Elecciones

Minúsculo partido de Bolsonaro, segunda fuerza en Brasil

El Partido Social Liberal era poco conocido en la política brasileña, con pocos escaños y sin una ideología clara.

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Un hombre lee un periódico que da cuenta de los resultados de la primera ronda de las elecciones brasileñas del domingo. Un hombre lee un periódico que da cuenta de los resultados de la primera ronda de las elecciones brasileñas del domingo.
Un hombre lee un periódico que da cuenta de los resultados de la primera ronda de las elecciones brasileñas del domingo.

El Partido Social Liberal (PSL) del ultraderechista Jair Bolsonaro, favorito para ganar la segunda vuelta de las presidenciales en Brasil, pasó de ser una fuerza minúscula a convertirse contra todo pronóstico en la segunda mayor bancada en la Cámara de los Diputados y a entrar por primera vez en el Senado.

El vendaval Bolsonaro, que obtuvo el 46.03% de los votos en la primera vuelta del domingo, golpea a los partidos tradicionales y recompone las fuerzas en un Congreso de todos modos pulverizado, que se renueva mucho más que lo esperado.

El Partido Social Liberal (PSL), al que Bolsonaro se afilió en marzo, pasó de 8 a 52 diputados (de un total de 513), entre ellos su hijo, Eduardo Bolsonaro. E irrumpió con 4 escaños (de un total de 81) en el Senado, entre ellos el obtenido por otro de sus hijos, Flávio Bolsonaro.

Los resultados contrarían todas las apuestas de los analistas, que pronosticaban muy pocos cambios y una dificilísima gobernabilidad si Bolsonaro ganase la presidencia en el balotaje del 28 de octubre.

Con estos resultados, Bolsonaro tendría un escenario más propicio para impulsar sus proyectos en el Congreso, donde ya recibió el apoyo de la poderosa bancada del agronegocio y de líderes de iglesias evangélicas.

Muchos de los diputados y senadores investigados por la operación Lava Jato, que desde 2014 reveló un entramado de corrupción centrado en la estatal Petrobras, no han logrado renovar sus cargos. Solo fueron reelectos un 46% de los diputados, mucho menos que lo esperado.

El izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Fernando Haddad, contrincante de Bolsonaro en el balotaje, prosigue su erosión, aunque se mantiene como principal fuerza de la Cámara. En la elección de 2014 logró 69 escaños, las deserciones lo dejaron al final de la legislatura con 61 y ahora tiene 56.

En la cámara alta, perdió 7 de sus 13 senadores.

Una segunda vuelta para dirigir Brasil. Expandir Imagen
Una segunda vuelta para dirigir Brasil.

Arrasa en el legislativo

La onda expansiva del controvertido exmilitar arrasó con las otras dos fuerzas históricas del Congreso.

El centroderechista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pasó de 49 a 29 diputados.

Y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del impopular presidente saliente Michel Temer, cae de 51 a 33 diputados.

MDB y PSDB siguen siendo, sin embargo, la primera y la segunda fuerza del Senado, donde la caída fue de menor amplitud que en la Cámara, probablemente porque solo renovaba dos tercios de sus escaños.

Erradicar la violencia

La erradicación de la violencia en Brasil fue un gran tema de campaña en uno de los países más peligrosos del mundo: Jair Bolsonaro sedujo a decenas de millones de electores con propuestas simples y radicales.

La más polémica de sus propuestas es liberar el porte de armas. De hecho, la primera foto que apareció de este diputado, excapitán del Ejército de 63 años de edad, luego de ser operado por una puñalada recibida en el abdomen durante un mitin, lo mostró en Instagram imitando un revólver con sus dedos.

El gesto se convirtió en su marca registrada y muchos brasileños lo imitaron durante actos electorales, sonriendo junto a sus hijos.

La violencia es un flagelo para los 208 millones de brasileños. El año pasado hubo 63 mil 800 homicidios, un récord. En siete años fueron asesinadas más personas que durante la guerra en Siria.

¿Cómo luchar en el país más grande de América Latina contra una plaga que deja más de siete muertos por hora, muchas veces niños alcanzados por balas perdidas? “Darles porte de armas a las personas de bien”, responde Bolsonaro. “Si uno de nosotros, civil o soldado es atacado (...) y si dispara 20 veces sobre el atacante, debe ser condecorado y no ir a la justicia”, lanzó el candidato de la extrema derecha en un acto en agosto en Madureira, Río de Janeiro.

La simplicidad del discurso caló en algunos, como Jamaya Beatriz, una manicura de este violento barrio carioca.

Discursos simples

“Vivo en una zona peligrosa”, explicó. “Si alguien toma mi casa, quiero poder defender a mis hijos”, resumió.

Sara Winter, una exmilitante del grupo feminista Femen que ahora es candidata de derecha al Parlamento, encuentra positivo que Bolsonaro quiera “armar a las mujeres para que puedan defenderse, aumentar las penas a los violadores e instaurar la castración química”.

La puñalada que recibió convirtió a Bolsonaro en otra víctima de la violencia y su discurso ganó legitimidad. Poco antes de ser apuñalado, llamó a “fusilar” a los miembros del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda). Bolsonaro asegura que “las armas por sí solas no generan la guerra”.

Hipótesis discutible.

La llegada de Donald Trump al poder en Estados Unidos hizo que “los crímenes de odio hayan aumentado considerablemente en Estados Unidos, porque quienes están detrás de este tipo de acciones se ven legitimados por una persona así”, opinó el sociólogo Glauber Sezerino, copresidente del grupo de estudios Autres Brésil.

El riesgo, destaca este especialista, es que “las redes de extrema derecha brasileñas (se lancen) contra las minorías negras, homosexuales, transgénero o incluso contra los militantes de izquierda”.

En el Parlamento, la bancada que apoya la liberalización del porte de armas ya dio su bendición al diputado ultraderechista del pequeño Partido Social Liberal (PSL).

En las zonas más peligrosas del país, Bolsonaro, que dijo que “un buen criminal es un criminal muerto” podría “abrir la temporada de caza” a los delincuentes, teme Sezerino.

Y le alcanzarían las prerrogativas presidenciales para recurrir al Ejército y las fuerzas de seguridad nacionales.

Este tipo de fenómeno se produjo en Filipinas, donde el presidente Rodrigo Duterte dice llevar adelante una guerra contra las drogas, sin que ningún policía o efectivo de seguridad haya sido enjuiciado por ningún abuso.

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