REALIDADES DEL SISTEMA PENITENCIARIO

El drama de ser mujer con hijos y estar en una cárcel

Las mujeres son minoría dentro de la población carcelaria, y eso incide en que sus necesidades sean invisibilizadas, advierte la ministra de Gobierno.

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El 81% de las mujeres que están en las cárceles del país son madres de uno o más hijos, de acuerdo a un reciente diagnóstico del Mingob y la Unodc. El 81% de las mujeres que están en las cárceles del país son madres de uno o más hijos, de acuerdo a un reciente diagnóstico del Mingob y la Unodc.
El 81% de las mujeres que están en las cárceles del país son madres de uno o más hijos, de acuerdo a un reciente diagnóstico del Mingob y la Unodc. Archivo

La población penitenciaria en Panamá en 2016 ascendió a 17 mil 137 privados de libertad, y el 6% de ella son mujeres, entre 18 y 64 años de edad.

Pero entre los fríos números hay un dato relevante: el 81% de las privadas de libertad son madres de dos o más hijos. En su mayoría son mujeres solteras, con un pobre nivel de escolaridad y bajos recursos económicos.

Por eso, no pueden hacerse cargo de sus hijos, los que en una buena parte de los casos quedan bajo la responsabilidad de un familiar. Un diagnóstico del Ministerio de Gobierno (Mingob) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, revela que esta situación afecta a los hijos de las privadas de libertad, que se sienten “ culpables de la situación de sus madres, además de que sufren expulsión y discriminación en el sistema escolar y no cuentan con apoyo psicosocial o espiritual, ni con una figura paternal”.

ABUELOS, EL APOYO

El estudio en mención, detalla también que el 62% de las mujeres detenidas se encuentran en prisión preventiva, es decir, a espera de una condena, mientras que el 38% cumplen su pena.

Plantea también que el 33% de los hijos de las privadas de libertad son atendidos por sus abuelos, de quienes dependen económicamente. Mientras que el 30% depende económicamente de la madre, el 27% del padre, y el 10% de tíos.

A su vez, indica que el 62% de estas mujeres son solteras “jefas de hogar”, pues no cuentan con una pareja que las ayude. Mientras que el 22% tiene una unión de hecho. El 9%, se encuentran divorciadas o separadas. Solo el 4% son casadas y un 3% son viudas.

DROGA, DELITO MÁS COMÚN

Las razones que llevan a estas mujeres a estar tras las rejas son varias: el tráfico de drogas, robos y homicidio.

El delito más común es el tráfico de drogas (70%), luego le siguen las faltas contra el patrimonio (13%), los delitos contra la vida (11%) y otros, 6%. De acuerdo con el documento, el 68% de las detenidas es de bajos recursos económicos, el 19% es de mediano ingreso, y el 12%, en situación de pobreza. Solo un 1% proviene de familias de altos recursos.

MODELO DE ATENCIÓN

En ese sentido, el informe arrojó, entre otros hallazgos, que el sistema de justicia panameño se fundamenta en los “ principios patriarcales que violentan y discriminan a las mujeres y a sus hijos e hijas”. Además, advierte que los centros penitenciarios del país son “inadecuados” para la atención y el desarrollo de relaciones materno-filiales. Asimismo, plantea que el proceso de arresto de las mujeres se realiza en presencia de sus hijos e hijas sin tomar en cuenta la afectación emocional y psicológica.

Destaca que se requiere de un modelo de inclusión social para que las mujeres en conflicto con la ley reincidan. De igual forma, dice que se necesita un plan de vida tanto de la mujer como sus hijos e hijas para el reencuentro.

El Ministerio de Gobierno trabaja en un modelo de atención para la protección de los derechos de los niños y adolescentes, hijos de mujeres privadas de libertad, explicó María Luisa Romero, ministra de Gobierno.

“Las mujeres privadas de libertad son por lo general una minoría de la población penitenciaria. Esto provoca que sus necesidades sean invisibilizadas”, añade la ministra, quien dice, además, que no existe ningún sistema de seguimiento a la situación de estos menores, lo que resulta necesario para evitar que repitan el ciclo de sus padres y en el futuro queden delinquiendo y en la cárcel.

“Decidimos llevar a cabo el diagnóstico para establecer un sistema que atienda las necesidades de estos niños. Esto es importante no solo para las mujeres privadas de libertad, sino para esos menores que se merecen un mejor futuro, y para la sociedad panameña que quiere un país más seguro y en paz”, argumenta .

Narciso Vioque, sacerdote de la Comisión de Justicia y Paz, organización que ayuda con la reinserción de las mujeres detenidas, dice que el hecho de separarse de ellos [de los hijos] les produce ansiedad, ya que no pueden atenderlos como quisieran.

Vioque hace un llamado a las autoridades para que busquen alternativas para combatir la mora judicial. “Es un volumen de internas muy elevado [con mora judicial]. Yo entiendo que la burocracia retrasa todo, pero eso no es excusa para que no se busquen otras alternativas que están recogidas en las leyes , pero que no se aplican…”, advierte.

BUSCAN CUMPLIR NORMAS

Para Mariela Noel Rodríguez, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc), que coordina proyectos en el sistema penitenciario, poco se cumplen las normas a favor de las reclusas.

A su juicio, a pesar de que el número de reclusas es bajo, opina que es una población “extremadamente vulnerable”, que debe ser atendida en forma particular y especial, porque precisamente la condición de madre de la mayoría, hace que el Estado tenga que trazar líneas de trabajo para atender esta situación.

Destacó que los Estados miembros de las Naciones Unidas deben cumplir con las Reglas de Bangkok, normas especialmente diseñadas para la atención de mujeres que están en la cárcel, y que buscan procurar que cuando una mujer es procesada por un delito, se debe evitar, siempre que sea posible, la privación de libertad, a cambio de otros tipos de medidas, como el arresto domiciliario, el servicio comunitario, el monitoreo electrónico para así, asegura, “consagrar el interés superior del niño”.

Por ello, dijo que están fomentando que en Panamá se usen mecanismos alternos para que las mujeres no vayan a prisión y así evitar “que el daño que la cárcel ocasiona se traslade a sus hijos. “Si la mamá va presa el niño siempre va a sufrir”, dice.

Noel Rodríguez recuerda que en las normas internacionales se establece que los hijos de las privadas deben estar con su madre hasta el año de nacido, pero reconoce que esta situación, por ahora, no se da en el país, debido a que las condiciones de las cárceles no son óptimas para ello.

En tanto, Juan Carlos Araúz, vicepresidente del Colegio Nacional de Abogados, avala el hecho de que las políticas penitenciarias busquen salvaguardar los derechos de los hijos de las presas.

Reitera que el Estado tiene límites en castigo, debido a que la sociedad está compuesta por importantes instituciones como la familia, lo que lo obliga a velar por que las familias tengan siempre el beneficio, cuando se establece que hay casos de delitos en los que las figuras principales del hogar [en este caso las mujeres] se ven involucradas.

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