CATALUÑA

Una independencia en suspenso

El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, tendió la mano al gobierno español en un intento de rebajar la tensión.

Nulo respaldo a la secesión

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Un grupo de partidarios de la independencia de Cataluña escuchan incrédulos el discurso del presidente catalán, Carles Puigdemont, transmitido en una pantalla de televisión en el Arco del Triunfo de Barcelona, España. Un grupo de partidarios de la independencia de Cataluña escuchan incrédulos el discurso del presidente catalán, Carles Puigdemont, transmitido en una pantalla de televisión en el Arco del Triunfo de Barcelona, España.
Un grupo de partidarios de la independencia de Cataluña escuchan incrédulos el discurso del presidente catalán, Carles Puigdemont, transmitido en una pantalla de televisión en el Arco del Triunfo de Barcelona, España. Jorge Guerrero

La expectativa era enorme. En la calle, cientos de personas -congregadas desde primeras horas de la tarde de ayer en torno al edificio con arquitectura imponente del siglo XVIII, sede del Parlamento de Cataluña- miraban fijamente las dos pantallas gigantes instaladas para seguir la intervención del presidente, Carles Puigdemont.

En el interior de la Cámara, decenas de periodistas acreditados, tanto nacionales como internacionales, se mostraban expectantes ante la posibilidad de que el máximo representante de la región española tomara la irreversible decisión de declarar la independencia de Cataluña de manera unilateral.

El pleno estaba convocado en horas de la tarde de ayer, todos los diputados estaban sentados en el hemiciclo, pero la escena política más esperada de la historia reciente de España se retrasó 1 hora y 12 minutos.

La razón fue que el propio Puigdemont pidió una tregua para negociar in extremis con los socios de su propio gobierno su declaración. Un espectáculo esperpéntico que terminó con una ambigüedad falaz.

El presidente catalán declaró la independencia, pero la dejó inmediatamente en suspenso en favor del diálogo: “Proponemos suspender durante unas semanas la declaración de independencia para entrar en una etapa de diálogo y llegar a una solución acordada para avanzar en las demandas del pueblo de Cataluña”, manifestó.

“Si todo el mundo actúa con responsabilidad, el conflicto se puede resolver de manera serena”.

Carles Puigdemont Presidente de Cataluña

Antes de eso, había legitimado la declaración unilateral de independencia (conocida como DIU, por sus siglas) tras avalarse en los resultados del referéndum ilegal del pasado 1 de octubre votado por menos del 42% de los catalanes -según sus propios datos- y sin ningún tipo de garantía básica.

“Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente”, reiteró. “Si todo el mundo actúa con responsabilidad, el conflicto se puede resolver de manera serena. Por nosotros no quedará”, indicó.

Puigdemont comenzó su discurso muy conciliador, pero en seguida puso el dedo en la llaga al referirse a las cargas policiales del día de la votación. “Lo vimos todos, también lo vio el mundo que se horrorizó. El objetivo no era requisar las urnas, sino que la gente se quedara en casa y rechazara ir a votar”.

En su alocución también pronunció palabras en castellano que dirigió a los españoles en su conjunto: “No somos unos delincuentes, ni unos locos ni golpistas ni abducidos”. “No tenemos nada contra España y los españoles”, siguió.

Asimismo, tendió la mano al gobierno central en un intento de rebajar la tensión: “Hoy el gobierno de Cataluña hace un gesto de responsabilidad y generosidad, y vuelve a tender la mano al diálogo. Si en los próximos días todo el mundo actúa con la misma responsabilidad y cumple con sus obligaciones, el conflicto entre Cataluña y España se puede resolver de manera serena y acordada, y respetando la voluntad de los ciudadanos”.

Tras la declaración de Puigdemont, la adrenalina separatista que recorría las calles de Barcelona – plagadas de esteladas (banderas independentistas) y carteles con escritos como S.O.S democracia- se convirtió primero en confusión y después en decepción.

La gente que siguió en directo las palabras del máximo representante del gobierno catalán abandonó la zona en masa y a los aplausos sobrevinieron los abucheos. Una sensación también presente en el ala más radical de su gobierno.

De hecho, al terminar el pleno, el presidente de Cataluña firmó un documento informal de declaración de independencia en un texto sin membrete, en el que solo figuraba el escudo de la Generalitat.

Este documento fue interpretado por los expertos como un gesto para contentar a la CUP, una formación política presente en el gobierno de Cataluña de marcado carácter anticapitalista y una de las grandes protagonistas del proceso soberanista.

Sin embargo, a efectos jurídicos, el Parlamento de Cataluña no votó nada y, por lo tanto, en la práctica, tanto las palabras de Puigdemont como ese documento son opiniones políticas sin ningún valor.

 ¿MEDIACIÓN INTERNACIONAL?

De momento, la idea de una mediación europea que equilibre los intereses de las partes y trate de resolver la crisis no está sobre la mesa.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, la rechazó de forma tajante.

“Si intervenimos, damos la razón al que no respeta la regla del derecho”, dijo en un coloquio en Fráncfort ayer martes.

El mandatario francés se declaró confiado en que lo que llamó“un golpe de fuerza (…) por parte de los catalanes” se resuelva pacíficamente.

A esa voz de censura, se sumó la del secretario general del Consejo de Europa, Thorbjorn Jagland.

Antes de eso, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, instó con firmeza a respetar el orden constitucional en España y pidió expresamente a Puigdemont que no anunciara una decisión que haga “imposible” el diálogo con el gobierno central.

Lo hizo en el Comité de Regiones de la Unión Europea, un órgano comunitario que representa a las regiones, pero sin poderes y con carácter consultivo.

La reacción del Gobierno no se hizo esperar. El propio presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, había asegurado antes del discurso de Puigdemont que una supuesta declaración de independencia no tendría ningún tipo de efecto.

Fue la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, quien compareció en el Palacio de la Moncloa y valoró las palabras del presidente de Cataluña: “Después de haber llegado tan lejos, Puigdemont ha sumido a su comunidad autónoma en el mayor nivel de incertidumbre.

Su discurso ha sido el de una persona que no sabe dónde está, adónde va y con quién quiere ir”, manifestó. “Sin volver a la legalidad ni a la democracia, Puigdemont no puede imponer una mediación”, agregó.

Hoy por la mañana está convocado un Consejo de Ministros extraordinario para decidir la estrategia del gobierno central.

En esta reunión está previsto que el Gobierno decida si aplica el artículo 155 de la Constitución, una prerrogativa excepcional que nunca se ha puesto en marcha y que le permitiría suspender la autonomía de Cataluña y la convocatoria de elecciones.

Nulo respaldo a la secesión

Si el Parlamento o el Gobierno de Cataluña decidieran separarse de España unilateralmente su decisión no contaría con el reconocimiento por parte de la comunidad internacional, que consideraría  ilegal o ilegítima la secesión, y, por tanto, la invalidaría. En este sentido, son varios los gobiernos que han avisado de que no reconocerán la decisión unilateral de Cataluña.

La portavoz  de la Casa Blanca, Sarah Sanders, aseguró que la posición de EU respecto al conflicto catalán no ha cambiado desde que el presidente Donald Trump se reuniera en Washington con el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy. El canciller de México, Luis Videgaray, también ha anunciado que no reconocerá a Cataluña como un Estado independiente si así lo decide de manera unilateral el gobierno catalán. Por su parte, el ministro de Exteriores de Italia, Angelino Alfano, ha sido un poco más duro en su condena al tildar de ‘inaceptable’ la declaración de independencia del gobierno catalán.

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