ENTREVISTA CON JAIME ABELLO BANFI. FUNDACIÓN NUEVO PERIODISMO.

Panamá: el gran momento

El líder de la organización periodística da su visión sobre la crisis de los medios tradicionales y el valor de las crónicas.

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Abello Banfi (Izq.) dio comienzo ayer al taller ‘Contar la ciudad’, que organizan en Panamá la FNPI y Concolón. CORTESÍA Abello Banfi (Izq.) dio comienzo ayer al taller ‘Contar la ciudad’, que organizan en Panamá la FNPI y Concolón. CORTESÍA
Abello Banfi (Izq.) dio comienzo ayer al taller ‘Contar la ciudad’, que organizan en Panamá la FNPI y Concolón. CORTESÍA José Yau

En momentos cuando los medios tradicionales parecen desorientarse ante una proclamada crisis y el flujo de información parece haber borrado la barrera entre lo verdadero y lo falso, Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), se reafirma en que el periodismo debe constituirse, ahora más que nunca, en la herramienta para explicar todas estas complejidades.

Dice, además, que el periodismo panameño está en un gran momento que debe aprovecharse para fortalecer las narrativas de esta sociedad.

Abello visitó Panamá en el marco de un taller periodístico sobre cómo se cuenta la ciudad de Panamá, que dicta Cristian Alarcón y que organizan la FNPI y Concolón.

¿Qué tan importante es que, desde el periodismo, contemos nuestra ciudad?

Es una necesidad de los ciudadanos y de los periodistas. Las ciudades son órganos complejos que dependen de la información. Pero no de la rápida, de servicio. Para entender estas sociedades complejas se requiere de la traducción, del relato largo, de las crónicas. Uno de los grandes aportes que el periodismo tiene que hacer en este mundo cada vez más complicado es intentar explicar esa complejidad a través de la crónica de investigación (...). Es indispensable que estén bien contadas, pero lo que cuenta es desenterrar cosas.

¿Cómo ha cambiado el periodismo en la última década?

Está cambiando por la economía del sistema de medios, que a su vez se ha transformado por la tecnología digital. A ese cambio económico se le da un cambio fundamental de cómo los periodistas se relacionan con las audiencias. Ahora es un escenario de periodismo plural. También hay una tendencia de periodismo de autor, un periodista con proyecto propio, a largo plazo, a fondo, que convierte su esfuerzo en un libro, por ejemplo. Existe ahora también el periodismo colaborativo, gente de distintos territorios, medios, que convergen en proyectos que colaboran entre sí. Todo es positivo. Y por otro lado, hay un estrés financiero y operativo de los medios tradicionales que están obligados a reestructurarse, pero al mismo tiempo vemos el surgimiento de emprendimientos periodísticos independientes.

Hay un desafío enorme que es la proliferación de informaciones verdaderas o falsas. Y en medio de toda esa catarata informativa y pseudoinformativa, el reto más importante es que el periodismo debe reconocerse no por el lado de ser parte del poder, sino como un contrapoder. El periodismo está para ayudarle a la gente a comprender la realidad, para traducir temas complejos, para animar la conversación pública.

En las redacciones de los medios grandes existe una sensación de que hay varios tipos de periodistas: el que se basa en fuentes, el que reportea y hace crónicas, y el que utiliza base de datos. ¿Cómo se logra la consolidación de todos en un periodismo más rico y más valioso?

El periodismo de fuentes, basado en datos, y el del reporteo, son válidos, compatibles y deben integrarse. Una pieza periodística que tome partes de cada uno es mucho más valiosa. No hay contradicción entre ellos. Lo que hay son hábitos, paradigmas, sectarismos, pero los dos son igual de válidos y deben combinarse. Eso sí, en los dos siempre debe haber verificación y chequeo, todos pueden ser engañosos. Hay que contrastar y cotejar.

¿Muere el papel?

No es que muere, sino que encuentra su funcionalidad máxima. El papel que no muere es el que vale la pena guardar, el del libro, una revista. El papel diario pierde fuerza cada vez más. Sigue teniendo un poco de magia en el poder y en los anunciantes, y hay algunos que no han casado con lo digital. Pero tarde o temprano esa comunicación solo estará en ediciones especiales de grandes medios. Como el Financial Times, que le dedica el 90% a lo digital y lo demás al papel.

Con el papel cada vez más reducido, predominan en sus páginas las notas cortas, breves, meramente noticiosas, que es lo que uno encuentra a su vez, con mucha mayor rapidez, en lo digital. ¿Cómo se ha formado esa contradicción?

Hay que reconocer que esa contradicción no tiene solución. Pero hay que disminuir las notas cortas y noticiosas, darle más a la agenda propia, a cosas elaboradas. En los medios tradicionales se publica información que ya está en las redes. Hay que valorizar la cobertura más a fondo, el análisis, y si el papel no le da el espacio suficiente, pierde sentido.

El periodista argentino Martín Caparrós, en relación con la proliferación de textos y videos cortos, sostiene que no tiene que escribir para quien no quiere leer. ¿Cómo se rescatan los trabajos de largo aliento?

Cada cosa tiene su espacio, su nicho. Para la información cotidiana, masiva, funciona mejor lo corto. Pero hay un nicho de gente que quiere profundizar, que plantea otro ritmo. Debemos admitir que necesitamos pluralidad. No son excluyentes el periodismo de textos cortos con el de textos largos. Son funcionalidades diferentes. Cada cosa tiene que potenciarse para lograr lo mejor en tiempo y en intensidad.

En la última edición de los Premios Gabo, el trabajo panameño de Mary Triny Zea sobre las donaciones de diputados quedó entre los 12 mejores textos del continente. ¿Cómo ve al periodismo panameño?

Esa nominación hay que tomarla como la señal de que el periodismo panameño es capaz de grandes cosas. Esa investigación fue muy buena y es terrible que no haya tenido consecuencias más contundentes. Hay una gran energía en Panamá, entre los periodistas, que es señal de grandes cosas. Celebro que existan otras iniciativas importantes, como Concolón, colectivo periodístico que apuesta a la crónica, al periodismo narrativo, a la investigación y, sobre todo, a la excelencia. Es un ejemplo de lo que hay que hacer: unirse por ideales periodísticos con formación, debates, conversaciones. Todas estas son buenas noticias.

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