Jornada Mundial de la Juventud

Papa Francisco pide a jóvenes no dejar enfriar lo vivido

El sumo pontífice, en su visita histórica a Panamá, instó a los jóvenes del mundo a seguir caminando, viviendo y compartiendo la fe.

Los últimos actos y encuentros del papa antes de tomar el avión

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Palabras del papa Francisco durante la homilía de la misa de envío

Durante la misa de envío, el santo padre dio gracias a todas las personas que con su oración, colaboración, esfuerzo y trabajo hicieron realidad la JMJ en este país. Román Dibulet Durante la misa de envío, el santo padre dio gracias a todas las personas que con su oración, colaboración, esfuerzo y trabajo hicieron realidad la JMJ en este país. Román Dibulet

Durante la misa de envío, el santo padre dio gracias a todas las personas que con su oración, colaboración, esfuerzo y trabajo hicieron realidad la JMJ en este país. Román Dibulet

Eran las 4:00 a.m. y en el Campo San Juan Pablo II, en Metro Park, corregimiento de Juan Díaz, empezaban los preparativos para lo que sería el gran día, la misa de envío de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). La cita estaba pactada para las 8:00 a.m.

La mayoría de los asistentes estaba allí desde la noche anterior, cuando se realizó una vigilia.

A lo largo del terreno resaltaba un arcoíris de carpas, bolsas de dormir, cartuchos que simulaban tapetes, camas improvisadas. Se debía caminar con cuidado para no tropezar con algunos de ellos: peregrinos, feligreses, periodistas, voluntarios y brigadistas, quienes dormían en cualquier rincón disponible.

Un reflector iluminó a una señora vestida de blanco que estaba de pie y hablaba con otras tres mujeres contemporáneas. Su nombre era Miriam Páramo, nicaragüense que había vivido en Venezuela y ahora reside en Panamá desde hace cinco años. Llegó con dos compañeras de trabajo: María Domínguez, oriunda de la provincia de Coclé, y Vanessa Zelaya, también nicaragüense, pero radicada en Panamá. El plan inicial de las tres era estar en la vigilia con el papa y regresar a casa la noche del sábado 26, pero la fiesta en el campo San Juan Pablo II era tal, que prefirieron quedarse. “Me siento en paz, con tranquilidad. Fue la mejor decisión que pudimos tomar”, dijo Páramo.

La solidaridad de los peregrinos fue tan contagiosa, que el grupo de mujeres no dudó en quedarse a la misa.

“El señor que cambia la basura nos dio unas bolsas que utilizamos de cama y nuestros vecinos guatemaltecos nos cedieron una ‘colchita’ y la bandera de su país para que nos arropáramos”, relató Páramo con rostro de alegría.

Al grupo también se unió Nancy Góngora, una colombiana con 11 años de residir en Panamá. Andaba sola, se conocieron en la vigilia y decidió quedarse para la última misa.

Un mensaje en inglés: ‘papa, ¡llámame!’, captó la atención de Francisco a su entrada al Metro Park. Román Dibulet Expandir Imagen
Un mensaje en inglés: ‘papa, ¡llámame!’, captó la atención de Francisco a su entrada al Metro Park. Román Dibulet

Hora de levantarse

Los rayos del sol aún se ocultaban cuando se escuchó: “arriba, arriba corazones”. Eran las 6:00 a.m. y el cuerpo de baile oficial de la JMJ, integrado por 40 jóvenes, animaba a los peregrinos a levantarse (los que aún dormían). Con el tema Espíritu Santo, ven, interpretado al ritmo de merengue, los peregrinos despertaron.

En la zona exclusiva (de la T1 a la T6), el registro se inició a las 4:00 a.m. En esta área, la única dispuesta con sillas, estaban, además de los peregrinos, empresarios, funcionarios y políticos.

Los peregrinos no pudieron acampar allí y, en cambio, fueron ubicados en otra zona cuando culminó la vigilia del pasado 26 de enero.

“No hubo buena organización con los que estábamos en las [áreas] T. Después que se acabó la vigilia, desalojaron a todos los que estábamos allá, teníamos que movernos al área A [más alejada], en la que no cabía ni un alma. Aunque teníamos entradas para la T5 [sobre la tarima, para la misa de envío], no nos permitían quedarnos cerca. Gracias a Dios, un buen samaritano logró conseguir que nos quedáramos aquí”, narró el joven dominicano Marbel Porpoteur, mientras se levantaba del suelo donde había dormido.

Porpoteur pertenece al movimiento Docat, un grupo misionero internacional.

Mientras, Lilia Moreno ya estaba sentada en el área T4, en primera fila, con su esposo Marcos Montenegro y su hija Sofía, de cinco años. Habían pasado la noche en esa misma zona, un poco más atrás. “Nos trataron muy bien. No tenemos queja. Hoy estamos madrugando para tener la experiencia de ver al papa”, contó Moreno, quien agregó que su familia tiene experiencia acampando en la playa.

En la ciudad de Lisboa, en Portugal, será la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2022. Román Dibulet Expandir Imagen
En la ciudad de Lisboa, en Portugal, será la próxima Jornada Mundial de la Juventud en 2022. Román Dibulet

Los obispos, sacerdotes y otras autoridades eclesiásticas estaban ubicados en la parte superior de la tarima.

Cuando las manecillas del reloj se acercaban a las 7:00 a.m., los animadores en diferentes idiomas solicitaron a los presentes que tomaran sus asientos. El operativo de seguridad indicaba que el papa Francisco estaba próximo a llegar al Campo San Juan Pablo II.

Mientras se cerraban los pasos, los 500 miembros del coro oficial de la JMJ realizaban su última práctica con el canto del aleluya.

