contrato de arrendamiento

Negocios con una isla que es refugio natural

Un santuario de aves marinas en isla Boná está en peligro de desaparecer. El alcalde de Taboga firmó un contrato que cedería la isla a una empresa petrolera.

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Isla Boná, refugio natural en peligro de desaparecer LA PRENSA

Se usarían 34.5 hectáreas de la estratégica isla Boná para el almacenamiento y despacho de combustible de buques. La sociedad civil pide que se rescate este refugio natural. Gabriel Rodríguez Se usarían 34.5 hectáreas de la estratégica isla Boná para el almacenamiento y despacho de combustible de buques. La sociedad civil pide que se rescate este refugio natural. Gabriel Rodríguez

Se usarían 34.5 hectáreas de la estratégica isla Boná para el almacenamiento y despacho de combustible de buques. La sociedad civil pide que se rescate este refugio natural. Gabriel Rodríguez

Ramón Ramos, alcalde de Taboga. Fragmento de la entrevista realizada el martes 19 de marzo de 2019.

Boná, la segunda isla más importante de anidación de aves en el golfo de Panamá, es objeto de un contrato de arrendamiento para instalar ocho tanques de combustible para abastecer buques.

La isla, pese a ser un refugio natural de aves, así como de avistamiento de ballenas y delfines, carece de protección legal, por lo que su destino está en manos de la Contraloría General, en la que estaría pendiente el refrendo del contrato de arrendamiento de la isla, a 20 años prorrogables, con opción de venta, a favor de la sociedad Bona Pacific Corp.

Consultado sobre la posible venta de Boná, tal como establece el contrato, el alcalde de Taboga, Ramón Ramos, afirmó que, aunque esté por escrito, la venta no se hará. “Eso lo puede decir [el contrato], pero hay que ver si se va a hacer. Eso es lo que se pone, pero no es una realidad”, dijo, sin considerar que el Estado, por incumplimiento, podría ser objeto de demandas.

LEA AQUÍ EL CONTRATO DE ARRENDAMIENTO

Boná, de refugio natural a terminal petrolera

Isla Boná sirve de refugio natural a diversas aves y especies marinas, pero este corre peligro de desaparecer. 34.5 hectáreas –de las 74.7 hectáreas de la isla– han sido solicitadas para almacenar y distribuir petróleo y derivados.

La estratégica isla está situada en el golfo de Panamá, cerca de la ruta que surcan las embarcaciones que atraviesan el Canal de Panamá.

Cada año, miles de aves marinas se reproducen en isla Boná, pero esto podría cambiar por una terminal petrolera de alto calado para buques pospanamax que se instalará en el lugar y  cuya presencia supone  amenazas para las especies marinas y los corales que bordean la estratégica isla, que se encuentra a unos 45 minutos de la ciudad capital. Expandir Imagen
Cada año, miles de aves marinas se reproducen en isla Boná, pero esto podría cambiar por una terminal petrolera de alto calado para buques pospanamax que se instalará en el lugar y cuya presencia supone amenazas para las especies marinas y los corales que bordean la estratégica isla, que se encuentra a unos 45 minutos de la ciudad capital. LP/Gabriel Rodríguez

Es un santuario de aves diversas –nacionales y migratorias–, así como para ballenas y delfines. Pero carece de protección legal.

Debido a esta falencia, organizaciones ambientalistas se han unido para recolectar firmas, a fin de presentarlas al Ministerio de Ambiente para que Boná sea elevada a categoría de refugio de vida silvestre. Ello entraría en conflicto con el arrendamiento que pretende hacer la Alcaldía de Taboga, que supone convertir la isla en el tercer territorio insular destinado a terminal petrolera para buques.

Según la Ley 24 de junio de 1995 –sobre la vida silvestre en Panamá– un refugio de este tipo es el “área que provee la protección de hábitat, ecosistemas y nichos específicos para la existencia o bienestar sustentable de las especies de la flora o fauna, migratoria o residente, de importancia nacional o global”.

Pero la isla ahora es punto focal de un acuerdo de arrendamiento –por 20 años prorrogables, con la opción de venta de toda la isla– que pretende entregar el Municipio de Taboga a la sociedad Bona Pacific Corp., tras firmar un acuerdo con ese fin en noviembre de 2017.

En enero pasado, el acuerdo de arrendamiento fue corregido por solicitud de la Contraloría. Pero hecha la corrección, la empresa solicitó otro beneficio: “Aprobar un periodo de gracia de no pago de cánones de arrendamiento por dos años en que se construirá el proyecto”.

LEA AQUÍ EL CONTRATO CORREGIDO

Hace un mes, aseguró el alcalde de Taboga, Ramón Ramos, la Contraloría devolvió el contrato para que aumentaran el canon de arrendamiento y se eliminara el nuevo beneficio. La nueva versión del contrato aún no está disponible.

Según fuentes de la Contraloría, el contrato habría sido rechazado por esta entidad, pero nuevamente fue presentado por la Alcaldía de Taboga para su refrendo.

Cuestionado sobre el sustento legal para la opción de venta de la isla, Ramos, enojado, dijo que la isla no está a la venta. “Mientras yo sea alcalde, no puedo hacer eso”, alegó.

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Negocios con una isla que es refugio natural

No obstante, en el contrato consta la opción de venta, le recordó La Prensa. “Bueno, eso lo puede decir, pero hay que ver si se va a hacer. Eso es lo que se pone, pero eso no es una realidad. Mientras yo sea alcalde, no lo haría”, respondió Ramos.

