LUIS FELIPE ‘PERICO’ DE LA CRUZ

En defensa de la tradición

Al caer la noche, el bailador y tamborero dejaba de lado los números fríos y se arrojaba al baile caliente.

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La trayectoria de Perico de la Cruz tiene más de 100 años. La foto del centro muestra a su abuelo Daniel Sánchez, por allá por la década de 1920. El resto de las imágenes muestra a la familia cultivando el folclore, aprovechando su herencia y sembrando para el futuro. CORTESÍA La trayectoria de Perico de la Cruz tiene más de 100 años. La foto del centro muestra a su abuelo Daniel Sánchez, por allá por la década de 1920. El resto de las imágenes muestra a la familia cultivando el folclore, aprovechando su herencia y sembrando para el futuro. CORTESÍA

La trayectoria de Perico de la Cruz tiene más de 100 años. La foto del centro muestra a su abuelo Daniel Sánchez, por allá por la década de 1920. El resto de las imágenes muestra a la familia cultivando el folclore, aprovechando su herencia y sembrando para el futuro. CORTESÍA

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La historia de este hombre se teje, como el folclore que ama, a través de las generaciones. Nació en un hogar en el que se cultivaba el amor por las tradiciones, lo amamantaron con ritmo de tambores y cuando formó su propia familia, crió sus hijos bailando cumbia.

Luis Felipe Perico de la Cruz tiene 78 años de edad y 59 años de trayectoria propia en el cultivo de las tradiciones folclóricas chorreranas, en materia de música y danza.

El abuelo paterno del ahora viejo Perico –mote que heredó de su padre, el primero de la estirpe–, Daniel Sánchez, era artesano: hacía los tambores que tocaba. Su abuela, Carmen Fernández, era cantalante.

Su padre, Luis de la Cruz (el viejo Perico), también era folclorista y dedicó gran parte de su vida a la defensa de las tradiciones chorreranas. Su mamá, María de Jesús Fuentes, bailaba y tocaba el tambor. Aunque hubiera querido –que nunca quiso– se las habría visto negras para escapar de la potente atracción de la herencia familiar.

Perico De la Cruz tiene seis hijos, cinco varones y Carmen, su “bebé”, como él mismo la describe.

Si bien heredó un tesoro de amor y conocimientos del folclore, el dinero siempre escasea en una casa con seis niños, así que Perico trabajó desde muy joven. Y la jornada era larga, larguísima, porque debía viajar desde La Chorrera hasta la isla de Taboguilla, para cumplir con sus tareas en la fábrica de harina de pescado donde se desempeñó como almacenista, asistente de contabilidad y administrador.

Pero, la cumbia ardía dentro del hombre, que después de la faena en la fábrica volvía al pueblo donde para él sonaban con fuerza los tambores. Y, al caer la noche, el bailador y tamborero dejaba de lado los números fríos y se arrojaba al baile caliente.

Y han pasado las décadas, el cabello encaneció, perdió a su compañera de vida y madre de sus hijos, y las indeseables acompañantes de la experiencia lo acosan, pero el fuego no se apaga en este hombre cuya voz resuena cuando, sonriendo, le explica a la preguntona imprudente: “Voy a bailar hasta que el cuerpo dé”.

Y no solo baila, también toca caja, tambor y maracas, y enseña.

Perico no ve un final cercano a su carrera como promotor del folclore. Se siente comprometido con una tarea que no tiene para cuando acabar. “Tenemos que ayudar a la juventud para mantenerla lejos de los problemas”, y su instrumento para ello es el folclore, que les provee otra pasión que los haga bullir mientras alimenta sus espíritus y les inculca el amor por sus raíces y su nación.

A veces, comenta con una satisfacción que apenas puede disimular, la gente me dice: “Tienes bastantes nietos” cuando uno, dos, tres, hasta seis muchachos pasan por la esquina en que esté y le saludan con un sonoro “Hola abuelo”. Esos saludos parecen significar más para Perico que los muchos homenajes y certificados de reconocimiento que guarda en muchas cajas de recuerdos.

La tarea de Perico es más que memorias para atesorar. Él puede empezar a contar sus éxitos en casa. Sus seis hijos han seguido su senda y todos bailan y tocan un instrumento.

El conjunto folclórico, que heredó a la muerte de su padre hace ya 20 años, tiene hoy 16 miembros, casi todos de la familia y algunos de sus viejos discípulos. La agrupación Conjunto folclórico de La Chorrera tiene 49 años consecutivos de estar yendo al Festival de Guararé.

De sus hijos solo Humberto y Yonel ya no están tan activos, pero bailaron en un tiempo. Luis, o Luchín, baila y toca tambor; Edgar Daniel baila y toca caja y tambor; Carmen baila, canta, toca tambor y enseña; Ángel Leonel, conocido como Papo, toca tambor. Cuatro de sus nietas cantan. De hecho, el 15 de marzo pasado, Betsy de la Cruz, la hija de Luchín, ganó un concurso de cantalantes en La Mitra de La Chorrera.

Otra de sus nietas, Angélica de la Cruz, es la cantante de Jonathan Chávez. Linelis Montero de la Cruz y Lourdes de La Cruz cantan, así como Edgar Daniel, hijo de Daniel, que forma parte del grupo de Isaac De León. Y su nieto Eduardo, hijo de Daniel, toca caja.

Y, como señal de que la dinastía está muy sana con un pie en el futuro, la biznieta Kathielys, nieta de Daniel, está participando en el Festival Nacional de la Voz y Canto Manuel F. Zárate.

Pero las prácticas de baile y los toques no agotan su ímpetu. Como chorrerano viejo, Perico se siente comprometido a pasar a las siguientes generaciones, así como a los muchos chorreranos nuevos, el caudal de tradiciones folclóricas que heredó y ha cultivado por casi seis décadas. Así, entre bailes, concursos y homenajes, Perico se mantiene en pie, participando activamente en la promoción del folclore como vicepresidente del Comité de la Cumbia chorrerana, que realizará su noveno festival los días 9, 10 y 11 de abril.

Cuando escuche el resonar de los tambores, aguce el oído, Perico estará sacándole música a la caja.

COMPROMISO, EN VEZ DE TÍTULOS

FOLCLORE.

Luis Felipe ‘Perico’ de la Cruz es un chorrerano viejo, un hombre sencillo que no ostenta grandes títulos universitarios, que estudió mecánica, como mandaba su papá, y luego administración por correspondencia, pero cuyo compromiso con el folclore ha ayudado a preservar mucho del legado. De la Cruz trabajó en una fábrica de harina de pescado como almacenista, asistente y finalmente como administrador de la empresa. Hoy, tras múltiples homenajes, es conocido,solamente como Perico, el Viejo.

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