sentirse bien, y esto provoca recaídas o resistencias a otros medicamentos que hacen más difícil su cura.

MIRADA MUNDIAL

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el control de la lepra ha mejorado mucho, gracias a la detección de los casos y a las campañas de concienciación llevadas a cabo en varias naciones donde la enfermedad es endémica.

Incluso, el organismo internacional, en su afán de lograr un mundo sin lepra, presentó el año pasado una estrategia global, cuyo objetivo es reforzar las medidas de control de la enfermedad y evitar las discapacidades, sobre todo entre los niños afectados.

Datos oficiales recibidos de 138 países de todas las regiones de la OMS, revelan que ha habido una disminución paulatina de los casos.

Por ejemplo, el número de nuevos afectados notificados en el mundo en 2015 fue de 211 mil 973 (0.21 casos por cada 100 mil personas), frente a los 213 mil 899 de 2014 y los 215 mil 656 de 2013.

La eliminación de la lepra, como un problema mundial de salud pública, se logró en el año 2000.

Desde la introducción de la poliquimioterapia, en los tres últimos decenios más de 16 millones de pacientes han sido diagnosticados y han recibido tratamiento.

EL FIN ES ELIMINARLA

Por su parte, la tuberculosis fue incluida en 2015 por Naciones Unidas como uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030. El objetivo es poner fin a la epidemia mundial de tuberculosis.

Estadísticas de la OMS precisan que en el mundo, durante 2015, 10.4 millones de personas enfermaron de tuberculosis y otras 1.8 millones murieron por esta patología.

Además, se destaca que es una de las causas principales de defunción en las personas VIH-positivas: en 2015, el 35% de las muertes asociadas al VIH se debieron a este padecimiento.

El organismo internacional de salud estima que entre 2000 y 2015 se salvaron 49 millones de vidas, gracias a la dispensación de servicios de diagnóstico y tratamiento contra la tuberculosis.

La ambiciosa meta de la OMS es poner fin a la tuberculosis, con una reducción del 90% de las muertes y un descenso del 80% en su tasa de incidencia para el año 2030, en comparación con 2015.

Además, propone herramientas, como la reducción de la pobreza, la equidad, la cobertura sanitaria, programas de prevención, diagnósticos oportunos, un eficaz tratamiento médico y la cooperación internacional, para la desaparición de la enfermedad.

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