El asunto es que el contrato, con la opción de venta de la isla, tendría vigencia de 20 años prorrogables, por lo que resultaría difícil que Ramos esté en el cargo dentro de 40 años. “Bueno, no estoy. [Pero], el que lo haga se buscará un problema”, dijo.

–Pero usted así lo acordó en el contrato de arrendamiento.

¿Y qué? Lo acordamos, pero eso no está escrito en piedra, respondió.

–Pero estaría refrendado por la Contraloría y [su incumplimiento] podría causar una demanda millonaria contra el Estado.

Mire, yo le voy a dar el número de mi abogado. No le voy a contestar más nada.

Ramos dio fin a la llamada sin dar el nombre ni número telefónico de su abogado. Desde octubre pasado se había intentado entrevistarlo sobre los alcances del proyecto, pero no accedió. Dijo que solo hablaría de su candidatura en las primarias de su partido, Cambio Democrático (CD).

Pidió al asesor legal del Municipio de Taboga, Alfredo González, que lo excusara. “Lo que pasa es que él ahora mismo está indispuesto. Me comentó que tiene un problema en los riñones y está tomando una pastilla que le produce mucho dolor”, afirmó González, refiriéndose al alcalde.

Lejos de eso, Ramos participaba ese día en eventos públicos, en los que residentes de la isla, así como su hijo –de igual nombre– confirmaron a este medio lo “feliz” que estaba el alcalde y que se preparaba para las internas de su colectivo político.

González prometió dar detalles del arrendamiento de la isla, pero llegado el día, no acudió a la entrevista.

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Boná, de refugio natural a terminal petrolera

Camino al arriendo

El alcalde no solo conoce el proyecto petrolero, sino que en su lista de amistades en Facebook tiene al presidente y apoderado de Bona Pacific Corp., Raam Ady, así como a la tesorera y secretaria de esa sociedad, Sandra Rogers.

La sociedad Bona Pacific Corp. fue inscrita en junio de 2017 en el Registro Público. Cuatro meses después –en octubre de 2017–, González entregó un informe al alcalde Ramos, en el que justificó la conveniencia del arrendamiento a la recién creada empresa.

El informe indica que “la ley no señala mayores” requisitos para solicitar el arrendamiento de isla Boná, y que el solicitante cumplió “todos los requisitos indispensables” que determinó la Alcaldía, sin detallar.

En el informe, González resaltó que el requerimiento de contratar con Bona Pacific Corp. se debe “a la necesidad de impulsar proyectos sensitivos que sean de impacto y beneficio al Municipio de Taboga, manteniendo el ecosistema de la región”.

Pero es, precisamente, el ecosistema el que más se vería perjudicado. El proyecto contempla albergar ocho tanques de combustible que ocuparían una hectárea cada uno y remover tierra con retroexcavadoras y tractores para nivelar el terreno, a fin de construir cinco calles internas, un helipuerto, dormitorios, oficinas, laboratorio, dos muelles, así como la instalación de una torre de control.

El alcalde de Taboga, Ramón Ramos, tiene entre sus amistades en Facebook a Raam Ady y Sandra Rogers, de Bona Pacific. Expandir Imagen
El alcalde de Taboga, Ramón Ramos, tiene entre sus amistades en Facebook a Raam Ady y Sandra Rogers, de Bona Pacific.

Rechazo

Este medio recorrió isla Boná. Constató la presencia de aves que anidaban en su exuberante vegetación. La flora y fauna, sus aguas cristalinas y su bello paisaje, así como su abundante vida marina es visible a simple vista, como también lo son las ballenas y delfines en su cercanía.

“Mi principal fuente de subsistencia es la pesca a pulmón, y temo que pase como en la otra isla que vendieron [Melones], que ahora la gente ya no puede pescar más ahí”, se quejó Omar Muñoz, residente de Otoque occidente.

Dijo que se siente “engañado” por funcionarios del Municipio de Taboga que visitaron Otoque en busca del beneplácito de la comunidad para arrendar Boná. “Ellos [el Municipio] consultaron, pero para decirle a la gente que le darían trabajo para la construcción de un pozo”, reveló.

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Boná, de refugio natural a terminal petrolera

En defensa del proyecto

Para Raam Ady, presidente de Bona Pacific Corp., el proyecto petrolero no afectará la vida silvestre. “Hemos ubicado los diferentes puntos [del proyecto] sin tener ninguna coincidencia, en algún tiempo del año, de ningún tipo de ave”, aseguró.

Sobre el impacto a la vida marina, expresó que la construcción de los muelles y de los tanques de combustible “tendrán poco impacto”, porque solo se instalarán.

Ady restó importancia a su “amistad” en Facebook con el alcalde Ramos. Lo conoce –dijo– desde mediados de 2017, cuando empezó a hacer los estudios en la isla. La relación es “nada más [que] profesional. Eso no significa que somos amigos, sino que estamos compartiendo las cosas de la misma gente de Taboga”, alegó.

Sobre los beneficios previstos en el contrato –como la posibilidad de comprar toda la isla– dijo que sería solo para “evitar la competencia”, no para “expandir” la petrolera. Aunque aceptó que ese argumento no está en el contrato.

El presidente de la Asociación de Pesca Submarina, Hernán Arias, calificó de “criminal” que las autoridades aprueben el proyecto petrolero, ya que, a su juicio, pone en riesgo la vida silvestre y marina de Boná.

Lamentó que no se proteja la isla, pese a que en Boná “hay corales y los peces se crían aquí. No sé hasta cuándo vamos a llenar las islas de petróleo”.

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