FÚTBOL. CUANDO SON INSUFICIENTES EL TALENTO Y LA JERARQUÍA.

Mourinho, el jugador

José Mourinho, odiado y aclamado al mismo tiempo, antítesis del Barcelona, es un técnico con alma de futbolista.

La ciudad portuguesa de Setúbal no es más que un enclave ribereño del Mediterráneo, de brisa líquida y gastronomía fabulosa, ocupada por 120 mil y tantos habitantes acostumbrados a ver cómo se tiñe de escarlata el atardecer.

El mayor hito de Setúbal ocurrió en 1640, año en que se proclamó rey de Portugal a Juan IV en muestra de un acendrado antiespañolismo cultivado durante décadas. De resto no se sabe más de Setúbal.    

La excepción a tanto sosiego sin tropiezos es José Mourinho, nacido en Setúbal en 1963, director técnico de profesión y amo y señor del Real Madrid desde el 28 de mayo de 2010, cuando se anunció de forma oficial su llegada al equipo  .

Sí, Mou, como le dicen quienes lo admiran, o Mourinho, a secas, como lo llaman con rabia sus millones de detractores, es la antítesis de aquella Setúbal remota del acontecer europeo.

Allí nació el técnico, en una familia ligada a las posiciones estratégicas del fútbol. Su abuelo fue presidente del club Vitoria, su padre fue portero, su madre, maestra de escuela. El entrenador cuenta con los ingredientes para armar grupos de resistencia suprema. Él sabe dirigir, sabe empujar desde la retaguardia y sabe corregir.

Resistencia es la palabra de Mourinho. Sin una buena dosis de resistencia habría sido incapaz de soportar la presión de la prensa y se habría vuelto loco con tantas sanciones, y decenas de jugadores de talante perdedor caminarían solitarios por las calles de una Europa con índices récord de desempleo.

Alguna vez John Carlin, periodista inglés que come y eructa fútbol, expresó su admiración por Mourinho en el diario  El País  de España, por ser un estratega que recuperaba jugadores desechos.

Tomaba de ejemplo al Inter de Milán. El equipo acumulaba 45 años sin lograr el título de la Champions League. Hasta la llegada de Mourinho. Su presencia en la ciudad italiana de la moda hizo que sus adiestrados dejaran ese halo singular de los fracasados.

El primer paso en su reinvención del Inter fue quitarles a sus futbolistas la presión de los medios. Después apadrinó a los más malos del equipo, de rostros ideales para los afiches de “Se busca vivo o muerto”, y los empoderó hasta hacerlos héroes amados por los hinchas.

El caso más conmovedor fue el de Marco Materazzi. Antes del viaje de Mourinho al Real Madrid, Materazzi, con sus casi dos metros de estatura y sus tatuajes de estibador de puerto, se colgó del cuello de su Mou, con el llanto de un hombre que perdía a su padre.

A los creativos talentosos les asignó deberes defensivos. Obligó al equipo a defender desde el área del rival. Los encargados eran el cerebro del grupo, Wesley Sneidjer, y los delanteros Gabriel Milito, hasta antes de Mourinho un argentino más con muchas expectativas sobre sí mismo, y Samuel Eto´o, camerunés que había sido campeón de todo en el Barcelona.

Vuelve y juega

Mourinho se aparece por la Liga española porque prefiere un equipo hecho jirones. Eligió el Real Madrid porque el equipo merengue había adquirido el rostro de los actores de reparto. El Barcelona se venía quedando con todo.

Pero la curva siempre ascendente empezó a romperse en la temporada pasada. En la final de la Copa del Rey, el Madrid por fin pudo ganarle por la mínima diferencia al Barça. Fue otro Madrid, quizá sin jerarquía, pero sí con el sello narcisista de Mourinho, ese que a veces se confunde con el amor propio y que les permite a los chicos con acné conquistar a la más bonita del salón de clases.

En esta temporada el Real Madrid ya perdió su primer título contra el Barcelona. Pero Mourinho fue el protagonista. En momentos previos al pitazo final, se metió en el campo de juego y como un jugador más pateó a Cesc Fábregas, que yacía en el suelo. Después le metió un dedo en el ojo a un miembro del cuerpo técnico contrario, desde entonces célebre en el planeta fútbol.

Ya nada importaba. Al setubalense aún le quedan el campeonato local, la Copa del Rey y la Champions League de esta temporada, y romper la gloria actual del más grande de la historia.

Una vida antes del Inter

La trayectoria de José Mourinho empieza como técnico de una escuela de secundaria en Portugal. Sigue en el equipo Estrela Amadora.

Continúa en el Barcelona, donde fue asistente de Louis Van Gaal, otro de los egos del fútbol, y donde conoció a Joseph Guardiola en sus últimas tardes de fútbol en España. El portugués fue un miembro más de la familia blaugrana. Conoce su espíritu, incluso mejor que el del Real Madrid.

Regresa a Portugal, y con el Porto gana todos los torneos locales y extranjeros.

Es contratado por el Chelsea de Inglaterra. Conquista seis títulos.

En 2008 asume la dirección del Inter de Italia, equipo frustrado con dos generaciones de hinchas que aguantaron las épocas en que el Milan, el otro equipo de la campiña, se transformaba en un grande de todos los tiempos.

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