Mercado del agua embotellada se pinta de azul

Ante la inconsistencia del servicio público y la percepción de desmejora, la población tiende a aumentar el consumo de agua embotellada.

Cuando Raúl Montenegro decidió entrar al negocio del agua embotellada, en el mercado local apenas existían dos marcas extranjeras. Hoy, en cualquier estantería de supermercado, se exhiben al menos 24 marcas distintas.

“El mercado era mínimo”, recuerda Montenegro, 26 años después. “Fuimos los pioneros con Cristalina... Nos metimos en esto porque vislumbramos que eventualmente iba a existir un mercado”, añade.

El mercado del agua embotellada en Panamá es difícil de medir, porque la Contraloría de la República no lleva una estadística específica que diga cuántos litros de agua se embotellan en el país. Mal se puede calcular, entonces, el consumo per cápita.

Pero Montenegro afirma que el negocio ha crecido 20% de 2011 a 2012 y que las ventas totales en el país podrían ser de unos 20 millones de dólares.

Una idea aproximada del volumen de ventas se puede obtener de la producción de la empresa Cervecería Nacional (CN), que fabrica la marca Brisas. Según su vicepresidente de Asuntos Corporativos, Juan Antonio Fábrega, en 2011 se embotellaron 8.5 millones de litros y, de acuerdo con los entendidos, la CN es la segunda en el mercado después de Coca-Cola, que produce el agua de marca Dasani.

Este número puede ser hasta 20 veces la cantidad de agua que produce Santa Clara Bottling S.A., comenta su gerente, Emilio Ho. Santa Clara es una de las más pequeñas en el negocio y embotella el agua Aquapure.

¿Qué está favoreciendo este mercado?

Montenegro tiene varias hipótesis. Al principio era un producto que solo compraban los consumidores del estrato social más alto, pero conforme han pasado los años, “eso ha ido permeando hacia abajo”.

También está el factor publicitario: el agua embotellada se relaciona con una mejor salud, debido a los procesos de purificación y filtración a los que es sometida y, como dice Montenegro, “la gente está mucho más consciente de lo que ingiere”.

Un elemento que no puede desdeñarse es la percepción de que ha desmejorado la calidad del agua del acueducto.

Como admite Emilio Ho, gerente de Santa Clara Bottling S.A., “la ineficiencia de los gobiernos para resolver problemas de agua también ha ayudado”.

La crisis desatada por La Purísima –las lluvias de diciembre de 2010 que contaminaron el río que abastece la principal potabilizadora del país– no hizo sino aumentar esta percepción.

Moisés Attías, gerente de Aquaviva, recuerda que para ese diciembre tuvieron que entregar producto allí mismo, en su planta de Transístmica, cuando normalmente lo hacen a domicilio.

“Nuestra capacidad para purificar estuvo bien, pero nos quedamos con el envasado y la entrega”, detalla.

Luego de esta crisis, Aquaviva invirtió en más flota de entrega. “El mercado ha crecido, sin duda... De 8 carros [de entrega], ahora tenemos 13”.

Ho, por su parte, reconoce que para ese diciembre tuvieron un “superávit extraordinario” y pudieron “paliar el problema”, porque su fuente de agua está en Capira.

Las ventas también se vieron limitadas por el hecho de que buena parte de las compañías toman su materia prima del acueducto público.

Vasco Duke Hernández, director del Instituto Especializado de Análisis (IEA) de la Universidad de Panamá, lo afirma sin dudas: “El 70% del agua que se embotella en Panamá sale del acueducto”.

También es cierto que varias poseen pozos artesanales para procurarse el agua en caso de que falle el sistema público. Montenegro, de Cristalina, dice que durante dos o tres meses del año obtienen su agua de los pozos que tienen en Cerro Azul y Capira, porque la del acueducto sale tan turbia que dañaría sus equipos.

Pese a estas dificultades –o, más bien, debido a ellas–, el mercado se pinta de azul, y el director del IEA señala que todo es parte de una moda, porque el agua del acueducto “sigue siendo excelente”.

¿Qué significa para los consumidores el crecimiento de este mercado? Yakarta Ríos, de Consumo Ético, dice que hay que estar claros: “El agua embotellada es un negocio. Nuestro interés es que el agua del grifo se mantenga como agua potable, porque el acceso al agua es un derecho humano”.

Y en esto sí están claros los actores del mercado. Como dice Ho, “nunca podríamos sustituir el servicio público de agua” porque, sencillamente, la industria no está en capacidad de atender a 3.4 millones de habitantes.

De tamaños, envases y engaños

México es uno de los mayores consumidores de agua embotellada, con 26 mil millones de litros vendidos en 2010, lo que representa el 13% de las ventas mundiales.

Otro dato interesante: el 90% del costo del producto se debe a la botella, lo que significa que es más rentable –y ecológico– comprar agua embotellada en garrafón.

También es importante estar seguros de lo que se compra. En enero de 2012, la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia hizo una investigación sobre el contenido neto del agua embotellada y detectó que, de las 35 marcas analizadas, 4 no cumplían con el contenido anunciado en la etiqueta.

Por otra parte, se conoce que en Panamá el 75% de las aguas embotelladas está purificada, y la mayoría de los consumidores prefiere el agua sin sabor.

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