ENFOQUE

Tensión entre controlar, representar y legislar

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Desde el 2 de enero de este año, fecha en que inició la segunda legislatura del periodo 2017-2018, la Asamblea Nacional fue absorbida casi completamente por el conflictivo proceso de designación de dos nuevas magistradas a la Corte Suprema de Justicia. Durante este proceso, la Asamblea se dio un tiempo para escuchar a todas las personas que tuvieron algo que decir sobre las designaciones. Según lo que se percibió, la opinión pública se fue moviendo poco a poco de una relativa polarización a estar mayoritariamente en contra de las designaciones. Finalmente, la discusión y la decisión tomada en el hemiciclo reflejaron no solo la opinión mayoritaria de la ciudadanía, sino también la acidez del debate que previamente hubo en las redes sociales y tertulias mediáticas. Podríamos decir, pues, que con sus luces y sombras, y siempre mediando sus cálculos electorales, durante el mes pasado el Legislativo cumplió con dos de sus roles clásicos: el control al Ejecutivo y la representación de los intereses de la ciudadanía. Sin embargo, envueltos en el frenesí generado por la designación a magistradas, parece que los diputados y las diputadas han descuidado inexcusablemente su tercera función: la de legislar. Esto es grave porque el país obviamente necesita las leyes que promuevan el bienestar de la población en todos los ámbitos y porque, además, es la función más fácilmente verificable de su desempeño.

No obstante, hay que tener cuidado con el criterio numérico como indicador de buena labor del Órgano Legislativo. La Asamblea Nacional actual ha sido, en el mismo periodo de tres años, un poco más productiva que la del gobierno de Martín Torrijos y mucho menos que la de Ricardo Martinelli. Esto de alguna manera evidencia las limitaciones del conteo de leyes producidas para evaluar el desempeño de los diputados. Entendamos que una ley muy importante, oportuna, bien debatida, bien formulada y que responda a los intereses del país, dice más sobre la labor del legislativo que 100 leyes con las características opuestas. En ese sentido, dar sin dilaciones el adecuado trámite legislativo a los más de 40 proyectos de ley estancados en segundo debate sería la mejor manera de aliviar la tensión actual entre las funciones de controlar, representar y legislar.

*El autor es politólogo

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