Entrevista a Gianfranco Fini, exaliado de Silvio Berlusconi

'En Panamá la ley no es igual para todos': Gianfranco Fini

Gianfranco Fini fue vicepresidente del Gobierno italiano; ministro de Relaciones Exteriores (2004-06) y presidente de la Cámara de los Diputados de Italia (2008-13). Un embrollo en el que participó Valter Lavítola desde Panamá lo enfrentó al hoy ex primer ministro Silvio Berlusconi hasta dejarle al margen de la política, después de 30 años como parlamentario. Hoy, Gianfranco Fini publica el libro ´El Veinteno´, sobre los últimos 20 años de Italia. Afirma que Berlusconi –ahora condenado a cuatro años de prisión por fraude fiscal– sigue defendiendo sus intereses privados en perjuicio de los generales. Recibió a este diario en su despacho del Parlamento italiano.
‘Si la política y la democracia quieren seguir siendo creíbles, no hay que tener piedad ante esta plaga de la corrupción’, afirma el que fuera aliado del hoy condenado ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi.EFE. ‘Si la política y la democracia quieren seguir siendo creíbles, no hay que tener piedad ante esta plaga de la corrupción’, afirma el que fuera aliado del hoy condenado ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi.EFE.
‘Si la política y la democracia quieren seguir siendo creíbles, no hay que tener piedad ante esta plaga de la corrupción’, afirma el que fuera aliado del hoy condenado ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi.EFE.

Fue muy complicado cuando existían dos partidos, Alianza Nacional (Fini) y Forza Italia (Berlusconi). Nos unimos y fue un error. Cuando vi que Berlusconi pretendía resolver sus problemas personales cambiando las leyes, rompí la alianza.

El próximo 27 de noviembre el Senado italiano decidirá si expulsa definitivamente a Berlusconi del Parlamento. Este ha amenazado con hacer caer el actual gobierno.

Se trata de respetar una ley de la República italiana. No hay ninguna voluntad del Senado en castigar o golpear a Berlusconi. Cuando Berlusconi dice que si le expulsan debe caer el gobierno, demuestra que sigue mirando más por sus intereses personales que por los colectivos.

En su libro habla de “la máquina del barro” para enlodar reputaciones. ¿Cree que el Gobierno de Panamá contribuyó al intento de desprestigiarlo al extremo de desencadenar su salida de la política?

No lo sé. En mi libro y en el proceso judicial queda claro que Lavítola tenía una relación muy estrecha con algunas autoridades panameñas. Él ha sido definido por la justicia italiana como un corruptor que trabajaba mano a mano con Berlusconi.

¿Lo conoce?

¡Claro! Lo conozco porque era director del periódico L´Avanti y solía frecuentar ambientes berlusconianos.

Lavítola era además el intermediario en los negocios entre empresas italianas y el Gobierno de Panamá. ¿Cómo fue eso posible?

Como ministro de Relaciones Exteriores no pude nunca verificar el papel de Lavítola. Sus actividades se conocieron después. No sé por qué tenía este protagonismo en las relaciones con Panamá. Probablemente trabajaba para otros, dentro del ambiente de poder de Berlusconi.

Lavítola pretendió que lo nombraran cónsul honorario de Panamá en Italia.

La verdad, no me sorprende.

¿Cómo vio usted esta petición?

Yo era presidente de la Cámara de Diputados en aquella época y ello no era de mi competencia. Antes, en Exteriores, nunca oí hablar de Lavítola, pero el ministerio es una organización muy compleja y lo que llega a la mesa del ministro es prácticamente una milésima parte de lo que se mueve allí.

¿Es cierto que el ex primer ministro Silvio Berlusconi presentó a Valter Lavítola al Presidente de Panamá como su hombre de confianza, con quien debía hacer negocios?

No me sorprendería. En la lengua italiana existe la palabra “faccendiere”, el que aligera algunas gestiones. Lavítola era eso, un “faccendiere”. Actuaba por intereses de otros, por cuenta ajena.

¿Qué pasó en Santa Lucía con Valter Lavítola y Panamá?

Está escrito en mi libro.

En resumen... Lavítola denunció a través del ´L´Avanti´ una supuesta estafa en la venta, a través de Santa Lucía, de un apartamento de Monte Carlo heredado por su partido.

Antes usted ha recordado que estuve 30 años en el parlamento italiano. Pues bien, jamás recibí una citación penal, nunca tuve que responder ante la justicia. La denuncia de Lavítola fue archivada porque no hubo delito.

En su libro afirma que le gustaría saber dónde están los 500 mil euros que Berlusconi le mandó a Lavítola a Brasil. ¿Alguna idea?

