Bienal de Novela Mario Vargas Llosa

La fiesta de la palabra

Un selectísimo grupo de escritores en lengua española se reunió la semana pasada en Lima durante la entrega del premio Vargas Llosa.

La capital peruana va en camino de descolgarse el San Benito de Lima la horrible, legado de su querido Sebastián Salazar Bondi.

La antaño gris y polvorienta cede paso a una urbe que multiplica espacios verdes y luce espléndida plazas y palacios y habilita kilómetros y kilómetros de playa en todo lo extenso de la Costa Verde, dispuesta para el uso público y democrático de sus 10 millones de habitantes.

Por estos días, Lima ha sido sede de la primera edición del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, que reunió aquí a un grupo selectísimo de autores en lengua española.

Celebración pública

La cita no se limita a tramitar el desenlace del concurso, al que fueron presentadas más de 300 obras de 17 países, de las que finalmente se preseleccionaron tres.

Uno de sus autores será proclamado triunfador al final de toda una semana en la que son objeto de la atención, junto a Vargas Llosa, de más de 70 invitados especiales, la prensa local e internacional, y cientos de peruanos que toman parte en 12 actividades con los invitados, organizadas para enmarcar el certamen y que tiene por sede el Museo de Arte Contemporáneo (MAC), el Teatro Nacional y 10 universidades del Perú, todas con aforo excedido en cada ocasión.

Lo visto no puede ser más auspicioso para el futuro del certamen.

El nombre de Mario y la capacidad de convocatoria de J.J. Armas Marcelo, presidente de la cátedra Mario Vargas Llosa, trajeron a Lima a escritores de la talla de Sergio Ramírez Mercado, Nélida Piñón, Leila Guerrero, Rosa Montero, Héctor Abad Faciolince, Javier Cercas, Piedad Bonett, Alberto Salcedo Ramos, Antonio López Ortega, Jorge Eduardo Benavides, Fernando Iwasaki, Alonso Cueto, Jeremías Gamboa, Edmundo Paz Soldán, Santiago Roncagliolo y Fernando Ampuero. Con ellos está Daniel Mordzinski, el gran “fotógrafo de los escritores”.

Los finalistas

En el MAC, Vargas Llosa inaugura el encuentro. Su disertación sobre la capacidad de la literatura para derrotar “la idiotez de los fundamentalismos” y vencer en “la batalla contra la arbitrariedad, a la vez de enriquecer el espíritu crítico de la civilización”, hace posible que los asistentes sobrevivan impávidos (Rosa Montero activa a ratos el paliativo de un abanico andaluz, mientras Plinio Apuleyo Mendoza insiste en comunicarse con no sé quién por celular) al sopor extenuante del baño turco en que la sala se ha convertido a esta hora de la tarde.

Dos de los tres finalistas, Juan Bonilla (España) y Juan Gabriel Vásquez (Colombia) –el tercero, Rafael Chirbes, de España, está ausente por enfermedad–, toman parte en un coloquio que Alonso Cueto orquesta con dominio y que permite a los autores presentes develar las claves de sus obras.

La del colombiano, Las reputaciones, teje su trama en torno al influyente poder de la caricatura política. Alude a la vida del más importante representante del género en Colombia, Ricardo Rendón (1894-1931). La de Bonilla, Prohibido entrar sin pantalones, va sobre el poeta ruso Maiacosvsky, desde 1912 hasta su suicido en el 30, mientras la de Chibers, En la orilla, ya es considerada por la crítica, la “novela definitiva de la crisis que vive España”.

Las librerías limeñas adelantan su agosto con la exposición de estas y otras obras de los tres finalistas, y sus vendedores, en nota de críticos literarios, favorecen a uno u otro. Igual harán durante estos días los demás escritores invitados, cuidando mostrar sus preferencias en corrillos pequeños y donde no puedan ser escuchados por amigos reconocidos de los afectados. Al margen de esto, el triunfador obtendrá con el premio cien mil dólares que aporta la corporación que lidera toda esta fiesta literaria.

De todos modos, el fallo corresponde a un jurado que integran Christofer Domínguez Michael, David Gallagher, José Manuel Blecua, Marco Martos y Nélida Piñón.

La señora

Reverenciada con la unánime admiración de los asistentes y en este caso seguramente sin excepción, una de las máximas exponentes de la literatura brasileña, Nélida Piñón, derrocha afecto y admiración para con los colegas que conocerá durante estos días.

El cronista es testigo único y agradecido del momento en que ella y Héctor Abad Faciolince se encuentran por primera vez en sus vidas.

