Mal menguante

Las poblaciones indígenas, como la de Guna Yala, están más expuestas a la malaria, ya que esa enfermedad tiende a ser endémica en esas regiones apartadas. LA PRENSA/Archivo. Las poblaciones indígenas, como la de Guna Yala, están más expuestas a la malaria, ya que esa enfermedad tiende a ser endémica en esas regiones apartadas. LA PRENSA/Archivo.
Las poblaciones indígenas, como la de Guna Yala, están más expuestas a la malaria, ya que esa enfermedad tiende a ser endémica en esas regiones apartadas. LA PRENSA/Archivo.

En 2004, las autoridades de Salud reportaron 5 mil 95 personas infectadas con malaria en el país. Era la cifra más alta en años, y demostraba un evidente retroceso en los intentos por controlar en Panamá, ese mal de las zonas tropicales, que en el pasado ya había asediado al país y que en algún momento se había creído cerca de su eliminación total.

La malaria es una enfermedad causada por un microorganismo parásito llamado plasmodium, que es transmitido por el mosquito Anopheles.

Se le considera una de las principales enfermedades debilitantes y produce una variedad de síntomas como fiebre, dolores corporales, vómitos, shock y coma. En algunos casos puede llegar a ser mortal.

La malaria estuvo presente durante la construcción del Canal de Panamá y los estadounidenses se esforzaron en combatirla a lo largo de la ruta interoceánica y en los puertos terminales de Panamá y Colón. Sin embargo, la enfermedad se encontraba en todo el país.

Fue el 24 de agosto de 1956 cuando se creó el Servicio Nacional de Erradicación de la Malaria (SNEM), adscrito entonces al Departamento General de Salud Pública, del Ministerio de Trabajo, Previsión Social y Salud Pública.

En ese entonces, se impuso la tarea de librar completamente a Panamá de malaria.

A través de un convenio con la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS), las autoridades desarrollaron una estrategia de ataque para exterminar a los vectores, aplicando insecticidas como el DDT y otras sustancias químicas. La alta toxicidad de estas sustancias llevaron a la interrupción y revisión del programa, que no había logrado en cambio cumplir con lo esperado. Pese a que se logró bajar drásticamente la presencia del mosquito, en algunos puntos del país, sobre todo los alejados y poco accesibles, se mantuvo la presencia.

Las estrategias se reestructuraron y luego, tras la creación del Ministerio de Salud en 1969, se consolidó el SNEM.

Entre 1970 y 1990 se pensó que se había logrado controlar la enfermedad en el país. Sin embargo, en 1998 los reportes sobre casos de malaria empezaron a sumar afectados. Fue, según los expertos, un primer indicio de la “reemergencia” del mal.

Las alarmas de 2004 parecen haber surtido efecto: en 2005 la cifra de afectados bajó a 3 mil 667 casos; y aún más en 2006, cuando solo se contaron mil 663.

En octubre de 2008, el reporte de casos seguía bajando: solo 602 en lo que iba de ese año. Pero al mismo tiempo se confirmaba que el mal era endémico en ciertas áreas del país, como la provincia de Darién.

Así, por ejemplo, un grupo de efectivos del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) presentó síntomas consistentes con malaria en diciembre de 2009, cuando patrullaban un área fronteriza en Guna Yala.

Ese mismo año se reportaron 17 casos de malaria, en otra región fronteriza: en Chiriquí, en la vecindad con Costa Rica.

Eso llevó a las autoridades de Salud a reforzar los controles, sobre todo en las zonas frecuentadas por indígenas, una de las poblaciones más vulnerables a esta enfermedad.

A mediados de 2011, especialistas del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud señalaban que Panamá se encontraba en una fase de preeliminación de la malaria y que en 2013 se entraría en la fase de eliminación.

Cambios en el abordaje y el tratamiento de la enfermedad, según los científicos y las autoridades de Salud, incidieron en la drástica disminución de los casos.

Según las investigaciones, habría sido la resistencia desarrollada por el parásito a ciertos medicamentos la que habría propiciado el rebrote de 2004.

Un informe del Ministerio de Salud (Minsa) de diciembre de 2011 confirmaba la tendencia descendente: un total de 322 casos de malaria reportados ese año, frente a 398 casos en 2010.

Sin embargo, de ese total, hubo un repunte en la provincia de Darién, donde en 2010 se habían registrado 116 casos y la cifra había subido un año después a 158.

A mediados de 2012, los casos de malaria habían aumentado una vez más: 482 con mayor prevalencia en las provincias fronterizas de Darién y Bocas del Toro, así como en la comarca Guna Yala.

En Darién los casos sumaban 189, mientras que en Bocas del Toro se habían reportado 22, y 31 en la comarca Guna Yala, según el Minsa.

La zona fronteriza de Chiriquí parecía ser la única que mantenía de forma consistente la disminución: hasta ese momento del año se había reportado un solo caso.

Entre tanto, la evaluación internacional seguía siendo optimista, para la región y por supuesto, para Panamá. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de inicios de 2013, el continente americano sí estaba ganando la batalla contra esta enfermedad y señalaban que los casos habían disminuido en 60%, mientras que la mortalidad lo había hecho en 70%.

De Panamá, se confirmaba que era “una de las 13 naciones del continente que lograron disminuir notablemente los casos de malaria”. Sin embargo, no se la incluía entre los países en fase de preeliminación (México, El Salvador, Costa Rica, Ecuador, Paraguay y Argentina).

Microondas y vacunas

En 2008, Carmenza Spadafora, del Instituto de Investigaciones Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología (Indicasat), y José A. Stoute, de Penn State University (EU), empezaron un estudio sobre el uso de frecuencias de microondas para tratar la malaria sin afectar los glóbulos rojos.

El control de vectores y el uso de drogas han sido claves para tratar la malaria, pero cada vez hay más resistencia a los fármacos, lo que los hace menos eficaces.

Los científicos panameños proponían usar microondas para calentar las células infectadas y matar los parásitos de la malaria. En 2010, la Fundación Bill y Melinda Gates les aportó 100 mil dólares para desarrollar el estudio.

Un año más tarde les concedieron un millón de dólares para extenderlo por dos años más. Entre tanto, el año pasado se anunció que un equipo científico internacional, liderado por el español Pedro Alonso, había logrado una vacuna efectiva contra la malaria.

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