Ruta 2019

Primarias y sus promesas incumplidas

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Las elecciones internas para elegir candidatos, conocidas como primarias, fueron instauradas en Panamá en 1998. Aunque entonces se especuló con que la medida era una jugarreta del PRD para debilitar al Partido Arnulfista, en realidad Panamá se estaba subiendo a la ola regional que llevó a que las primarias fueran llamadas “la reina de las reformas electorales”.

Las ciudadanías latinoamericanas, incluyendo la nuestra, exigían la democratización de la elección interna de los candidatos partidistas, que es la decisión más importante que se toma en los partidos. La lógica de la promesa de las primarias era clara: si los partidos son pieza indispensable de la democracia, la democratización de la selección de sus candidatos debía ayudar a democratizar los procesos de formulación de políticas públicas. En otras palabras, se superaría la tradición oligárquica de nuestros partidos, su personalismo y se instauraría, ¡por fin!, una nueva forma de hacer política.

Veinte años después, los resultados han sido otros. Las primarias alargaron la duración de las campañas y las encarecieron. Propiciaron inscripciones compulsivas, convirtiendo a algunos partidos en pesadas organizaciones llenas de grasa y con poco músculo. Profundizaron el clientelismo. Sirvieron de excusa para evitar la paridad de género. Al propiciar la entrada de outsiders a los partidos, se hizo aun más laxa su identidad ideológica. Ha habido denuncias de que las cúpulas han manipulado las primarias para favorecerse a sí mismas y a candidatos afines. Hemos sido testigos de campañas internas presidenciales opulentas, cuyos votos eran contados por comisiones de elecciones precarias. Los partidos han llegado a las elecciones generales divididos y financieramente fatigados.

Aun así, la ciudanía valora positivamente las primarias por su potencial democratizador. Volver atrás no parece ser opción. La solución que se está ensayando con bastante éxito es haber traspasado todas las responsabilidades al Tribunal Electoral (TE). Ahora esa nueva responsabilidad del TE está en la ley, pero los partidos empezaron a traspasársela poco a poco y voluntariamente, porque era evidente su incapacidad de organizar primarias confiables. Esa claudicación es quizás el más grande fracaso de los partidos. Una vez le conté a un político europeo cómo los colectivos panameños habían renunciado a organizar las primarias para elegir sus candidatos. Él, estupefacto, me preguntó: si los partidos no son capaces de organizar ellos mismos la elección de sus candidatos, ¿entonces para qué son partidos?

El autor es  politólogo

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