Nélida le recrea al escritor un paraje de la casa de este en Colombia que él ha descrito en algún momento; quiere expresarle lo que para ella ha significado la lectura de El olvido que seremos. “Tengo tanto que agradecerle a sus libros”, le dice feliz y regocijada la autora de La República de los sueños. Y Faciolince lo agradece de esta mujer maravillosa, como un regalo de la abuela más querida. Un gesto similar tendrá al saludar a Rosa Montero. Cuando le comento esa generosidad suya hacia otros creadores literarios, responde, como una abuela, “mi madre siempre decía que tenemos que liberar los afectos”. Nélida los ha derrochado a corazón abierto durante esta semana en la Lima señorial.

Vallejo y Acurio

Al tiempo que la prensa peruana se ocupa, entre otros temas, del cerco judicial en torno al expresidente Alan García por corrupción, la bienal coincide con “El día de las palabras”. En plaza pública se rinde un homenaje de 11 horas continuas de lectura colectiva de sus poemas, a César Vallejo. Lo inicia Vargas Llosa con un poema del libro España, aparta de mí este cáliz. Faciolince sorprende al declamar, de memoria, otro texto del poeta peruano.

Esa misma mañana el Nobel está al frente del seminario económico que organizó una fundación que él preside y a través de la cual sostiene su influencia política en el país. Este año el tema, América Latina: oportunidades y desafíos, sirve de plataforma a Gastón Acurio, “el chef más famoso que su comida”, estrella en ascenso sostenido desde hace varios años en la vida del Perú que, como todas las que lo son, dice a quien quiera creerle que no aspira a la Presidencia de su país; pero es lo que se comenta en todas partes.

A muchos se les escucha que si corre, gana. Por ahora declara que “es menester exigirle a la clase política peruana que vaya al mismo ritmo que los ciudadanos”, en alusión a sus emprendimientos en el área de las gastronomía, que tienen al país “volando”.

María Corina

El periodista vivirá un momento de esos únicos en la profesión.

Mientras concentrado escribe este texto en un salón del hotel, una mujer se instala en la computadora vecina. El periodista recibe de su trabajo el encargo de ubicar en Lima a María Corina Machado para obtener una reacción de la destitución de su cargo de diputada por el gobierno de Nicolás Maduro. En ese instante, cuando podría estar en otro de los 500 hoteles de la ciudad, ella dice al celular “Habla María Corina”. Redacta en ese instante la declaración que sobre el tema hará en el Congreso peruano. Así, La Prensa obtendrá con su permiso, y embargada hasta cuando ella lo hace público poco después, el contenido de tal declaración

De homero a Internet

Al día siguiente, en un conversatorio enhebrado por Fernando Iwasaki, Faciolince, en acto de autoflagelación, declara que ahora mismo, frente a los autores que él lee, no encuentra nada valioso que lo deje satisfecho como para escribir, mientras Edmundo Paz Soldán, Antonio Fontaine y Gustavo Faverón hacen reflexiones sobre la suerte de la novela en tiempos de internet.

En un aparte de la velada, alguien preguntará a Daniel Mordzinski sobre lo que le significa haber fotografiado por años a las celebridades de la literatura. “Me he desprendido de mi ego para ocuparme del de todos ellos”, dice con una cálida sencillez que derrota cualquier duda. Esa noche él mismo recibirá de Vargas Llosa un homenaje generoso que lo emociona. Le dice el escritor, mientras le escuchan Nélida Piñón y Sergio Ramírez: “En los momentos más importantes de mi vida, allí has estado tú, Daniel”.

Es un Nobel el que agradece. Solo lo grandes saben hacerlo con la humilde humildad con que se reconocen las deudas impagables.

La cereza

A puertas de la entrega del galardón, representado por una estatuilla creada y donada por Fernando de Szyszlo, Javier Cercas, Fernando Ampuero, Sergio Ramírez y Alonso Cueto hablan acerca de los instantes que significaron el punto de partida de sus novelas más conocidas. La conversación, en la que Cercas cuenta los momentos determinantes de Soldados de Salamina, y Sergio Ramírez las claves para la construcción de Margarita está linda la mar, hace de cereza de lo vivido en Lima estos días. En la ocasión, Cercas, celebrado por todos, y en muestra de su admiración por Faciolince, lo insta a que deje “esas tonterías” de andar diciendo que no tiene nada para decir.

Para prolongar, dice, el suspenso con que se ha seguido el desarrollo de este concurso, Vargas Llosa toma la palabra para agradecer a todos los que hicieron posible el éxito alcanzado merced a dos laboriosos años de trabajo previo. Hace varios reconocimientos, uno especial para J.J. Armas Marcelo, responsable de que todo haya funcionado con la precisión de un reloj suizo.

Y cuando faltan apenas minutos para que empiece el día en que el Nobel celebra 78 años, Mario Vargas Llosa entrega el premio de la primera bienal de novela que lleva a su nombre a Juan Bonilla, por Prohibido entrar sin pantalones. Vaya manera de celebrar un cumpleaños.

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