CHILE. HOY SE CUMPLEN 40 AÑOS DEL GOLPE DE AUGUSTO PINOCHET.

Perdón por los crímenes

Cuatro décadas después, no hay un pedido de perdón oficial por los abusos y las víctimas de la dictadura.

Aquella mañana, Santiago, la capital chilena, despertó en medio del ruido de los aviones de combate y el tableteo de las ametralladoras. Comenzaba a escribirse la crónica de un golpe de Estado tantas veces anunciado. Era el 11 de septiembre de 1973, hoy hace exactamente 40 años.

El presidente de la República, democráticamente elegido, Salvador Allende Gossens, acababa de ser derrocado por las Fuerzas Armadas y del Orden, todas bajo el mando del general Augusto Pinochet Ugarte, el mismo que unos meses antes había sido nombrado comandante en jefe del Ejército por el propio Allende, desoyendo los consejos de propios y extraños.

Comenzó entonces una brutal persecución contra los partidarios del mandatario destituido, con una secuela de muertes, desapariciones, torturas, violaciones de todo tipo, cárcel y exilio.

La noche duró en Chile 17 años. Hoy, cuando los actores son otros, aún la palabra reconciliación no está en el lenguaje de los chilenos, que buscan saber dónde están los desaparecidos, los que se supone muertos, pero que nadie ha sabido dar noticias sobre sus cadáveres.

En la actualidad han empezado a asomar voces que piden perdón por las atrocidades cometidas.

El primero en hacerlo fue el senador Hernán Larraín, senador del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), uno de los dos que componen la Alianza para el Cambio, de centroderecha, en el poder, y del cual muchos de sus integrantes apoyaron a Pinochet.

Esto provocó reacciones en ambas orillas políticas. Por ejemplo, la expresidenta y actual candidata de la coalición Nueva Mayoría, de centroizquierda, Michelle Bachelet, hija del general Alberto Bachelet, torturado y muerto por sus compañeros de armas, valoró el pedido de perdón de Larraín, aunque matizó que “es importante recordar lo que fue el golpe de Estado y los años de dictadura y lo que significó para mucha gente en términos de la muerte, en algunos casos, y de sus derechos humanos”. Sin embargo, la candidata oficialista Evelyn Matthei, hija del general (r) Fernando Matthei, se ha negado a este pedido, argumentando que en esa época ella solo tenía 20 años de edad y ninguna responsabilidad... aunque su padre, amigo del padre de la expresidenta, haya formado parte de la Junta de Gobierno entre 1978 y 1991.

Incluso el actual presidente, Sebastián Piñera, dijo al diario La Tercera, que “muchos fueron los responsables de violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Augusto Pinochet y hubo cómplices pasivos”.

La última semana se unieron al coro de quienes han pedido perdón, los líderes socialistas Camilo Escalona y Osvaldo Andrade, aunque lo que más ha llamado la atención fue el comunicado de la Asociación Nacional de Magistrados del Poder Judicial. “Hay que decirlo y reconocerlo con claridad y entereza: el poder judicial y, en especial, la Corte Suprema de la época, claudicaron en su labor esencial de tutelar los derechos fundamentales y proteger a quienes fueron víctimas del abuso estatal”.

La Corte Suprema, aunque sin pedir perdón, dijo en un comunicado que reprodujo el diario electrónico El Mostrador, que “este máximo tribunal llega a la conclusión de que no cabe otra actitud que explicitar el reconocimiento de las graves acciones y omisiones, que en ese entonces, se incurrió, arrastrando con ello a parte de la judicatura del país”.

Sin embargo, la presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, dijo recientemente que en realidad no hubo “omisión” de parte del poder judicial, sino complicidad.

Hasta la prensa de la época ha sido señalada como cómplice de la dictadura. La directora del Centro de Investigación Periodística, Mónica González, declaró que el diario El Mercurio, “prestó sus páginas para la conspiración ¿No merecería que su director también pida perdón?”.

Aunque la democracia parece asentada en Chile, los resquemores no cesan. Pasarán muchos años para que el país, paradójicamente uno de los más prósperos del continente, se reconcilie.

Panamá, tierra de exiliados

En Panamá viven aún varios de los exiliados que llegaron a este país en 1975, cuando fueron dejados en libertad después de dos años de estar presos en diferentes campos de concentración en Chile y les exigieron abandonar el país. Uno de ellos es Roberto Díaz Lucero, un chileno que tiene 38 años radicando en Panamá (llegó en un grupo de 200 chilenos que estuvieron en campos de concentración). Al preguntarle si está dispuesto a pedir perdón por las atrocidades de la dictadura responde: “¿Cómo voy a pedir perdón por la tortura, la cárcel, por creer en Salvador Allende y en sus medidas para los más pobres? Tal vez debo pedir perdón a mi esposa, a mis hijas, por haber tenido ideales por los que fui detenido, torturado y encarcelado durante dos años, lo que significó abandonarlas, someterlas a la humillación por parte de los que ahora mandaban”.

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