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Donde ser gay es un chiste

Si bien no se ven muchos casos de agresión física o directa, el rechazo al que se enfrenta el homosexual es una prueba difícil de superar.

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El anonimato de la fuente de esta historia lo dice todo. Aun cuando las barreras se han disipado en los últimos años, ser gay en Panamá es saberse diferente y vivir con el posible rechazo de otros. Carlos, nombre ficticio, considera que está dentro de la minoría abiertamente homosexual de Panamá.

Pero él mismo explica que ser abierto no es andar por la calle con un rótulo en la frente o presentarse: “hola, soy Carlos y soy gay”. Para él, parte de serlo y defender lo que es significa no dejar que su cara y su tarjeta de presentación lo digan. “Es simplemente parte de ti”.

Álvaro Gómez, un psicólogo que se ha especializado en homosexualidad, afirma que Panamá es un país homofóbico. Se dice que se acepta al homosexual pero esto ocurre solo en la superficie. El gay tiene que ocultar que lo es o ser el que está subido en el grillo del Carnaval.

Y es que para aquel que tiene la oportunidad de viajar y experimentar la vida en lugares más abiertos como Estados Unidos y países de Europa, el panorama cambia.

Antes de pasar por Estados Unidos y España, Carlos escondía su orientación sexual. Hoy “la manera en que yo me veo y me presento ha cambiado 100%. Ya no me reprimo”, dijo. Para él la intimidad es “íntima” y no anda por la calle publicándolo, pero si el tema se hace relevante o si le preguntan, no lo niega.

Viviendo en silencio

“Conozco al menos seis casos de personas que han tenido tendencias gais y que lo ocultan hasta el punto de tener novias y casarse”, cuenta Carlos. Son pocos los homosexuales que abren sus preferencias a sus amigos y familiares. Este secreto nace del miedo y del rechazo marcado por una sociedad en la que el ser gay “es un chiste”.

Carlos no conoce de ningún caso de agresión directa y esto posiblemente sea porque, según Gómez, el panameño no agrede directamente. El homosexual se enfrenta a burlas constantes en la calle. Comentarios como: “Ese man se cuequió” refiriéndose a alguien que muestra una debilidad, muchas veces no son malintencionados, pero le llegan al homosexual, lo hieren y le dicen que en este país no puede abrirse.

Según Gómez, “muchos hacemos esos chistes sin considerar que tal vez hay un homosexual al lado a quien estamos hiriendo”.

La clave para Carlos fue pasar de vivir en el interior del país a residir en la capital, y sobre todo entrar en el mundo del teatro. “Descubrí que había más gente como yo”, dice. Empezó a tener un grupo de amigos que sabía de su homosexualidad, pero demoró en contárselo a su familia por miedo a que no lo aceptaran.

Hoy, después de haber salido del país y de manejar su preferencia sexual de manera íntima, pero abierta, afirma que todavía mucha gente cambia de actitud con él una vez sabe que es homosexual, pero que no siente que su sexualidad afecte su trabajo o su vida social.

Cuestión Social

En Panamá no hay ayuda para el homosexual. Gómez cree ser el único psicólogo que atiende homosexuales. “Algunos terapeutas le dicen al gay que se case, que luego se le va a pasar”, afirmó.

El psicólogo enfatizó en la importancia de la educación sexual formal y dentro de las familias. Para él es importante que cuando los niños experimentan con su sexualidad, se les haga saber que hay diferentes opciones. Si esto no se hace, el homosexual esperará a ser independiente y adulto para experimentar una etapa de adolescencia sexual en la que no va a tener a nadie para guiarlo o protegerlo.

“La sexualidad es parte de uno y no se puede suprimir”, explica Gómez. Además, no es algo que se decide, sino que se descubre.

Es un amigo y no un juguete

No es necesario estar en desacuerdo para herir al gay. Muchos heterosexuales tienen aprensión de relacionarse con este tipo de personas o no saben cómo comportarse con ellas.

El psicólogo Álvaro Gómez explica que para ser más abiertos con la comunidad sexualmente diversa hay que educarse y relacionarse personalmente con sus miembros. Darse a la tarea de conocerlos.

Una vez se pasa esa etapa “se te quita el susto”, dice. “Ves que son gente que sufre como uno y se ríe como uno. Y tiene los mismos problemas de relaciones de pareja que el heterosexual”. Además, es importante saber que la preferencia sexual no los define. Gómez explica que no debería decirse “tengo un amigo gay”, sino que si alguien te pregunta por tu amigo, simplemente aceptas con respeto y apertura que esa persona es tu amigo y sucede que es gay.

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