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ESTADOS UNIDOS

Trump queda en evidencia

Desde su partido y fuera de él, y hasta líderes del mundo critican el discurso del presidente Donald Trump, por considerar que avala la violencia racista.

Retiran más estatuas y monumentos de confederados

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Trump disolvió ayer dos consejos consultivos empresariales, luego de que varios ejecutivos desistieran de integrarlos por los comentarios que hizo sobre la violencia en la manifestación de supremacistas blancos en Virginia. Trump disolvió ayer dos consejos consultivos empresariales, luego de que varios ejecutivos desistieran de integrarlos por los comentarios que hizo sobre la violencia en la manifestación de supremacistas blancos en Virginia.
Trump disolvió ayer dos consejos consultivos empresariales, luego de que varios ejecutivos desistieran de integrarlos por los comentarios que hizo sobre la violencia en la manifestación de supremacistas blancos en Virginia.

Donald Trump estaba ayer en medio de una nueva tormenta tras comentarios sobre los hechos de violencia en Charlottesville, que suscitaron gran malestar en el seno de su propio partido y que podrían marcar un giro en su presidencia.

Al afirmar que “ambas partes” eran responsables de la violencia que sacudió esta pequeña ciudad de Virginia —donde una manifestante antirracista fue ultimada por un simpatizante neonazi el pasado sábado—, el presidente estadounidense cruzó un límite muy significativo, 200 días después de asumir su cargo.

Sus palabras, pronunciadas en un tono acusador desde la Torre Trump y elogiadas por un exlíder del Ku Klux Klan por su “coraje”, dejaron mudos a varios legisladores. Además, dio la muy clara impresión de que esas expresiones eran lo que Trump pensaba realmente, y no lo que dijo al día siguiente de los hechos, cuando leyó en la Casa Blanca una declaración condenando la “violencia racista”.

Señal clara del malestar: los republicanos no se agolparon en los estudios de televisión para defender al magnate republicano. Las únicas voces que emergieron fueron críticas.

“En Charlottesville los errores están claramente del lado del KKK y de los supremacistas blancos”, declaró en la cadena ABC Ronna Romney McDaniel, quien dirige el Comité Nacional Republicano.

“Es necesario que repare los daños y es necesario que los republicanos hablen alto y fuerte”, afirmaba en NBC el gobernador de Ohio, John Kasich, quien fuera rival de Donald Trump en las últimas primarias republicanas. Además, advirtió sobre el riesgo “de conducir la presidencia a un terreno que no es aceptable para el país”.

Asimismo, el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, hizo público un comunicado en el que no mencionó a Trump por su nombre, pero indicó que los “mensajes de odio y fanatismo de supremacistas blancos, el Ku Klux Klan y grupos neonazis no deberían ser bienvenidos en ninguna parte de Estados Unidos (EU)”.

“No podemos ser tolerantes con el odio racial. No hay neonazis buenos y los que respaldan sus puntos de vista no son seguidores de los ideales y libertades estadounidenses (...)”, afirmó.

Los expresidentes republicanos George H.W. Bush (1989-1993) y George W. Bush (2001-2009) divulgaron un comunicado conjunto muy poco habitual en ellos, en el que llaman a “rechazar el racismo, el antisemitismo y el odio en todas sus formas”. También sin citar a Trump, los Bush afirman la necesidad de recordar las palabras de Thomas Jefferson, principal redactor de la Declaración de Independencia de EU: “Mientras rezamos en Charlottesville, recordamos las verdades fundamentales evocadas por el ciudadano más prominente de esta ciudad: ‘Todos hemos sido creados iguales y dotados por el Creador de derechos inalienables”. “Sabemos que estas verdades son eternas (...)”, concluyen.

Los expresidentes Bush se pronunciaron contra el racismo y a favor de la igualdad. Expandir Imagen
Los expresidentes Bush se pronunciaron contra el racismo y a favor de la igualdad. AFP/Archivo

Durante una improvisada conferencia de prensa en el lobby de la Torre Trump en Manhattan, el pasado martes Trump equiparó a los supremacistas blancos y a los manifestantes que los denuncian. Criticó a “la izquierda que atacó a la alt right [término para designar a la derecha alternativa]”, y destacó con una fórmula que quedó en la mente de todos que había gente “muy buena” en ambos lados.

“¿Por qué nos sorprende que el presidente que inició su campaña con llamados a la intolerancia nos dé hoy muestras de apoyo a quienes la promueven?”, se preguntaba David Axelrod, exasesor de Barack Obama.

Numerosos observadores recuerdan que el actual mandatario alimentó durante años una teoría del complot con tintes racistas acerca del lugar de nacimiento de Obama, antes de desecharlo sobre el final de la campaña.

El pasado sábado, poco después de los episodios de violencia, había provocado una ola de indignación al negarse a condenar explícitamente a los “grupúsculos” de los que salió el militante neofascista que embistió con su automóvil a contramanifestantes.

The New York Times lamentó en un editorial el comportamiento de Trump, “desgraciadamente nada sorprendente”. “Los políticos de Washington esperaban que el reciente nombramiento de John Kelly, un exgeneral del cuerpo de marines, en el cargo de secretario general de la Casa Blanca impondría algo de disciplina en esta caótica administración”, escribe el diario. “Pero el núcleo del problema no está vinculado a la composición del equipo presidencial: está vinculado al hombre que está a su frente”, remarcó.

