A LA CAZA DE LOS VOTOS ELECTORALES

La batalla de las últimas horas

Es el último fin de semana de campaña y la frenética agenda de Donald Trump prevé actos en cuatro estados entre ayer y hoy domingo.

La Cámara también se renovará

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Votantes del sur de Florida se registran para una votación anticipada. Votantes del sur de Florida se registran para una votación anticipada.
Votantes del sur de Florida se registran para una votación anticipada. Rhona Wise

Hillary Clinton y Donald Trump retornaron ayer a hacer campaña en Florida, un estado fundamental para sus aspiraciones de llegar a la Casa Blanca, ya en el conteo regresivo para las elecciones presidenciales del martes.

Después de más de un año de discursos, escándalos, marchas y contramarchas, la campaña llega con Clinton aparentemente con una leve ventaja en la delantera y con Trump empeñado en mantener la tendencia de reducir las diferencias.

Para Clinton y Trump, entonces, este último fin de semana de la campaña es crucial para definir las tendencias en los estados considerados fundamentales, especialmente Florida, donde los dos hicieron numerosos actos políticos.

En la polémica elección presidencial de 2000, el estado de Florida fue el escenario de una interminable discusión y terminó por inclinar la balanza en favor del republicano George W. Bush. Con 29 delegados al colegio electoral, Florida es una porción importante de la torta política, aunque la necesidad de vencer allí es mayor para Trump.

El polémico millonario candidato tiene aparentemente asegurada la victoria en los estados tradicionalmente republicanos, pero para mantener viva la esperanza de un triunfo precisa ganar también en regiones donde los demócratas son fuertes o donde la disputa es muy ajustada.

El fortalecimiento tardío de Trump en la campaña se tornó evidente con el anuncio de que el polémico millonario fue escogido como responsable este fin de semana del mensaje semanal de radio reservado al Partido Republicano, como respuesta al mensaje radial semanal del presidente Barack Obama.

Desde el inicio de la campaña Trump mantuvo una relación problemática y difícil con los líderes republicanos, al punto de que varios de ellos adelantaron que no podían comprometerse con votarlo en la elección presidencial. Por ello, que haya sido elegido para responder a Obama, mostró hasta qué punto el partido debió alinearse detrás de su candidatura. Verdaderos pesos pesados que le habían negado apoyo –como el excandidato Ted Cruz– ya revieron su posición y pasaron a pedir votos para Trump.

En su mensaje radial semanal, Obama se concentró en el programa de salud pública aprobado durante su gobierno, conocido en el país simplemente como “Obamacare”. Trump, por su parte, utilizó la oportunidad para pedir el voto de los republicanos. “Estoy pidiendo su voto y su ayuda para elegir una mayoría republicana en el Congreso, de forma que finalmente podemos cambiar este sistema fracasado y hacer a Estados Unidos grande nuevamente. Y cuando digo ‘grande’, quiero decir ‘grande para todos”, remarcó.

En su mensaje radial, Trump expresó que “esto no es apenas una campaña: es un movimiento. Es una oportunidad única de recuperar el gobierno que está en manos de donantes y de los intereses especiales, y devolvérselo a ustedes, los estadounidenses”. “Es hora de cerrar los libros de historia sobre los Clinton y abrir un nuevo capítulo esplendoroso que tenga interés en los grandes ciudadanos de este país (...)”, afirmó.

Clinton y Trump concentraron el viernes sus campañas en el noreste del país, en la región que alguna vez fue el núcleo manufacturero del país y ahora es conocido como el rustbelt, el “cinturón de herrumbre”, por la evaporación de los puestos de trabajo. Históricamente esa región era un bastión demócrata, pero sondeos muestran una tendencia de conversión a los republicanos, en especial después de que Trump ha prometido recuperar fábricas y puestos de trabajo que se fueron a México o China.

Clinton realizó un acto público en Cleveland, Ohio, un estado que Obama ganó en su campaña presidencial de 2012, pero donde los últimos sondeos muestran una ventaja de Trump por un promedio de cinco puntos porcentuales.

Pero el fin de semana no será libre de nuevos escándalos. La agencia Associated Press reportó el viernes que en la década de 1990 la entonces modelo eslovena Melania –ahora esposa de Trump– recibió dinero por trabajos de modelaje aún antes de tener un permiso para eso en Estados Unidos.

En tanto, el diario Wall Street Journal alegó que el tabloide National Inquirer pagó por tener derechos exclusivos sobre el relato de una exmodelo de la revista Playboy sobre su romance con Trump en 2006, aunque luego decidió eliminar la historia.

Volviendo a Florida y por qué es tan importante, hay que decir que Estados Unidos posee un sistema de elección indirecta en el que cada estado tiene asignado un número de representantes al colegio electoral (los llamados votos electorales), que dependen del tamaño de su población. Con las excepciones de Maine y Nebraska, el candidato presidencial que gana un estado se lleva todos los votos electorales, ya que no rige un sistema proporcional.

Así, para llegar a la Casa Blanca, un candidato precisa por lo menos 270 de los 538 votos electorales el día de la elección. Por ello, el sistema hace que los candidatos se concentren en los estados en que la disputa es más apretada, en detrimento de aquellos en los que el resultado no debe arrojar sorpresas. En esta elección en particular, Florida, Pensilvania, Ohio, Carolina del Norte y Virginia son considerados los terrenos de batalla claves.

Florida distribuye 29 votos electorales, al tiempo que Pensilvania atribuye 20, Ohio 18, Carolina del Norte 15 y Virginia 13.

Para llegar al número mágico de 270, hasta el pequeño estado de Iowa, que distribuye seis votos electorales, puede inclinar la balanza.

La Cámara también se renovará

Aunque Hillary Clinton y Donald Trump acaparan la atención en las elecciones del 8 de noviembre, otra áspera batalla se libra en el Congreso de Estados Unidos.

En la actualidad, las dos cámaras –el Senado y la Cámara de Representantes– están en poder del conservador Partido Republicano y por ello la disputa por el control del Capitolio es fundamental para garantizar la estabilidad del nuevo presidente, o para obstaculizar su acción.

En esta elección, se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes: las 435 bancas de los legisladores y también los 6 representantes territoriales sin derecho a voto (incluido el de Puerto Rico). Los republicanos, que en la actualidad poseen 246 bancas, deberán mantener la mayoría, según los sondeos. En tanto, en el Senado estarán en juego 34 bancas, y en esa cámara alta los demócratas tienen excelentes posibilidades de recuperar la mayoría que perdieron en 2014.

En caso de que Clinton gane la elección presidencial, la conquista del Senado se estima fundamental, no solo para restablecer el equilibrio con el control republicano en la cámara baja, sino también porque los empates en el Senado son quebrados con el voto del vicepresidente de Estados Unidos.

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