VIOLENCIA

Marshall, capo de la ciudad de Colón, busca salir de Punta Coco

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Marshall fue enviado a Punta Coco el pasado 15 de marzo. Marshall fue enviado a Punta Coco el pasado 15 de marzo.
Marshall fue enviado a Punta Coco el pasado 15 de marzo. Archivo

Eduardo Macea, alias Marshall –uno de los delincuentes más buscados del país–, quien fue capturado el 12 de marzo pasado, es vinculado por las autoridades policiales y judiciales con tráfico de drogas y una ola de crímenes que sacudió la provincia de Colón.

A Macea se le atribuye el control de rutas para el tráfico de cocaína hacia Europa a través de puertos de contenedores en Colón. La droga provenía de Colombia, país donde se ha incrementado la producción de coca en los últimos años.

Las autoridades también relacionan a Macea con los asesinatos de varios miembros de la banda de su principal rival en la disputa por las rutas para el narcotráfico: Jaime Powel, alias Yunya.

Las autoridades calculan que las disputas entre Marshall y Yunya habrían dejado unos 30 crímenes entre miembros de cada bando.

Marshall está confinado en Punta Coco. Sus abogados pidieron una audiencia hoy para que sea revisada su detención provisional.

Eduardo Macea, con camisa manga larga, ‘jeans’ y zapatos,  fue capturado junto a uno de sus compinches en los estacionamientos del edificio en Naos.  Expandir Imagen
Eduardo Macea, con camisa manga larga, ‘jeans’ y zapatos, fue capturado junto a uno de sus compinches en los estacionamientos del edificio en Naos. Archivo

Eduardo Macea: drogas, crímenes y captura

La ambición y traición entre Eduardo Macea, alias Marshall, y Jaime Powel, alias Yunya –señalados por las autoridades policiales como los principales narcotraficantes de la costa atlántica del país– desató una ola de crímenes y violencia jamás registrada en la provincia de Colón.

Marshall y Yunya comenzaron en el mundo del crimen organizado desde la adolescencia –en la década de los años 90–, bajo las órdenes de Juan Vicente Blanford, alias Juancín –hoy de paradero desconocido–, quien los reclutó para el trasiego de drogas a través de los puertos en Colón.

Rutas y puertos

Después de operar bajo la sombra de Juancín, alias Marshall se hizo de una ruta para el tráfico de cocaína. Su primer embarque, de cinco kilos de drogas, fue hacia Europa.

Lo mismo hizo Yunya a través de los puertos colonenses, aunque utilizando una fachada empresarial para mover sus cargamentos.

Las autoridades han identificado los puertos colonenses como rutas utilizadas para mover la cocaína que proviene de Colombia hacia Europa, donde las drogas suelen ser más costosas.

Cada uno, Marshall y Yunya, aprendió de Juancín y cada uno conformó sus “cuadrillas” con trabajadores portuarios para hacerse dueños de las rutas de la cocaína hacia países europeos.

Al pasar los años, los tres realizaban sus actividades ilícitas sin problemas, e incluso se “alquilaban” las rutas entre ellos, porque, como afirmaron las fuentes policiales consultadas para este trabajo, “en el mundo del narcotráfico nada es gratis”.

Cárcel y traición

En el año 2014 se desató la traición y la guerra entre Marshall y Yunya, después de que el primero fue detenido en una cárcel en Colón por pandillerismo y homicidio. Se le ligó con la pandilla No hay dolor.

Cuando Macea –también conocido como La M– estaba en la cárcel, varios de sus compinches se fueron al bando de Yunya. Esto desató la furia de Marshall, que prometió asesinar a quienes lo habían traicionado.

Cuatro años después, el 3 de julio de 2018, el Juzgado Tercero Penal de Colón sobreseyó a Marshall de los delitos de pandillerismo y homicidio. El Ministerio Público apeló la decisión, pero el caso no ha sido enviado aún al Segundo Tribunal.

Jaime Powel, alias Yunya, fue capturado en junio de 2018 en Dubái y deportado a Panamá por requerimiento del Ministerio Público. Expandir Imagen
Jaime Powel, alias Yunya, fue capturado en junio de 2018 en Dubái y deportado a Panamá por requerimiento del Ministerio Público. Archivo

Ola de violencia

Tras la presentación de recursos legales por parte de sus abogados, Marshall abandonó la cárcel y, según la tesis de las autoridades policiales, cumplió sus promesas de acabar con quienes lo habían traicionado. A su salida de prisión ocurrió una serie de asesinatos en varios sectores de Colón.

En 2018, la provincia de Colón reportó un total de 91 homicidios y una tasa de 26.2 homicidios por cada 100 mil habitantes, la más alta de todas las provincias.

Las autoridades no tenían pruebas de que Marshall estaba detrás de varios de esos crímenes. Solo sospechaban que eran homicidios entre bandas rivales por disputas relacionadas con el narcotráfico.

En diciembre, sin embargo, surgió una pista que llevó a los servicios de inteligencia policial a sospechar que Marshall estaba detrás de algunos de los asesinatos.

Entre ellos, el asesinato de Felipe Alarcón, alias Filin, el 21 de diciembre de 2018; y el de Aníbal Cortés, apodado Miami, ocurrido tres días después, el 24 del mismo mes.

