OPINIÓN

Sábado picante

Temas:

He perdido la cuenta de cuántas veces me han querellado por delitos contra el honor, pero nunca me había detenido a buscar la definición de la palabra. ¡Y qué desilusión! Resulta que los que me han estado querellando deberían ser los enjuiciados. La palabra honor tiene origen latino y estaba vinculada íntimamente al ejercicio de cargos públicos. Eso explica por qué los funcionarios creen tener más honor que nadie.

Etimológicamente, su raíz es honos, honoris, que describían un conjunto de cualidades: respeto, dignidad, rectitud, fama, decencia, reclamadas esencialmente a los que desarrollaban labores de carácter público. Del honor también hay derivaciones no menos importantes, como honorabilidad, honestidad, honradez, honra. 

Con el tiempo, los ciudadanos que no estaban en el plano público también reclamaron la posesión del honor y eventualmente se convirtió en una cualidad moral, cuyas definiciones conducen virtualmente a una: cumplir los deberes propios respecto al prójimo y a uno mismo. Se trata de reglas de comportamiento social que guardan relación con la virtud y el mérito. En ocasiones excepcionales, su abnegado cumplimiento conlleva al heroísmo, como el caso de un soldado, un bombero, incluso, de un salvavidas. 

Y, francamente, la mayoría de nuestros políticos están lejos de ser ciudadanos virtuosos, mucho menos son héroes. Pero se dan el tupé de reclamar el resarcimiento de su marchitado honor porque alguien les exige cumplir con sus deberes; o porque los critican por no hacerlo o porque lo que buscan, en realidad, es que nadie les pida rendir cuentas en el cumplimiento de sus deberes.

Por cierto, la honra es algo que se gana. Hay una diferencia con el honor. Y, que yo sepa, los demandantes que reclaman millones hacen poco o nada por ganársela. Y aún así tiene un completo catálogo en el que su bien más preciado –es decir, su buen nombre, su fama, su honor- tiene un precio en dólares. Un político tasa su honor tanto en unas decenas de miles de dólares como en varias decenas de millones de dólares. Depende del querellado y no de qué tan mancillado esté su “honor”.

Por ejemplo, el dechado de virtudes de Ricardo Martinelli tiene varias tarifas en eso del precio de su honor; de su puño y letra, ha exigido resarcimientos que van desde 50 mil dólares a un millón de dólares o más. Y ahora hay un diputado reclamando 20 millones. Son dignos discípulos de Odebrecht en eso del arte de sobrevalorar. Y me pregunto si Santa Librada quiere en su entorno a alguien que aceptó sobornos, o a irrespetuosos que se creen por encima de su prójimo. Encuentro más honor en el que se atreve a exigir cuentas que en el cobarde que se escuda en una cualidad que carece para evitar dar explicaciones.

Comentarios

Cerrar

La función de comentar está disponible solo para usuarios suscriptores. Lo invitamos a suscribirse y obtener todos los beneficios del Club La Prensa o, si ya es suscriptor, a ingresar.

Suscríbase gratis por 30 días Prueba
Adquiera un plan de suscripción Suscríbase
Cerrar

Por favor introduzca el apodo o nickname que desea que aparezca en sus comentarios:

Comentar 0 comentarios

Los comentarios son responsabilidad de cada autor que expresa libremente su opinión y no de Corporación La Prensa, S.A.

Por si te lo perdiste

Última hora

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Loteria nacional

14 Nov 2018

Primer premio

2 0 5 9

CAAC

Serie: 1 Folio: 8

2o premio

1641

3er premio

1301

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código

Caricaturas

Pon este widget en tu web

Configura tu widget

Copia el código