Las banderas de los diferentes países ondeaban en el aire. Las de Portugal y Panamá sobresalían. A las 7:30 a.m. se escuchó el grito y euforia que solo el sumo pontífice logró provocar en los últimos días en tierra panameña.

El recorrido en el papamóvil le tomó unos 30 minutos. En el recinto se oía: “Esta es la juventud del papa, esta es la juventud del papa...”.

En comparación con otros días, esta vez la velocidad del papamóvil fue más lenta, lo que permitió a muchas personas apreciarlo mejor y tomarle fotografías. Justo al frente de un grupo de periodistas, cerca de la tarima, se encontraba una joven rubia, de ojos claros, con un cartel que decía en inglés: “Papa, ¡llámame!”, acompañado de un número telefónico.

La joven logró llamar la atención del sumo pontífice, quien al pasar fijó su mirada en la chica y el papamóvil se detuvo por unos segundos. Más tarde, culminada la misa, nos enteraríamos de que la joven, llamada Yana Shostak, también era periodista, era de Polonia y había llevado el mismo cartel –con el mismo número de teléfono– para la jornada en Cracovia. “En Cracovia, muchos me llamaron. Aquí, en Panamá, me escribieron más por Whatsapp”, expresó en inglés Shostak, que además trabaja en un programa de televisión cultural.

Comentó que el santo padre esta vez vio su cartel y levantó el dedo pulgar de su mano, como diciéndole “muy bien”. Su intención de hablar con el pontífice es contarle lo que sucede en su país.

Peregrinos y feligreses acamparon ayer en el campo San Juan Pablo II para esperar la misa de envío. Román Dibulet Expandir Imagen
Peregrinos y feligreses acamparon ayer en el campo San Juan Pablo II para esperar la misa de envío. Román Dibulet

Comienza la misa

El coro oficial de la JMJ entonaba el tema Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor, mientras se iniciaba la procesión que marcó el inicio de la misa de envío.

“Ustedes, queridos jóvenes, no son el futuro, sino el ahora de Dios…, para Jesús, no hay un mientras tanto”, fueron las palabras del máximo jerarca de la Iglesia católica ante unas 700 mil personas que asistieron al encuentro, según los organizadores.

“Ustedes son el ahora de Dios. Él los convoca y los llama en sus comunidades y ciudades a ir en búsqueda de sus abuelos, de sus mayores; a ponerse de pie y junto a ellos tomar la palabra y poner en acto el sueño con el que el Señor los soñó”, acotó.

El terreno, con una extensión de 2.3 kilómetros de largo, estaba abarrotado de feligreses de todo el mundo, que desde la noche anterior acamparon a la espera de escuchar el mensaje del pontífice Francisco.

Para muchos, significó la despedida física del santo padre. Un hombre de 82 años de edad que dejó un mensaje que podrá perdurar entre todas las personas que participaron de este encuentro mundial.

“Querer domesticar la palabra de Dios es cosa de todos los días. Como si ser jóvenes fuera sinónimo de sala de espera de quien aguarda el turno de su hora, pero tu espacio es hoy”, dijo el papa Francisco, mientras los presentes pronunciaban a una solo voz: “Esta es la juventud del papa, esta es la juventud del papa...”.

En este encuentro histórico se anunció que en 2022 se celebrará la próxima JMJ en Lisboa, Portugal.

Además, el papa Francisco clamó a los peregrinos: “vayan a casa y no dejen enfriar lo que han vivido en estos días y, por favor, no se olviden de rezar por mí”.

Los últimos actos y encuentros del papa antes de tomar el avión

Varias personas se aglomeraron  ayer en la mañana    por  las calles  de Juan Díaz, en el  distrito de  Panamá, con un solo fin:   ver pasar al papa Francisco, quien tenía una cita   en el hogar El   Buen Samaritano, destinado  a dar protección a las personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana, como parte de su agenda de la  Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Era el último día para captar una imagen o video del pontífice. Atrás de la barra  de contención para proteger  el desplazamiento del vehículo que transportaba al sumo pontífice había personas que llegaron a las 5:00 a.m.,  a pesar de que la actividad  era  a las 10:30 p.m.

María Moncayo, de 99 años de edad, quien llegó en silla de ruedas junto a su familia a ver a Francisco, describió tener una emoción única, pues es un hecho histórico que le permitirá dar testimonio.  

En el hogar El  Buen Samaritano, el sucesor  de  Pedro  dirigió  un mensaje a 60 jóvenes con  quienes posteriormente rezó la oración del Ángelus.

Este grupo representaba a todos aquellos que reciben atención en  centros juveniles, como San José de Malambo,  Centro Juan Pablo II y Kkottongnae,   entre otros.  

La historia  para ver al  santo padre se repitió en horas de la tarde, cuando iba camino al Rommel Fernández a un encuentro  con los voluntarios  nacionales e internacionales que prestaron su servicio en la organización y desarrollo de la JMJ.   

Las calles se volvieron a llenar de gente.   

En el encuentro, Francisco dijo que en estos días los voluntarios  estuvieron   atentos y pendientes hasta de los más pequeños,  cotidianos e  insignificantes detalles,  como ofrecer un vaso de agua y,  a la vez, atendieron las cosas más grandes que requerían de mucha planificación.  Además,   tuvieron una experiencia de fe más viva  y   real, y   vivieron la fuerza que nace de la oración y  la novedad de una alegría diferente, fruto del trabajo codo a codo, incluso con personas que no conocían.

Y concluyó: “pidámosle al Señor su bendición. Que bendiga a sus familias y comunidades y a todas las personas con las que se vayan a encontrar en el futuro próximo”.

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