ITALIA

El fin de Riina, el ‘capo de capos’ de la mafia siciliana

Mutolo, el primer mafioso que reveló a la justicia las relaciones entre la mafia y el Estado, habla de quién fue su jefe y líder de la Cosa Nostra.

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Fotografía tomada el 8 de marzo de 1993, durante el juicio efectuado a Salvatore ‘Totó’ Riina, quien falleció el pasado 17 de noviembre, tras 24 años de encierro. Fotografía tomada el 8 de marzo de 1993, durante el juicio efectuado a Salvatore ‘Totó’ Riina, quien falleció el pasado 17 de noviembre, tras 24 años de encierro.
Fotografía tomada el 8 de marzo de 1993, durante el juicio efectuado a Salvatore ‘Totó’ Riina, quien falleció el pasado 17 de noviembre, tras 24 años de encierro. Archivo

Murió “la bestia”. Salvatore Totó Riina tenía 87 años y estaba en prisión desde 1993, cumpliendo 26 cadenas perpetuas por haber ordenado más de 150 asesinatos.

Movió los hilos de la organización criminal Cosa Nostra hasta hace pocos meses, a pesar de que sufría un cáncer terminal.

Gaspare Mutolo fue uno de los hombres más cercanos de Riina cuando era el capo de la familia de los Corleoneses. Lo conoció en la cárcel jugando a damas. Al boss le inspiró tal confianza que pronto lo ascendió a su chofer privado.

Mutolo siempre fue un hombre de “acción” y esa cualidad lo consagró como el brazo ejecutor de la mafia. Su lista de crímenes es infinita: homicidios, extorsiones, secuestros, tráfico de drogas…

“Hablar de cuando era un asesino es un asunto muy doloroso para mí. Mientras estrangulaba, miraba a los ojos a las personas y veía el terror en sus ojos. Morían asfixiadas y nos dábamos cuenta porque después de hacerse pis, les sangraba la oreja”, recuerda con desaprensión. “No puedo decir que mataba personas porque las odiaba, sino porque me lo mandaban y porque era el ambiente criminal”, afirmó en entrevista con La Prensa.

Todavía hoy habla con una cierta admiración de quien se convirtió en el hombre más influyente de Cosa Nostra gracias a su crueldad: “Riina era muy inteligente y carismático. Conquistaba a todos con su gran humildad. Pero era malvado dentro”, sentencia, preguntado sobre cómo el hombre que sembró el terror en Sicilia durante dos décadas llegó a la cúpula de una de las organizaciones criminales más peligrosas del mundo.

Riina nunca se arrepintió del reguero de muerte y destrucción que dejó a su paso. Los códigos de honor de conducta de los mafiosos no lo conciben. Él sí.

En noviembre de 1991, Mutulo decidió colaborar con la justicia. Por increíble que parezca, para él hubo un tiempo en que la mafia tenía unos “valores” que según dice “fueron traicionados por actos de violencia contrarios a ellos”. “Mi mentalidad cambió cuando vi que las mujeres de los mafiosos ya no eran intocables y se mataba sin piedad también a los niños. Me convertí al bien”, indicó.

“Para la mafia, estar en la cárcel significa cambiar de sede social. Hasta que alguien muere su puesto sigue intacto”.

Gaspare Mutolo Brazo ejecutor de Riina

Entonces comenzó a confiar los secretos de la mafia al juez de Palermo Paolo Borsellino. Pocos meses después, el prestigioso magistrado fue brutalmente asesinado junto a sus cinco escoltas por un coche bomba cargado con 100 kilos de dinamita. Dos meses antes habían matado a su colega y amigo el juez Giovanni Falcone. Juntos habían conseguido poner en el banquillo de los acusados a 300 mafiosos en el famoso maxiproceso iniciado en 1986 que, al final, les costó la vida.

Detrás de su muerte estaba la cúpula de la Cosa Nostra, con Riina al frente. Fue un período de verdadero chantaje al Estado, muy desestabilizador. No obstante, nunca se han disipado las dudas sobre las oscuras connivencias que pudo haber con órganos o personalidades del Estado.

Mutolo fue el primer mafioso que habló con la justicia sobre las relaciones entre la mafia y el Estado italiano. “No entiendo la política sin la mafia”, señala resignado.

De hecho, las conexiones entre la mafia y el Estado italiano siguen hoy investigándose y el crimen de Borsellino y Falcone está todavía rodeado de interrogantes.

Seis meses más tarde del terrible atentado contra los jueces, Riina fue detenido mientras se dirigía en coche hacia su lujosa villa de un barrio de Palermo, donde había pasado inexplicablemente parte del largo período en que estuvo prófugo. Estaba parado en un semáforo y dijo a los policías que se equivocaban de hombre.

Debido a su “peligrosidad social”, en la cárcel estaba bajo el artículo 41 bis, especial para los mafiosos, que implica el máximo aislamiento.

“Para la mafia estar en la cárcel significa nada más cambiar de sede social. Hasta que alguien no se muere, su puesto sigue intacto”, explica la periodista Marcelle Padovani, una de las máximas expertas italianas en Cosa Nostra y autora de varios libros. 

La mafia siciliana está muy debilitada en comparación con la Camorra napolitana, y sobre todo la Ndrangheta calabresa, la que —según los expertos— controla todo el tráfico ilícito de droga en Europa y Estados Unidos.

Para Padovani, fue precisamente Riina el principal responsable de la derrota de Cosa Nostra. “Lideró la guerra interna de la mafia —que dejó no menos de mil 700 muertos en los años 1980— para alterar de manera radical el equilibrio de poder dentro de la organización y luego fue a por el Estado, matando a políticos, policías y jueces. Querían gobernar Italia. Ese fue su mayor error”, comentó.

En ese momento, la opinión pública —que antes había sido en cierto modo tolerante— se volvió contra Cosa Nostra. A la par de esa movilización social, el Estado italiano comenzó a levantar la cubierta de secreto que rodeaba a la mafia. Sobre todo, gracias a un ejército de colaboradores de justicia que se disoció de la organización mafiosa a cambio de una reducción de condena.

Pero lo que realmente cambió el destino de los mafiosos sicilianos fue la tipificación del delito de asociación mafiosa en el Código Penal Italiano.“Es la legislación antimafia más importante del mundo porque da la posibilidad de condenar a un imputado por mafia, aunque no haya cometido un crimen. Todos los países deberían adoptarla”, manifestó Padovani.

Salvatore Totó Riina ha muerto, pero la mafia sigue viva.

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