ÁREAS PROTEGIDAS. La pRECARIA REALIDAD DE UN TRABAJO DE RIESGO

365 días del guardaparque

Gana 500 dólares al mes y debe enfrentar crecidas, animales peligrosos, enfermedades y gente sospechosa. Pero es feliz con su labor

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Para ser un guardabosque y guardaparque se requiere sacrificio y vocación, amar la naturaleza, aunque la paga sea irrisoria. Para ser un guardabosque y guardaparque se requiere sacrificio y vocación, amar la naturaleza, aunque la paga sea irrisoria.
Para ser un guardabosque y guardaparque se requiere sacrificio y vocación, amar la naturaleza, aunque la paga sea irrisoria.

Edwin Palacios, darienita de 50 años, ha dedicado 15 años de su vida a ejercer como guardaparque del ahora Ministerio de Ambiente, antes Autoridad Nacional del Ambiente.

Formalmente reside en Yaviza, distrito de Pinogana, pero pasa la mayoría de sus días en el Parque Nacional Darién. “Me siento feliz de estar trabajando todo este tiempo como custodio de un bien mundial, 579 mil hectáreas, pese a que es una actividad de mucho riesgo, porque se trabaja en el bosque, en condiciones muy deficientes y con muy poco salario”, dice.

Palacios, un “latino” de mucho arraigo, llegó a cursar hasta el quinto año de secundaria, es padre de tres hijos, y explica que sus deberes como guarda de la citada área protegida cubren una extensa área que va desde cabo Tiburón, Jaqué, Piña, Garachiné, Sambú, Balsas, Boca de Cupe, Rancho Frío y la costa del Pacífico.

“Trabajar en el bosque es una maravilla que te llena de gozo, pero es una zona de mucho peligro”, reitera, tras asegurar que nunca se sabe a cuál de las cuatro estaciones (Rancho Frío, Balsas, Garachiné y Boca de Cupe) lo enviarán; y si al regresar, después de un mes de su turno, “no sabes si encontrarás a la familia completa, porque no tenemos cómo comunicarnos. Esto nos preocupa en cada salida”.

Sin recursos

Actualmente, los guardaparques carecen de muchos recursos, pero si no salen a patrullar, estarían permitiendo que los traficantes se introduzcan a cazar especies en vías de extinción, como puercos de monte, venados, conejos, aves exóticas. Aunque se podrían evitar derribos de árboles e incendios, en estas áreas, los guardas no logran cumplir del todo su misión, porque carecen de suficientes herramientas.

No tienen buenas linternas ni mosquiteros ni botas adecuadas o uniformes con buenas identificaciones y de material especial que les proteja de picaduras de arañas, alacranes, chinches y escarabajos venenosos. “Un guardaparque debe contar con un equipo completo de montaña, pero de momento no lo tenemos”, se lamenta.

Asegura que si bien todo trabajo tiene sus riesgos, estos son mayores al hacerlo a lo largo de una frontera, pues se tropieza con guerrilleros, asaltantes, narcotraficantes y extranjeros indocumentados, “y usted no sabe quién es quién”. Un guardaparque puede ser atacado por leopardos o saínos. “Muchas veces hemos tenido que treparnos a los árboles tan rápido como un mono, porque una manada de puercos de monte (jabalíes) se acerca y de rodearnos, nos devoraría”.

Subir a la estación de Rancho Frío sin linterna no es una decisión cuerda. Es la primera recomendación que se le hace a un guardaparque o visitante a esta estación. En este bosque abundan las peores víboras, especialmente la verrugosa, que sale de noche. Así que cuando los funcionarios suben a Rancho Frío, están conscientes del cuidado que deben tener para evitar ser mordidos.

Otro riesgo latente es el de la lancha, que puede zozobrar cuando se viaja por el mar o por un río crecido. “Usted va de regreso hacia su casa y el río crece. Entonces deberá dormir en la montaña, sin ninguna condición de seguridad. Dos o tres personas, en el inhóspito bosque húmedo, es peligroso”, asegura.

Recuerda que hace cinco años sufrió un grave accidente cuando retornaba a su hogar en un carrito todo terreno (four wheel), con su compañero. El río, explicó, estaba crecido y decidieron buscar una trocha viable para cruzarlo, pero en una pendiente, como todo estaba resbaloso y las llantas estaban lisas, el aparato lo lanzó adelante y le trituró los riñones. “Estoy vivo porque Dios y los médicos hicieron un milagro”.

Por si fuera poco, cuenta que él y sus compañeros han sufrido leishmaniasis, malaria (vivax y falsiparum), parásitos de la piel e intestinales, que deben combatirse para poder trabajar.

Poco salario

Pese a tener 15 años de servicio y devengar $500 mensuales, se siente feliz por la función que realiza, pero sostiene que los guardaparques deben ganar mucho más. “Mucho riesgo, por muy poco salario. Ojalá las leyes cambien y ahora que somos Ministerio de Ambiente se nos pague un poco más. Hoy en este departamento hay compañeros que ganan $400, y con esa platita nadie puede vivir”, señaló.

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