UN VISTAZO A LAS NOCHES DE RUMBA ANTE LAS NUEVAS NORMAS

Vodka con zanahoria

La costumbre de parrandear en horas de la madrugada está experimentando un giro, con la puesta en marcha de la ´ley zanahoria´.

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Calle Uruguay. La gente baila al son de una mezcla de reggae, electrónica y pop. Otros siguen el ritmo con tragos y cervezas en la mano. Ambiente sombrío. Palabras al oído de la pareja aquí y allá. Rostros sonrientes, semblantes de deleite. La noche parece joven.

Pero no. Algo pasa. La música se va, las luces se encienden y las puertas de la discoteca se abren. La mayoría entiende el mensaje, pero para otros, más sumergidos en el sabor de la rumba, no está tan claro. Por eso, uno de los encargados de la seguridad del local les refresca la memoria: la fiesta ha llegado a su fin porque falta poco para las 3:00 a.m., zona horaria de la “ley zanahoria”, vigente desde el pasado 9 de noviembre.

¿A DÓNDE IR?

Enfrente de la discoteca People se forma una aglomeración de rumberos insatisfechos. Hay quienes salen del lugar tambaleándose, pero preguntando dónde va a seguir la parranda. Algunos van a sus carros y otros, con mirada perdida, se recuestan a los muros que hay cerca del lugar. La avenida está húmeda y fría.

Una mujer aprovecha y ofrece con ímpetu cigarrillos y chicles “para evitar problemas con el guarómetro”. Pocos le hacen caso.

Más personas empiezan a abandonar los locales contiguos. Se paran en la acera. Cantan y ríen a mandíbula batiente. Gritan y se gritan cosas. “¡Mier... y ahora pa onde nos vamos!”, vocifera un chico de veititantos años con tono desafiante, justo en la mitad de la avenida. Uno de sus compañeros de juerga le responde en un tono más bajo: “Qué tal un casino”. Todos los del grupo asienten y abordan el primer taxi que atiende su llamado.

Se siente el aire enrarecido en el área. ¿Orina? ¿Aguas servidas? ¿Basura? Tal vez es una mezcla de todo. A las decenas de rumberos que siguen saliendo de los centros nocturnos de calle Uruguay parece no importarles. Más les preocupa saber dónde pueden seguir pasándola bien.

EL OJO FISCALIZADOR

Una patrulla hace su aparición. Es la primera ronda que pasa una vez es superada la barrera anti-parranda de las 3:00 a.m. Los policías pasan lentamente. Solo miran, no dicen nada.

Cerca de People está el local Ashe. Allí, en la acera frente al local, hay más gente fumando y comiendo los tacos de aquellos carritos que esperan a la clientela post-fiestas. La patrulla se acerca y por el altoparlante se escuchan varias advertencias: “Despejen el área, no pueden estar allí (...) Vayan pa su casa”.

El llamado se repite dos y tres veces. Uno que otro toma un taxi o camina hacia calle 50, pero el grueso de los fiesteros permanece firme –o tambaleándose, en su defecto– y se molesta con un fotógrafo (el de este diario) que retrata imágenes de la “ley zanahoria” en ejecución. “¡No nos tomes fotos, no queremos paparazzi!”.

Para atender la solicitud de las autoridades, gran parte del tumulto cruzó la calle con dirección al hotel Manrey, donde la música del bar sonaba a todo volumen, como promesa de más tiempo happy. De hecho, había una fila de entre 10 y 15 personas esperando para poder entrar al lugar, el único que parecía funcionar en la zona que acoge a la semana a unas 60 mil personas deseosas de un buen rato, según informes del Municipio de Panamá.

Donde también había ambiente a esa hora de la madrugada era en el casino del hotel Veneto. Allí no quedaba espacio libre en la barra, no había ni una mesa vacía y la gente bailaba y entonaba De música ligera de la banda argentina de rock Soda Stereo. Allí la noche sí era joven.

Los bartender tenían que multiplicarse para abastecer a los sedientos clientes que reían por los chistes entre amigos, por las chicas que llevaban su meneo “hasta abajo”, por el coro de la canción El venao, y por todo.

Es que en los bares de los hoteles y los casinos hay libre albedrío; no llegan ni las restricciones ni el espectro de “esa zanahoria que nadie quiere”, como comentan en las redes sociales.

NUEVAS REGLAS

Bueno, así era hasta este viernes en la tarde, luego de que el alcalde capitalino, Bosco Vallarino, estampara su firma en dos nuevos decretos en los que se incluye hoteles, casinos, salas de juego, restaurantes, supermercados y tiendas en las cortapisas del Decreto 1424 (o “ley zanahoria”, como popularmente se le bautizó), emitido por el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino. “Zanahoria para todos”, dijo Vallarino.

Las nuevas normas detallan que los hoteles, casinos, restaurantes, supermercados y demás, podrán seguir funcionado más allá de las horas topes establecidas, siempre y cuando no vendan o distribuyan gratuitamente bebidas alcohólicas.

También se establecieron multas para quienes no acaten la ley.

Pero como en la madrugada del pasado viernes esos decretos no existían, la rumba podía continuar sin problemas en el bar del hotel Manrey, en el casino Veneto y cualquier otro restaurante , bar de hotel o casino.

FIN DE LA NOCHE

Mientras, un poco después de las 4:00 de la madrugada, en gran parte de calle Uruguay solo había silencio. People, Ashe, Sahara... todo estaba cerrado. Nadie vagaba por los alrededores. Todo estaba tranquilo, menos la esquina donde está el hotel Manrey; aún quedaba gente con ganas de entrar al local.

