PAZ. LAS FARC Y EL GOBIERNO COLOMBIANO NEGOCIAN RELAJADOS EN CUBA.

El claustro de los enemigos

En La Habana, exjefes militares, políticos colombianos y comandantes guerrilleros se confunden, vestidos de civil, bajo el sol caribeño.

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Miembros de las FARC, encabezados por el negociador ‘Iván Márquez’ (Izq.), conversan con el enviado especial de Estados Unidos, Bernard Aronson (Der.), en Cuba. Miembros de las FARC, encabezados por el negociador ‘Iván Márquez’ (Izq.), conversan con el enviado especial de Estados Unidos, Bernard Aronson (Der.), en Cuba.
Miembros de las FARC, encabezados por el negociador ‘Iván Márquez’ (Izq.), conversan con el enviado especial de Estados Unidos, Bernard Aronson (Der.), en Cuba.

Dejaron la selva para “encerrarse” a conversar con sus enemigos.

Eso, el encierro –relativo, suavizado– es lo que más ha marcado a los negociadores del Gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que parecen estar a un paso de concretar un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano en La Habana, Cuba.

La vida a salto de mata, con las balas del Ejército silbando en sus oídos, o los sobrevuelos de helicópteros sobre sus cabezas, el fusil como un tercer brazo siempre listo ha sido reemplazada para varios de los guerrilleros por habitaciones cómodas, reuniones a menudo rutinarias y tediosas, el sol y el mar caribeños.

También se han permitido en ese aburrido sosiego hacerse tratamientos médicos y poder ver con tranquilidad a familiares de los que se separaron hace años.

Así transcurren los aparentes últimos días de una larga negociación que ya cumplió tres años y que muchos no creyeron que pudiera llegar tan lejos sin romperse antes.

“Aquí llevamos una vida de convento”, bromean algunos miembros de las FARC sobre su confinamiento en La Habana desde el 19 de noviembre de 2012 para negociar con el gobierno de Juan Manuel Santos el fin de más de medio siglo de conflicto armado, según reseña la agencia AFP.

“No veía a mi hija desde que ella tenía dos años (ahora es mayor de edad)”, dijo un guerrillero que no quiso revelar su nombre.

Pero no solo ellos se sienten confinados. También la delegación gubernamental experimenta añoranzas.

Encabezados por Humberto de la Calle, los delegados del gobierno de Santos, que decidió jugársela por esta difícil negociación, también han visto su vida personal trastocada por las conversaciones, divididas en ciclos de 11 días, seguidos de un receso de una semana.

“Debemos reconocer el sacrificio de nuestras familias. Padres y madres, abuelos, aquí en La Habana durante 1095 días, los hemos privado de nuestro aliento y nuestra voz”, dice de la Calle a los periodistas.

“Hemos tomado más de 90 vuelos, hemos trabajado cientos de horas en extensas jornadas”, cuenta de la Calle, quien debió hacer frente a la situación causada por la enfermedad de un nieto, que lo obligó a viajar de urgencia a Bogotá.

FRENTE A FRENTE

Jorge Mora Rangel fue comandante del Ejército de Colombia en los duros días del Caguán, cuando en aquella región del sur de Colombia una negociación con el expresidente Andrés Pastrana sucumbió entre la desconfianza y crecientes acciones armadas.

Mora Rangel se opuso al canje de guerrilleros presos por secuestrados y tomó parte en el vasto operativo militar de retoma de la zona de despeje de la malograda negociación, una zona dos veces del tamaño de Suiza, controlada por la guerrilla.

Hoy día no es raro encontrarlo en algún rincón habanero departiendo con “Iván Márquez” o “Pablo Catatumbo”, sus antiguos enemigos.

Tal como también lo hace el general Óscar Naranjo, el excomandante de la Policía colombiana que puso la seguridad del país en el siglo XXI al tecnificar la inteligencia y profesionalizar los cuerpos de seguridad, asestando contundentes golpes al crimen organizado.

¿TURISMO?

Esa distensión tuvo un costo: la acusación de que tanto personeros del Gobierno como guerrilleros estaban de “vacaciones” en la isla caribeña.

El sustento de aquellos señalamientos fue que al comienzo de los encuentros, durante los recesos, visitaron algunos lugares de Cuba, pero una foto en la que se veía a algunos navegando en un catamarán se filtró en las redes sociales. Desde entonces, prohibieron los selfies y casi no salen, apunta AFP.

En La Habana no se ven uniformes ni armas.

Los antiguos enemigos deambulan y se encuentran en el Palacio de Convenciones de La Habana en guayabera o en indumentarias frescas, acordes con el clima caribeño.

Muchos esperan que ese espíritu ya no tenga vuelta atrás.

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