Lavítola llegó a Santa Lucía en un avión privado, desde Panamá.

El avión de Rogelio Oruña, ¿sabe quién es?

Es un personaje del que conviene mantenerse alejado.

Pues merece la confianza del presidente Martinelli.

Lavítola es un personaje a tomar con pinzas, de armas tomar. No es verdad todo lo que dice o escribe. Dicho esto, hay una carta suya dirigida a Berlusconi, con los gastos de sus gestiones, es decir, de lo que hizo por Berlusconi. Y ha sido condenado por esto.

Sí.

Ahí figuran los 500 mil euros por la historia de la casa de Monte Carlo. Sería bueno saber cómo los utilizó.

Fue el inicio de su final en la política italiana.

En efecto, desató una polémica que se resolvió de manera negativa en términos políticos. Mis amigos me advirtieron: “Mira que anda por ahí metido Martinelli, que tiene un papel muy importante en esto”. ¿Cómo era posible? Yo conocía al diputado Marco Martinelli, que era el hijo de un gran amigo, un hermano... En aquellos momentos no pensé, ni remotamente, que se referían al Presidente de Panamá [se ríe].

Lavítola era persona muy próxima a su sucesor, Franco Frattini. Viajaban en avión y se hacían fotos juntos... ¿Esto era normal en el ministerio?

Absolutamente no. Nadie podrá mostrar jamás una foto mía con Lavítola. La frecuencia e intensidad de las relaciones entre el ministro Frattini y Lavítola eran una absoluta novedad respecto al tiempo en que yo era el titular de la cartera de Exteriores.

¿Había otros “Lavítolas” o “faccendiere”?

Le aseguro que el caso Lavítola es ciertamente algo único. También por la propia estupidez del personaje.

¿Supo alguna vez del pago de coimas por parte de Finmeccanica a gobiernos extranjeros?

Estas cosas no suelen saberse. Se leen o se escuchan por los pasillos.

¿Qué le parece que, decapitada toda la antigua dirigencia de Finmeccanica, el actual presidente sea el antiguo jefe superior de la policía italiana?

Es una garantía, por su gran profesionalidad y por su integridad moral. Es un buen funcionario y hará un trabajo fenomenal.

¿Finmeccanica necesitaba orden?

Finmeccanica es un holding muy grande e importante, y siempre son necesarias la transparencia y la claridad en sus inversiones y negocios.

Lavítola ha explicado a los magistrados que Martinelli es un pequeño Berlusconi, con similares ambiciones de poder y medios de comunicación. ¿Cuál debe ser el comportamiento ejemplar de un mandatario respecto al derecho a la información y a la libertad de prensa?

La libertad de prensa no puede ser amenazada bajo ninguna circunstancia. De la misma manera que la libertad de prensa no da derecho a difamar o a calumniar. Son principios básicos de la democracia.

¿Qué opinión le merece que un mandatario cambie el marco legal para resolver sus problemas personales?

Es muy simple: Deja de ser un sistema democrático y pasa a ser un sistema autocrático. El principio de la democracia es que la ley es igual para todos. Cuando se menosprecia este principio, deja de ser democracia.

¿En Panamá?

Sí, en Panamá la ley no es igual para todos, [y por eso] es difícil decir que es una democracia.

¿Qué opinión tiene de los fiscales que se ocupan de la presunta corrupción internacional Italia-Panamá?

En Italia hay un sistema judicial muy complejo, pero confiable. Es equivocado pensar que influye la personalidad de un fiscal porque al final es todo el sistema de justicia el que interviene.

Esta sería la parte positiva. ¿Hay una negativa?

El problema de nuestro sistema judicial es que es demasiado lento. No es perfecto.

Gianfranco Fini hizo una transformación política notable. Pasó de considerarse heredero del fascismo a calificarlo de mal absoluto. Hoy la democracia tiene otros enemigos, como la corrupción de políticos. ¿Cómo reacciona usted ante estos comportamientos?

Si la política y la democracia quieren seguir siendo creíbles, no hay que tener piedad ante esta plaga de la corrupción. Quien esconde o encubre estos comportamientos tiene un problema grave, porque su infección corrompe todo el cuerpo, en este caso la democracia. Hay que ser valientes y cortar la parte enferma.

Los movimientos radicales de protesta surgen cuando la política no funciona. La gente, claro está, se harta, y esto es muy peligroso. En Europa no volverán a repetirse errores del siglo pasado. Hoy no son Hitler o Stalin los que ponen en peligro la democracia. Hoy son el populismo y la demagogia, formas diversas de partido único. Pero también muy peligrosas.

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