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Una cita histórica

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El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se dieron la mano y sonrieron cautelosamente al inicio de su histórica cumbre en Singapur ayer, en la que buscarán maneras de poner fin a una disputa sobre el programa nuclear de Piongyang.

Un paseo por Singapur antes de la reunión

Kim Jong-un (centro) camina sonriente por Singapur durante un recorrido nocturno antes de la reunión con su homólogo estadounidense Donald Trump. Expandir Imagen
Kim Jong-un (centro) camina sonriente por Singapur durante un recorrido nocturno antes de la reunión con su homólogo estadounidense Donald Trump. REUTERS

El muy custodiado líder norcoreano Kim Jong-un se salió ayer de la rutina de los preparativos de la cumbre con Donald Trump para dar un paseo nocturno por la zona costera de Singapur y posó para un selfi con el ministro de Relaciones Exteriores de la ciudad Estado.

La fotografía del grupo cuando visitaba varios sitios importantes, unas 12 horas antes de la cumbre entre Kim y el presidente estadounidense Donald Trump, puesta en la red por Vivian Balakrishnan, es la primera imagen pública de ese tipo que se conoce del líder norcoreano.

En su país, sus apariciones son cuidadosamente organizadas y los extranjeros presentes deben esperar largas horas de controles previos de seguridad.

Kim se quedó todo el día en su hotel en Singapur, pero al concluir la tarde, salió del St. Regis una caravana de vehículos en la que se destacaba la alargada limosina donde ondeaba la bandera norcoreana, como cuando hizo el recorrido desde el aeropuerto.

El convoy se dirigió hacia los Jardines de la Bahía, un parque construido por la mano el hombre, de 101 hectáreas, situado en la costanera y donde hay dos invernaderos para exhibir plantas de climas templados.

Kim caminó allí con su hermana y su cercano colaborador Kim Yo Jong, que formaban parte de la comitiva.

Minutos más tarde, el ministro Balakrishnan tuiteó una fotografía suya con el líder norcoreano y el ministro de Educación de la ciudad Estado. “#Jalanjalan,” escribió, una forma coloquial que significa “ir de paseo.”

Algunos comentaristas de la red aprobaron. “Muy tierno”, dijo uno. Otros se expresaron de diversas maneras.

Corea del Norte es acusada de amplias violaciones de los derechos humanos, por lo que el usuario de la red @huangyonghua le preguntó a Balakrishnan: “¿Vale la pena tomarse una foto con un tirano? ¡Qué vergüenza para usted!”.

Muchos usuarios consideran que es la primera vez que se ve un selfi público de Kim.

“Tuve que verlo varias veces hasta cerciorarme de que era real”, tuiteó Tom Fowdy, estudiante de posgrado en asuntos chinos de la Universidad de Oxford.

La dinastía Kim tiene un largo historial de homenajes horticulturales. Su abuelo, el fundador del Corea del Norte, tiene una orquídea con su cumbre, la kimilsungia, y su padre una begonia, la kimjongilia.

Corea del Norte hace cada año exhibiciones de las dos flores en Piongyang en honor de los líderes de la dinastía y los Jardines de la Bahía de Singapur presentan ahora una exposición de begonias.

En el hotel Marina Bay Sands, que cuenta con casino y centro de convenciones, Kim visitó el alto mirador que comunica las tres torres de 55 pisos del complejo.

A medida que estallaban los flashes de las cámaras, Kim caminó hacia el centro del puente del Jubileo, construido en 2015 para celebrar el cincuentenario de Singapur, y allí la comitiva se detuvo para que la gente que los acompañaba se tomara selfis, mientras Kim sonreía y saludaba con la mano.

La Policía vigilaba las barreras metálicas colocadas ante 60 periodistas y camarógrafos.

La estructura ofrece una vista excepcional de Singapur, flanqueada a un lado por el hotel MBS y el perfil de rascacielos del distrito de negocios por el otro.

Las centelleantes luces de Singapur contrastan con la poco iluminada capital norcoreana Pionyang, de lo que muchos allí están fatigados, aunque Kim ha supervisado la construcción de varios prestigiosos proyectos al respecto.

Trump, que lleva poco más de 500 días en la Casa Blanca, afronta uno de los momentos más importantes de su presidencia en el escenario internacional, donde ha disgustado a numerosos mandatarios, incluidos algunos de los aliados de Estados Unidos.

Kim Jong-un, que hasta este año no había realizado ninguna visita oficial al extranjero, apareció muy desenvuelto ante las cámaras durante su encuentro con el primer ministro singapurense.

El arsenal nuclear norcoreano, que provocó una serie de sanciones de la ONU a lo largo de los últimos años, será la cuestión central de las conversaciones.

El jefe de la diplomacia estadounidense, Mike Pompeo, que se entrevistó dos veces con Kim Jong-un en poco tiempo, aseguró el lunes que las conversaciones entre Washington y Pionyang habían avanzado rápidamente en los últimos encuentros y dijo ser “muy optimista en cuanto a las posibilidades de éxito”.

Pompeo afirmó que Estados Unidos estaba dispuesto a aportar a Corea del Norte “garantías de seguridad únicas, diferentes” de las propuestas hasta ahora, a cambio de una desnuclearización “completa, comprobable e irreversible.”

Corea del Norte, que multiplicó desde 2006 los ensayos nucleares y balísticos, se ha declarado a favor de la desnuclearización, aunque nunca ha entrado en detalles sobre la forma de llevarla a cabo.

Trump, que suele jactarse de su sentido de la negociación y de su instinto, asegura que sabrá “desde el primer minuto” de su encuentro con el líder norcoreano si este está dispuesto a avanzar.

La incógnita ahora es saber si el atípico presidente estadounidense logrará lo que ninguno de sus predecesores consiguió.

Mucha emoción, pocas expectativas ante encuentro

Un paseo por Singapur antes de la reunión Expandir Imagen
Un paseo por Singapur antes de la reunión
Ante la mirada atenta del mundo entero, el presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un se alistaban ayer para su histórico encuentro en que tratarán de hacer realidad la elusiva promesa de paz en medio de la amenaza de una guerra nuclear. Sin embargo, incluso antes de la reunión, Trump anunció planes de partir temprano, suscitando temores de que sus ambiciones se habían reducido. Los dos líderes tenían previsto reunirse cara a cara, acompañados únicamente por traductores, durante hasta dos horas antes de incorporar a sus respectivos asesores. Trump pronosticó un “buen” resultado y Kim pasó la jornada lejos de los reflectores, mientras ambas partes ultimaban los preparativos para la reunión.

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