EL MUNDO REACCIONA

Los gobiernos solo podrán ganar el combate contra el odio, el racismo y el antisemitismo rechazando esta ideología y la voluntad de recurrir a la violencia, comentó Martin Schulz, el candidato a canciller alemán de centroizquierda, agregando que esto vale para Alemania y EU.

“La trivialización de la violencia nazi por las confusas declaraciones de Donald Trump es muy peligrosa”, comentó Schulz, líder del Partido Socialdemócrata (SPD). “No deberíamos tolerar las monstruosidades que salen de la boca del presidente”, comentó en una entrevista con el grupo de diarios RND.

Schulz es el máximo rival de la canciller Angela Merkel de cara a las elecciones del 24 de septiembre en Alemania.

Las palabras de Schulz encontraron eco en el ministro de Justicia, Heiko Maas, otro alto cargo del SPD. “Es insoportable ver cómo Trump está minimizando la violencia de las hordas derechistas en Charlottesville”, afirmó en un comunicado.

Merkel dijo el lunes a la emisora Phoenix que se requiere una acción clara y fuerte para combatir el extremismo derechista, destacando que ellos tienen “bastante que hacer en casa”.

Mientras, la primera ministra británica, Theresa May, rechazó que los fascistas y quienes les combaten sean iguales. “No veo equivalencia entre quienes proponen puntos de vista fascistas y quienes se les oponen”, dijo May en Portsmouth (sur) en su primer día de actividades oficiales tras las vacaciones.

“Es importante que todos aquellos en puestos de responsabilidad condenen las posiciones de extrema derecha”, añadió. “Reino Unido tomó medidas para prohibir a los grupos de ultraderecha”, recordó, insistiendo en que “no hay equivalencia”.

Las declaraciones de Trump también encontraron eco en el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, quien ironizó sobre el poder de EU, tras los enfrentamientos raciales en Charlottesville.

“Si EU tiene algún poder, sería mejor que dirigiera a su país, afrontando white supremacy mejor que entrometiéndose en los asuntos de las [otras] naciones. Charlottesville”, tuiteó.

Poco antes, el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní acusó a Washington de hipócrita por haber publicado el martes un informe sobre la libertad religiosa, en el que criticaba duramente a Irán, cuando la discriminación religiosa y racial, la islamofobia y la xenofobia, son un fenómeno frecuente y generalizado entre los políticos estadounidenses.

Y mientras las críticas surgían, ayer tuvo lugar el servicio religioso de Heather Heyer, la mujer arrollada durante la manifestación en Charlottesville.

Retiran más estatuas y monumentos de confederados

Quitan letrero de un monumento en Baltimore. Expandir Imagen
Quitan letrero de un monumento en Baltimore. AFP

La ciudad   estadounidense de   Baltimore   retiró en plena noche sus cuatro estatuas en homenaje a personajes de   la   confederación sudista, pocos días después de los hechos de violencia que enlutaron Charlottesville, según imágenes de   la   televisión difundidas ayer.

“Está hecho”, declaró Catherine Pugh,   la   alcaldesa de esta   ciudad   de 600 mil habitantes, situada a 80 kilómetros de Washington.

“Era necesario retirarlas. Me preocupa   la   seguridad de nuestra población. Lo hicimos tan rápido como pudimos”, declaró al diario local   Baltimore   Sun.

Las estatuas —monumentales algunas—  fueron quitadas con una grúa y trasladadas en camión y no dejaron más que los pedestales, a menudo con grafitis antirracistas y a favor del movimiento de defensa de los negros Black Lives Matter (‘La   vida de los negros importa’).

Por su parte, una placa en honor del expresidente de los estados confederados Jefferson Davis fue retirada el martes del muro exterior de un gran establecimiento comercial de Montreal, indicó ayer una portavoz de   la   cadena de grandes almacenes, Tiffany Bourré, directora de comunicaciones de   La   Baie d'Hudson.

El debate sobre el retiro o   la   conservación de esos monumentos en homenaje a los confederados de los estados del sur que defendían   la   esclavitud se ha intensificado en Estados Unidos. Opone a los que consideran esas estatuas y memoriales una celebración de un pasado racista y a los que defienden el derecho de esos estados a recordar su historia.

El pasado viernes y el sábado centenares de simpatizantes neonazis, miembros del Ku Klux Klan y de   la   extrema derecha estadounidense se congregaron en Charlottesville, Virginia, para participar de manifestaciones de protesta contra el retiro de una estatua de Robert E. Lee, el general que comandó las fuerzas de   la   confederación —en defensa de   la   esclavitud— durante   la   guerra de secesión (1861-1865), protesta que degeneró en violencia.

Militar de carrera, Lee no tenía mucha fortuna, pero heredó unos pocos esclavos de su madre, y se casó con una integrante de las familias más ricas de Virginia, dueña de muchos esclavos. Cuando falleció su suegro, Lee se dedicó por un tiempo a manejar los negocios de la familia y encontró fuerte resistencia entre los esclavos, que esperaban ser liberados. Documentos indican que  fue cruel con sus esclavos y alentaba a sus guardias a que castigasen severamente a los que eran capturados tratando de fugarse. En una carta de 1856 a su esposa, Lee escribió que la esclavitud era “algo diabólico en el plano moral y político”. También dijo en la misma carta que Dios sería el responsable de emanciparlos y que los negros estaban mejor en Estados Unidos que en África.

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