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TESTIMONIO DE DOS DISIDENTES NORCOREANOS

Un camino hacia la libertad

Cuando llegó a Corea del Sur, tenía dos deseos: un brazo y una pierna artificial, y comer un pollo entero hasta sentirse lleno por primera vez.

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Ji Seong-Ho, a pesar de su discapacidad, logró escapar de Corea del Norte. Ji Seong-Ho, a pesar de su discapacidad, logró escapar de Corea del Norte.
Ji Seong-Ho, a pesar de su discapacidad, logró escapar de Corea del Norte. Rita Vásquez

Según el Ministerio de Unificación de Corea del Sur, tan solo en 2016 mil 400 norcoreanos escaparon del régimen de Kim Jong-Un.

Algunos de estos disidentes buscan nuevas oportunidades en Corea del Sur, pero la travesía para lograr la libertad no es fácil y muchos de ellos no solo arriesgan sus vidas, sino también las de sus familiares que quedan atrás.

La Prensa tuvo la oportunidad de conversar con dos de ellos en una reunión en la que participaron periodistas de diferentes países de América Latina y Asia, en Seúl, Corea del Sur.

Uno de ellos es Ji Seong- Ho, de 35 años, quien logró escapar de Corea del Norte en 2006 y ha vivido en Corea del Sur, desde entonces.

Las condiciones de vida en Corea del Norte eran muy difíciles. El área en la que vivía era al norte del país, muy cerca de la frontera con Rusia. “Viví muchas dificultades en Corea del Norte, pero la peor de las experiencias fue cuando sufrí un terrible accidente, luego del cual vivo con una discapacidad permanente”.

Durante su infancia, contaba, eran sumamente pobres y no tenían suficiente dinero para solventar las necesidades básicas, por lo que como hermano mayor, comenzó a pensar en formas de ganar dinero para ayudar a su familia.

Durante esos años, sufría de malnutrición. Era más pequeño que el promedio de los niños de su edad. Entonces, para obtener dinero robaba carbón de los vagones del tren que lo transportaba. Un día se cayó del tren en movimiento, y este le cortó un brazo y una pierna.

“Recuerdo que era invierno y estaba muy frío. Fui al hospital, pero no tenían ni antibióticos ni anestesia; no teníamos dinero para comprarlo en el mercado negro, por lo que tuve que sufrir una cirugía de tres horas sin anestesia hasta que me desmayé del dolor”.

Siete meses después, logró recuperarse, pero ya no podía trabajar ni realizar ninguna actividad para ganar dinero, pues ahora tenía una discapacidad severa.

“Mi opción en esos momentos era ir a China y pedir limosna, pero me capturaron y me trajeron de vuelta a Corea del Norte, bajo el argumento de que como era discapacitado traería mala propaganda para mi país. Según ellos, yo debía morir como todos los demás discapacitados”.

“Pero volví a intentarlo y, en esta ocasión, lo hice a través del río Tumen. Atravesé China, Laos, Birmania y luego Tailandia”.

Una vez en la Embajada de Corea del Sur en Tailandia lo recibieron sorprendidos porque había recorrido en su condición unos 6 mil kilómetros y facilitaron su traslado a Seúl.

Corea del Sur posee un proceso más expedito para aquellos disidentes que tienen condiciones especiales, como el caso de Ji.

Cuando llegó a Corea del Sur, por primera vez se sentó en una silla de ruedas y tenía dos deseos: un brazo y una pierna artificial, y comer un pollo entero hasta sentirse lleno por primera vez en su vida.

Ahora estudia derecho en Seúl, y pertenece a una organización no gubernamental que ayuda a discapacitados disidentes y a aquellos que todavía no logran escapar del régimen de Corea del Norte.

Su madre y hermana lograron reunirse con Ji en Seúl. Su padre no corrió con la misma suerte, falleció a consecuencia de las torturas que sufrió cuando lo interrogaban sobre el paradero de su familia.

Después del Servicio Militar

Lee So-Yeon solía pertenecer al Ejército de Corea del Norte antes de escapar. Expandir Imagen
Lee So-Yeon solía pertenecer al Ejército de Corea del Norte antes de escapar. LA PRENSA/Rita Vásquez

Lee So-Yeon, de 41 años de edad, contó a este medio que pertenecía al Ejército de Corea del Norte, alcanzó el rango de sargento y, cuando terminó su servicio militar, tomó la decisión de escapar del régimen.

Como consecuencia del modelo económico de Corea del Norte, han surgido los llamados mercados negros, en los cuales aquellas personas que tienen dinero pueden obtener objetos que no están disponibles de la forma tradicional, que dependen de lo que el Gobierno determine que le corresponde a cada cual.

Lee trabajó como vendedora una vez concluyó su servicio militar, toda vez que el salario que le pagaba el Ejército equivalía a menos de un dólar mensual, y con este dinero no le era posible sobrevivir.

En los mercados negros, el 95% de la fuerza laboral son mujeres, debido a que los hombres deben trabajar en aquellas labores que el Gobierno determine, bajo la amenaza de que si no lo cumplen serán castigados.

Dos intentos de fuga marcaron la vida de esta disidente.

El primero en 2006, a través del río Tumen hacia China. “Luego de escapar me fui a China, pero fui recapturada y enviada a prisión en Corea del Norte por un año”.

“Estuve en una prisión de trabajo forzado, y en más de una ocasión la depresión y la desesperanza me llevaron a querer suicidarme; fue muy duro, a veces me desvanecía”.

Durante este tiempo, los castigos que sufrió fueron extremos, estuvo condenada a 13 días sin alimentos ni bebidas y torturas físicas.

Luego, en 2008, lo intentó nuevamente a través del río Tumen, primero China y luego Corea del Sur; esta vez tuvo mejor suerte y, desde entonces, vive en Seúl donde encabeza la Unión de Mujeres de Corea del Norte, una organización dedicada a la defensa de los derechos humanos de los disidentes.

Naciones Unidas opina

Este medio pudo conversar con Signe Poulsen, de la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos (Ohchr, por sus siglas en inglés), quien contó que el 80% de los disidentes son mujeres y que, en muchos casos, son víctimas del tráfico humano hacia China, donde son obligadas a contraer matrimonio.

Añadió que lo ideal para la organización sería poder ir a Corea del Norte y constatar en el campo cuál es la situación real de los derechos humanos en el vecino país. Sin embargo, esto no le es permitido, por lo que dependen de la información que les llega a través de disidentes y otros medios.

Agregó que una de las cosas que más le preocupa es el sistema penitenciario del régimen de Kim. “Para ellos, el trabajo forzado es una forma de reivindicación, lo que sucede es que lo llevan a límites impensables. Suceden cosas que no conocemos, por ejemplo, Otto Warmbier estuvo detenido por más de un año y jamás lo supimos; esto es inaceptable”.

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