500 AÑOS DE LA CIUDAD DE PANAMÁ

Panamá: precursora de la globalización

El Nuevo Mundo tuvo como eje central la ciudad de Panamá. Se cumplen hoy 500 años de su fundación. En esta fecha, hace cinco siglos, se inició otra era de la humanidad.

Temas:

Los rascacielos, el Pacífico que baña Panamá Viejo y el manglar, ecosistema que oxigena la zona. Alexander Arosemana. Los rascacielos, el Pacífico que baña Panamá Viejo y el manglar, ecosistema que oxigena la zona. Alexander Arosemana.
Los rascacielos, el Pacífico que baña Panamá Viejo y el manglar, ecosistema que oxigena la zona. Alexander Arosemana.

Era el tiempo de erigir, de construir, de levantar. 1519, el año en que Pedro Arias Dávila (Pedrarias), gobernador de Castilla de Oro, se asentó en Panamá, coincidió con una época de relativa quietud después de la estela de sangre y muerte del ciclo más agresivo de la conquista española en el llamado Nuevo Mundo.

De la etapa inestable, experimental, bélica que caracterizó el período 1514-1519, se ingresa a una fase de relativa estabilidad, de sedentarización (...). Era el momento de suspender la destrucción para pasar a la construcción, de detener la violencia de la conquista, y ceder el paso a un nuevo modo de relación con los sometidos (...)”, afirma el historiador Alfredo Castillero Calvo en la Nueva Historia General de Panamá.

La misión habría partido de Santa María la Antigua de Darién el 13 de septiembre de 1513. Decenas de hombres caminaron entre el espesor de las montañas, ríos y llanuras. Se encontraron con el Mar del Sur, recorrieron el litoral, hasta que el 15 de agosto de 1519, día de la Asunción, llegaron a lo que es hoy Panamá Viejo.

De acuerdo con Juan Bautista Sosa en el facsímil Panamá Vieja (1919), el área estaba rodeada de “ una verdecida llanura”, un clima más benigno que el de Santa María la Antigua, de donde habían partido, y con las mejores condiciones para el comercio.

El trópico y su humedad de siempre, sin embargo, fueron parte de la descripción de la época. Como diría Pedro Cieza de León, autor de la Crónica del Perú, (...) el sol es tan enfermo, que si un hombre acostumbra andar por él, aunque sea sino pocas horas, le dará tales enfermedades que muera; que así ha acontencido a muchos”.

Aun así, todo coincidía con el libreto diseñado por la Corona para fundar las ciudades en el Nuevo Mundo, por la peculiar posición geográfica de Panamá.

Castillero Calvo, citando al cronista Gonzalo de Illescas, narra que Pedrarias buscaba en el istmo una plataforma donde iniciar exploraciones marinas para buscar un estrecho o pasaje para las islas Molucas.

Pedrarias, de hecho, ya conocía el modelo que habría de aplicar. Había estado en Santa Fe, ciudad erigida por los reyes católicos. “Cuando Pedrarias llega a Panamá en 1514, ya se disponía de una experiencia fundacional y de un nutrido arsenal legalista en la materia (...)”, cuenta Castillero Calvo.

A partir de ese momento la campaña expansionista no desmaya. El sueño de llegar hasta las Molucas termina, y ponen su mirada en otros poblados: Nombre de Dios, Natá, Veraguas, Punta Burica y otros, al tiempo que el fulgor de la ciudad se consolidaba, a pesar de la falta de agua y comida.

De hecho, Panamá se convirtió en la ruta de tránsito del oro y la plata que venía del resto del continente, principalmente del Imperio Inca.

Mientras la conquista le tomaba el pulso a nuevas tierras, en el Viejo Continente las tensiones entre España, Francia e Inglaterra estaban a punto de explotar.

Empujados por la codicia, corsarios de esos país arriban al istmo. Pero fue Henry Morgan quien el 28 de enero de 1671 cometió el peor y brutal asedio a la ciudad.

La antigua ciudad de Panamá era en otro tiempo otra gran ciudad pero, de ella no quedan hoy sino ruinas y algunas casas habitadas por gentes pobres. El puerto no era bueno; los españoles que pensaban abandonarla antes que sir Enrique Morgan la incendiase en 1671, no vacilaron después del incendio y en lugar de levantarla de nuevo fundaron otra en el oeste”, apuntó Lionel Wafor en Viajes al Istmo de Darién (1679).