En Atlapa tampoco quedaba ni un alma a esa hora. Poco tiempo antes, el centro de convenciones había acogido la primera jornada de la Feria de la Rumba, un evento anual que reúne a miles de personas. Todo parecía indicar que ahí también se había dado el efecto de la zanahoria.

SIN SOBRESALTOS

Eduardo Serracín, subdirector general de la Policía Nacional, dijo que hasta el pasado viernes no se había registrado ningún tipo de problemas durante las rondas después de las 3:00 a.m., que haya hecho necesario aplicar alguna medida de fuerza para desalojar los locales. La norma se ha acatado bien, aseguró.

La “ley zanahoria” tiene poco tiempo, pero en los países de la región la ley se aplica y ha sido acogida, y la gente se adapta al horario.

Adelantó que ya han detectado bajas en los porcentajes de violencia, comparando los días que lleva la ley en vigencia con los del año pasado. “En los próximos días podremos hacer comparaciones con números exactos”, acotó.

SHAMAH NO APRUEBA MEDIDA

El administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), Salomón Shamah, dijo estar de acuerdo con la aplicación de la “ley zanahoria” en bares, cantinas, parrilladas, discotecas, y en los bares de los hoteles, mas no así en los supermercados ni en los casinos. Shamah argumentó que una persona cuando compra una botella de licor en un supermercado, sabe que por ley no puede tomar en ese lugar ni en la vía pública, sino en su casa.

“El tema de los supermercados no me parece correcto que lo hayan incluido. El alcalde [Bosco Vallarino] está en todo su derecho y no lo estoy criticando, es mi opinión”, precisó. A su juicio, está de acuerdo con que a los hoteles se les aplique la “ley zanahoria”. Pero rechazó que no se le pueda vender licor en las habitaciones a los clientes de los hoteles. En cuanto a los casinos, explicó que en estos establecimientos el licor no es la actividad principal, “así que cerrar este negocio a las 3:00 de la mañana no tiene lógica ni razón de ser”.

IRENE HERNÁNDEZ

AHORA REGULARÁN PERMISOS DE CANTINAS

Después de asegurar que no tiene ningún problema con los decretos municipales que complementan la “ley zanahoria”, por el contrario, el ministro de Seguridad, José Raúl Mulino, dijo ayer que su despacho preparará ahora una norma que regule el otorgamiento de licencias para el expendio de bebidas alcohólicas.

En efecto, Mulino dijo ayer que los decretos 1896 y 1899 de la Alcaldía de Panamá “son bienvenidos”, por cuanto constituyen “medidas que redundan en la seguridad ciudadana”.

Al preguntársele por qué no se incluyó a los hoteles y casinos en el Decreto 1424 aprobado por su despacho el 9 de noviembre, afirmó que en esos establecimientos no está el problema. “Lo dijo Jaime Campusano, de la Asociación Panameña de Hoteles: la gran mayoría de los restaurantes y bares que quedan en los hoteles están cerrados a las 3:00 a.m. El problema no está allí. Eso [el decreto] está enfocado hacia otros negocios: discotecas, bares, cantinas, bodegas, bohíos, jardines, salas de baile, parrilladas, billares y otros tantos sitios con nombres diversos en donde la gente va a consumir licor”, detalló.

Según el ministro, el cierre temprano de estos locales se aplica desde hace más de un año en algunas ciudades del interior del país, como Bugaba, Colón, Boquete, Penonomé, y ya comenzó a bajar la violencia, en especial la intrafamiliar.

Precisó que le pidió información al Ministerio de Comercio e Industrias (Mici) para analizar todo lo que tiene que ver con las licencias para expendio de bebidas alcohólicas y regular dicho mecanismo a través de una nueva ley.

Y es que, según advirtió, la proliferación de cantinas es desmedida; tanto, que “proporcionalmente existen pueblos donde hay más cantinas que gente”. “Hay un pequeño pueblo en el interior, no recuerdo ahora cuál, donde hay entre 60 y 70 cantinas”, acotó.

La competencia para otorgar los permisos de operación de esos y otros comercios pasó al Mici hace cuatro años, con la Ley 5 del 11 de enero de 2007, la cual, sin embargo, remite a la Ley 55 de 1973, que otorga a los municipios la regulación respecto a la ubicación y funcionamiento de los centros de expendio de bebidas alcohólicas.

Se le preguntó por la eventual multiplicación de sitios de venta clandestina de licor con el cierre temprano de todos los locales mencionados, y dijo que hasta ahora no ha sabido de ningún caso.

De cualquier forma, dijo que “la sociedad tiene que poner de su parte [...] esto no se está haciendo para martirizar a nadie [...] hay muchas cosas que hacer para controlar la delincuencia, y esta es una de ellas”.

Mulino recalcó que, según las cifras del Sistema Integrado de Estadísticas Criminales (SIEC), los días más violentos de la semana son los domingos, mientras que el horario de mayor violencia es entre las 6:00 p.m. y las 12:01 a.m. No es coincidencia, dijo, que sean esos días y en ese horario cuando las personas más consumen bebidas alcohólicas.

Entre enero y octubre de este año se reportaron 584 homicidios en el país, de los cuales 338 (57.8%) ocurrieron entre viernes, sábado y domingo, con mayor incidencia entre las 6:00 p.m. y las 6:00 a.m. (407 crímenes). Según el SIEC, se atribuyen 119 casos al crimen organizado y 115 a riñas y venganzas personales. Hasta el 13 este mes, la cifra subió a 603 casos, pero en 2010, hasta esa misma fecha, se contaban 683 homicidios.

RAFAEL LUNA NOGUERA

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