Filin, quien fuera uno de los hombres más cercanos a Marshall, fue asesinado cuando viajaba en su carro hacia Portobelo. Le dispararon desde otro automóvil.

Por su lado, Miami, señalado como mano derecha de Yunya, fue ultimado cuando conducía su vehículo por la autopista Panamá-Colón a la altura del puente sobre el río Chagres.

Deportación

En junio del año pasado, Yunya fue capturado en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, y deportado a Panamá por solicitud de la Fiscalía contra la Delincuencia Organizada, que lo requería por la presunta comisión de los delitos de narcotráfico y asociación ilícita. La fiscalía lo vinculó con la pandilla HDM.

Hace unas semanas, el Juzgado Primero Penal de Colón dictó un sobreseimiento provisional a favor de Yunya. La fiscalía apeló la decisión y el proceso también está por resolverse en el Segundo Tribunal Superior.

Preparan captura

Con las pistas que tenían las autoridades sobre los movimientos de Marshall, montaron varios frentes para detenerlo. Crearon un grupo de inteligencia para estudiar todas las informaciones que manejaban. Las autoridades sospechaban que cada vez estaban más cerca de él.

Por varias semanas, allanaron sin éxito varios supuestos escondites del narcotraficante.

El comando élite a cargo de la captura planteó una estrategia de la vieja escuela policial: darle seguimiento a las personas más cercanas a Marshall, uno de los hombres más buscados de Panamá.

A las autoridades les llamó la atención una inusual entrada y salida de automóviles de un lujoso edificio ubicado en Naos, en la calzada de Amador, cuyos apartamentos están valorados en $500 mil.

El comando élite le dio seguimiento a una de las camionetas que ingresaba con regularidad en el edificio y que siempre se desplazaba a alta velocidad por la calzada de Amador, marca Acura.

La persecución para la captura de Marshall ocurrió en la calzada de Amador, en medio de un cruce de disparos entre los policías y los compinches de Eduardo Macea.  Expandir Imagen
La persecución para la captura de Marshall ocurrió en la calzada de Amador, en medio de un cruce de disparos entre los policías y los compinches de Eduardo Macea. Elysée Fernández

El día

El 12 de marzo pasado, los agentes encubiertos decidieron seguir el trayecto de la camioneta.

Justo en una de las curvas cercanas al Mercado del Marisco, en la avenida Balboa, el conductor de la camioneta bajó la velocidad y quedó puerta con puerta con un vehículo de la Policía.

La luz del día permitió a los agentes identificar, a través del papel ahumado, a Eduardo Macea.

En ese momento, la adrenalina se apoderó de los agentes, que pensaron en aprehenderlo, aunque el grupo élite estaba separado y una facción se encontraba en el Aeropuerto Internacional de Tocumen esperando a la mujer de Marshall, que llegaba al país.

En ese escenario, los policías decidieron seguir la camioneta, que tomó en dirección hacia la calzada de Amador, hacia el edificio donde se sospechaba que se escondía Marshall.

Cerca del restaurante Friday’s, los agentes chocaron la camioneta donde iban Macea y sus sicarios.

Un policía les dio el grito de alto, pero los compinches de Macea dispararon contra los uniformados.

Comenzó la persecución. Los policías chocaron varias veces al auto en fuga a lo largo de la calzada de Amador, por lo que el carro de la Policía quedó averiado y esto fue aprovechado por los compinches de Macea para intentar escapar hacia el edificio en Naos.

Sin embargo, uno de los policías detuvo a un ciudadano que circulaba por el lugar –apuntándole con su arma de fuego– y, tras identificarse como agente, le pidió que lo llevara hasta el edificio.

Al llegar a los estacionamientos del edificio en Naos, Marshall y varios de sus compinches se bajaban de la camioneta Acura y allí los capturaron.

En ese momento, un contingente de policías había llegado al lugar para reforzar el operativo.

Macea fue llevado ante un juez de garantías, quien legalizó su aprehensión y validó los cargos por narcotráfico y pandillerismo que previamente le imputó la Fiscalía contra la Delincuencia Organizada.

El 15 de marzo fue trasladado a la cárcel de máxima seguridad en isla Punta Coco, en el archipiélago de Las Perlas, donde están confinados los delincuentes a quienes las autoridades consideran los más peligrosos del país.

La defensa de Macea pidió una audiencia hoy en un tribunal de apelaciones para que se revise su detención.

Seguridad del edificio

Las autoridades descubrieron que la seguridad del edificio donde se escondía Marshall era operada por una agencia clandestina que contrataba a ciudadanos nicaragüenses, salvadoreños y venezolanos indocumentados, pese a que la ley prohíbe expresamente la contratación de extranjeros para este oficio.

Trascendió que todos los vigilantes del edificio portaban pistolas calibre nueve milímetros.

La administradora del edificio era la suegra de uno de los hombres capturados con Macea.

La agencia clandestina era dirigida por Carlos Boyd, que fue procesado por el homicidio del empresario canadiense Scott Jhon Barton, hecho ocurrido el 19 octubre de 1995.

De acuerdo con las sumarias que en aquel entonces instruyó el Ministerio Público, Barton fue asesinado presuntamente para robarle un reloj Rolex tipo Submariner, con un costo aproximado de 18 mil dólares, que posteriormente fue recuperado en una casa de empeños.

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