ENFOQUE

Reconfigurar los circuitos

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El diseño de los circuitos electorales está en la base del progresivo deterioro de la institucionalidad política del país. Sus características, pequeño tamaño de habitantes y pequeña magnitud de escaños o curules, junto con el voto selectivo, generan personalismo, clientelismo e impiden la generación de partidos ideológicos.

Desde la transición a la democracia hasta hoy, el país ha cambiado enormemente. El sistema de partidos también se ha transformado y lo ha hecho, a pesar de que los elementos centrales del sistema electoral casi no lo han hecho.

El diseño circuital panameño pertenece al siglo pasado, a un régimen autoritario que necesitaba generar mayorías para gobernar al país.

El Panamá del siglo XXI demanda un régimen democrático basado en proyectos colectivos, inclusión, equidad y pluralidad. Para lograrlo, tener circuitos más grandes en tamaño y magnitud sería lo ideal.

Aunque la Constitución establece muchas limitaciones para rediseñar los circuitos -estas limitaciones acertadamente impiden taimados cambios frecuentes- las pocas modificaciones que se permiten podrían, al menos, empezar a señalar el camino que llevaría una nueva política en Panamá. En ese sentido, la adaptación de la magnitud de algunos circuitos a la disminución de su población y la nueva división política, aunque necesaria, es insuficiente.

El distrito de Panamá puede ser el laboratorio para dicho experimento. Eso sí, habría que hacerlo dialogando con los actores y permitiéndose el tiempo suficiente. El momento es cuando se reúne la Comisión Nacional de Reformas Electorales, no un año antes de las elecciones. Así se honraría la premisa que ha instalado el Tribunal Electoral: “discutir los temas calientes en momentos fríos”.

La asfixiante corrupción ha obligado a creer a algunos actores políticos que una eventual reforma constitucional debe tener como elemento central la reforma de la justicia, pero en rigurosa lógica de ingeniería constitucional no es así.

El asunto central que rige una Constitución es la distribución del poder entre los actores que interactúan en la comunidad política. En democracia, esa distribución se hace fundamentalmente a través de las elecciones.

A partir de los incentivos que generan esas reglas del juego esenciales, los actores se comportan de distintas maneras en el Ejecutivo, el Legislativo y, como consecuencia, en el Judicial.

La principal dificultad para modificar los circuitos electorales y el diseño electoral, en general, estriba en que quienes aprendieron a jugar exitosamente con unas reglas tienen pocos incentivos para cambiarlas, si es que están encargados de hacerlo. Sin embargo, soñar no cuesta nada… y no soñar podría costar demasiado.

*El autor es politólogo

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