El contraste entre la historia de Panamá Viejo y el desarrollo de la Panamá de los rascacielos y el progreso. Expandir Imagen
El contraste entre la historia de Panamá Viejo y el desarrollo de la Panamá de los rascacielos y el progreso. Alexander Arosemena

El crecimiento

El tercer incendio de la capital del istmo se sumó a la instauración de otras rutas marítimas para unir los continentes; a la fundación de más urbes vecinas que con el tiempo se hicieron ricas y poderosas, y a un terremoto ocurrido en los primeros años del ruido. Pero sobre todo, fueron definitivas las llamas de esos días incandescentes de principios de 1671 cuando las cenizas sepultaron la mayoría de las edificaciones de un área costera habitada por poco más de 5 mil habitantes. Únicamente permanece la torre de 30 metros de alto de la catedral, varias facciones de sus paredes hechas de calicanto y unas cuantas ruinas.

El incendio mató por lo menos a 3 mil personas y obligó, dos años después, al traslado de los sobrevivientes a un lugar de mayor trascendencia comercial y marítima. Los intereses creados entre los vecinos habían impedido la mudanza. La ciudad había florecido allí durante décadas y los esclavos libertos pudieron ascender socialmente, y llegaron extranjeros no solo de España sino también de Europa y del mar Mediterráneo para proponer negocios y ofrecer servicios.

Pero aquella urbe tenía en contra la poca capacidad de un puerto funcional únicamente “durante marea alta... [y con]... un frente marino cubierto por una lama espesa que quedaba a la vista de la marea baja y que resultaba siendo un obstáculo para la navegación”, afirma Castillero Calvo en su conferencia “Fundación de Panamá: antecedentes y trascendencia”, dictada en el Club Unión el pasado 25 de julio.

Así que el incendio aquel calcinó a la ciudad de Panamá, cuyo crecimiento económico se fue propagando desde su fundación, el 15 de agosto de 1519. La urbe realizó dos mudanzas antes de ubicarse en el área conocida como Panamá Viejo. Su nacimiento sucedió en la ebullición de la era de los descubrimientos, en especial con la noticia cierta de la redondez de la Tierra. Fue en esa segunda década del siglo XVI que se hizo realidad la navegación desde Europa hasta China a través del océano avistado antiguamente por aborígenes istmeños y luego por Vasco Núñez de Balboa en 1513, y recorrido por Magallanes y Sebastián Elcano.

Estos dos portugueses iniciaron en Sevilla su periplo en cuatro embarcaciones, continuaron por el Atlántico y bajaron hasta el estrecho del sur del Nuevo Mundo para llegar años después a Asia. Elcano llegó a Cádiz en 1522. Y en el concierto de las naciones había surgido un punto solar, valorado como la Puerta del Pacífico, que es la ciudad de Panamá. Nacía así la globalización económica, el concepto de economía mundial.

El comienzo

En los dos decenios posteriores a la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, las campañas exploratorias habían drenado las arcas regias, sostuvo Castillero Calvo en su exposición. “Hasta ese momento América había sido un gran fiasco financiero. Era un continente improductivo y un gran obstáculo que se interponía en el camino a Asia, donde se encontraba Catay, el gran imperio chino...”, añade el historiador, autor de Metales preciosos y la primera globalización.

Balboa avistó el océano Pacífico, y este suceso llevó a Pedrarias a buscar el mejor lugar para proseguir el proceso expansionista español. Así fue como trasladó la ciudad de Santa María la Antigua del Darién, la primera en fundarse en tierras continentales, a otro lugar que se denominó Acla, en el noroccidente del istmo. Más adelante se movió a Nombre de Dios, situado a unos kilómetros de Portobelo.

La fundación de la ciudad de Panamá fue un acierto desde todo punto de vista si se tiene en cuenta su ubicación al sur, en el mismo meridiano de la ciudad costera del Atlántico. Entre las dos urbes mediaba el río Chagres.

“Pero todo cambió cuando la Conquista se desplaza hacia el oeste, se explora el istmo central, se revelan las distancias entre ambos mares por su parte más estrecha y el istmo se vislumbra como eje para la expansión hacia Centro y Sur América y para la interconexión entre el Pacífico americano y España”, sostiene Castillero.

La decisión española de fundar ciudades aparejaba el miedo de la falta de comida. Los navegantes llegaron diezmados a tierra firme continental y temerosos de morir de inanición. En Nombre de Dios se facilitaba la consecución de alimentos, pues al fin y al cabo concentraba mayores avances en abastecimiento de víveres. No sucedía igual en el Pacífico.

