MANIFESTACIÓN

Marcha por la familia

Miles de personas salieron a la calle vestidas de blanco para exigir a la Corte Suprema de Justicia que la familia sea entre un hombre y una mujer.

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La marcha arrancó ayer desde la iglesia del Carmen a las 3:00 p.m. y culminó 3 horas después en la plaza 5 de Mayo. La marcha arrancó ayer desde la iglesia del Carmen a las 3:00 p.m. y culminó 3 horas después en la plaza 5 de Mayo.

La marcha arrancó ayer desde la iglesia del Carmen a las 3:00 p.m. y culminó 3 horas después en la plaza 5 de Mayo.

Los marchantes cantaban, bailaban y pedían a la Corte que fallara en contra del matrimonio igualitario. Los marchantes cantaban, bailaban y pedían a la Corte que fallara en contra del matrimonio igualitario.

Los marchantes cantaban, bailaban y pedían a la Corte que fallara en contra del matrimonio igualitario.

Los participantes sostenían que la familia fue una creación divina y que esta solo es entre un hombre y una mujer. Los participantes sostenían que la familia fue una creación divina y que esta solo es entre un hombre y una mujer.

Los participantes sostenían que la familia fue una creación divina y que esta solo es entre un hombre y una mujer.

La concentración mostró cómo los diferentes grupos religiosos se han puesto de acuerdo contra el matrimonio igualitario. La concentración mostró cómo los diferentes grupos religiosos se han puesto de acuerdo contra el matrimonio igualitario.

La concentración mostró cómo los diferentes grupos religiosos se han puesto de acuerdo contra el matrimonio igualitario.

Arriba de un camión viajaron varios músicos que solamente pararon de tocar al llegar a la plaza 5 de Mayo. Arriba de un camión viajaron varios músicos que solamente pararon de tocar al llegar a la plaza 5 de Mayo.

Arriba de un camión viajaron varios músicos que solamente pararon de tocar al llegar a la plaza 5 de Mayo.

Mientras algunos preferían repartir volantes o cantar, otros llevaron a la marcha símbolos de su fe. Mientras algunos preferían repartir volantes o cantar, otros llevaron a la marcha símbolos de su fe.

Mientras algunos preferían repartir volantes o cantar, otros llevaron a la marcha símbolos de su fe.

Bailaban eufóricos. Una mujer cantaba con poca afinación un merengue desde un camión, acompañada de unos 15 músicos. “Se tienen que ir. Fuera”, gritaba una y otra vez. Y los demás cantaban y bailaban eufóricos. Adelante del camión iba una mujer en sus 40 años. Saltaba y gesticulaba como ningún otro. De su mano llevaba un niño de unos seis años que intentaba seguirle el ritmo sin éxito. Miraba a su alrededor algo desorientado.

Estaba en la marcha de la familia. Un evento convocado por las iglesias para defender la familia tradicional y pedirle a la Corte Suprema de Justicia que falle en contra de la demanda que intenta establecer derechos igualitarios en el país.

Eran miles. Más de 10 mil seguro. Caminaron vestidos de blanco desde la iglesia del Carmen hasta la plaza 5 de Mayo. Exigían que se acepte a Jesús como el Salvador, que Panamá sea para Cristo, y, sobre todo, que se respete a la familia tradicional: hombre y mujer.

El mar de gente caminaba unido por una misma causa. Se sentían como hermanos. Como una familia, incluso. No de las tradicionales, pues estaba compuesta de miles de hombres y miles de mujeres, pero una familia al fin. Lo dijo el pastor/alcalde de San Miguelito, Gerald Cumberbatch. “Por supuesto que hay aquí una familia”. Después corrigió: “pero no lo es. La familia somos mi esposa y yo. Los demás somos conocidos”, expresó mientras al fondo sonaba Patria, de Rubén Blades.

Cumberbatch estaba casi al inicio de la manifestación. La caminó desde el principio. Es decir, que empezó a las 3:00 p.m. Había mucho tranque, así que es probable que el alcalde haya salido desde temprano para sortear el tráfico desde San Miguelito. Seguramente con un permiso para participar, pese a su horario de trabajo. “Marchamos a favor de la familia. No vamos en contra de ninguna ideología. Cada uno tiene derecho a pensar como uno quiera, pero no queremos que nos impongan ideología”, añadió.

Justo al comienzo de la manifestación, al frente de todos, iba una Toyota Prado gris con los vidrios abajo y aire acondicionado al máximo. Iba rodeada de escoltas fortachones con radio y auriculares. El evangélico Manuel Ruiz iba en el asiento del pasajero. Desde lejos lo miraban con ojos de admiración e incluso le tomaban fotos sin él saberlo.

Los más osados se acercaban y él los saludaba con una sonrisa. Dijo que la marcha servía para que “los gobernantes no se arrodillen ante ningún proyecto foráneo” y para que los que están en contra “se quejen con gusto”. También expresó que la manifestación daba pie para que “cumplamos con la Biblia” y para que “se cumpla con la ley”. Luego dijo, bendiciones y el carro se alejó para dar paso a todos los que iban detrás.

DE TODO UN POCO

La marcha fue un mosaico multicultural: negros, blancos, indígenas, ancianos, jóvenes, niños, altos, bajos, gordos, delgados, hombres y mujeres. También caminaron abogados, apóstoles, profesores de colegios públicos, presentadores de noticieros matutinos y hasta colegiales. Estos últimos llevaban a su vez una banda de música con bombos, tenores, cajas, liras, batutas y carteles que advertían que “sí al diseño original”.

Cual procesión interreligiosa, cada bloque representaba a una iglesia diferente. Casi todos cantaban. “La alegría no va a parar”, “gloria al poderoso pueblo de Israel”, “aunque satán no quiera”. Esa fue una de sus principales consignas, comparar a sus adversarios ideológicos con el rey de las tinieblas. “Aunque el diablo se levante, sigo tocando el arpa”, decía otra de las contagiosas melodías. Las aceras despejadas de Calidonia servían como punto fotográfico para los bloques que se paseaban por toda Calidonia.

Al final del recorrido, en la plaza 5 de Mayo, aguardaba una tarima. Allí hubo rezos y testimonios. Uno de ellos alertaba que en el colegio de su hija los habían obligado a darse masajes y que eso era abuso sexual. Por la tarima pasaron reverendos, sacerdotes y hasta apóstoles, como es el caso de Edwin Álvarez, de la iglesia Hosanna.

Aupó la marcha y dijo que su dios era uno de marchas, que el que marcha es porque tiene un propósito y un destino. Atrás de él, un séquito completo que incluía a un hombre con una placa de la Policía Nacional como collar. “No somos un conjunto de borregos. Somos un pueblo inteligente, educado y capacitado que quiere lo mejor para su nación y para sus hijos”, aseguró un eufórico Álvarez.

Su primo, José Alberto Álvarez, presidente del Colegio Nacional de Abogados y fundador de un movimiento que intenta convertirse en partido político con el apoyo de líderes evangélicos, también participó del evento. “Ha sido extraordinaria la capacidad de responder de los panameños en clamor de la defensa de la familia. Es un mensaje claro, conciso y sencillo para la Corte Suprema de Justicia para que una vez defina que el matrimonio es entre un hombre y una mujer”, aseguró.

¿No sería positivo este mismo clamor hacia la Corte por temas de mora judicial o por Odebrecht?

“Igual debemos pedir que se respeten los fondos públicos y que se juzguen a quienes hayan sido coimeados”, respondió rápidamente.

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