Los españoles trajeron a América diversos virus frente a los cuales fueron nulos los sistemas inmunológicos de los aborígenes, recuerda el historiador Omar Jaén Suárez. “Tribus enteras caían como moscas. Calculo que entre el 80% y el 90% de la población prehispánica, integrada por al menos 50 millones de personas, murió en unos 20 o 30 años”.

Con el paso del tiempo se inventó la “leyenda negra” de que “los españoles vinieron a matar gente”. Se trata de un mito imposible, añade. Los ibéricos se movilizaban en pequeños grupos y si acaso cargaban arcabuces largos, incómodos, aunque los acompañaban perros, eso sí, de razas afamadas por su fiereza, como mastín y galgo.

El número de habitantes del istmo se redujo en un 90%. De 100 mil personas pasó a cerca de 10 mil. Pedrarias, en contra de la Corona, concedió encomiendas o autoridad a varios subalternos sobre aborígenes para cristianizarlos.

500 años de la ciudad de Panamá Expandir Imagen
500 años de la ciudad de Panamá

 

El propósito ulterior de esta medida era suplir la falta de mano de obra. De modo que tales autorizaciones y el tráfico de esclavos, en un principio con aborígenes llegados desde Venezuela y América Central, y más adelante remolcados desde África, permitió la consecución de oro en bateas mecidas en la ribera de los ríos y el hallazgo de perlas de las que Jaén Suárez destaca su calidad y abundancia maravillosa. La ciudad vivió el esplendor de las ciudades cosmopolitas y constituyó su espíritu de crisol de razas.

Flor de un día

Pero aquella Panamá fue flor de un día con la ascensión del Perú en el horizonte español. Muchas de las familias acaudaladas partieron al sur del Pacífico en busca del oro y la plata del “Virú”. La primera recesión en tierras panameñas se sorteó con algunas actividades agropecuarias y de orfebrería y con los servicios del incipiente paso interístmico. Desarrollada a fuerza de trasiegos, esta travesía por el Camino Real de Cruces y el Camino Real de Portobello hizo nacer en América el sistema de transporte multimodal.

Viajeros y lingotes de oro y barras de plata llegaban al istmo, para continuar su itinerario hacia Europa.

Panamá recobró su brillo con el movimiento de carga en recuas y chatas movidos por esclavos. El 60% de los metales preciosos del mundo pasaba por el istmo. El envío de estas encomiendas dio origen a la monetización de las economías europeas. En este lado, en cambio, ocurrió el auge de la industria maderera. Se construyeron casas y comercios que a la vuelta de los años trocaron sus estructuras por el calicanto. La ciudad se encareció con la demanda de bienes y servicios.

Se multiplicaron las familias afortunadas y muestra de tales riquezas fue el número de coches tirados por caballos y mulas. Más de los que se movían en Lima, que era una ciudad virreinal, compara Castillero.

Los astilleros y el avituallamiento y los servicios de almacenamiento despuntaron como segmentos productivos relevantes.

Pero tantas bendiciones casi siempre anteceden una tragedia. El 2 de mayo de 1621, a las 4:30 p.m., el istmo se cimbró como si fuera una batea para filtrar el oro. Fueron cuantiosas las muertes en Panamá la Vieja, habitada por unas 5 mil personas. Y después sucedieron otros incendios que no fueron menores.

El transporte de metales preciosos perdió fogaje con las rutas a través de la cordillera de los Andes para llegar al puerto de Buenos Aires, y con otros pasos interoceánicos que se fueron trazando en México. Se espaciaron las ferias de Portobelo. En principio se hacían cada año, después cada dos, cada tres, cada cinco, y así hasta desaparecer.

Henry Morgan se tomó Portobelo en 1668. El pirata inglés pidió a cambio 100 mil pesos, pero solo pudieron enviarle desde Panamá la suma de 40 mil.

El ataque a la ciudad de Panamá (1671) estaba casi cantado. Morgan emprendió el asalto, el cual concluyó en un incendio que solo dejó en pie la torre de la catedral. Son 30 pies de calicanto que se destacan entre tantos rascacielos y que recuerdan el apogeo de la Puerta del Pacífico.

(Con información de Óscar Castaño, Yolanda Sandoval, Eliana Morales y Ohigginis Arcia).

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

18 Sep 2019

Primer premio

1 3 3 9

DCCA

Serie: 21 Folio: 3

2o premio

9886

3er premio

1627

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código