Hasta luego, Aristóloga

La escritora gastronómica Ana Alfaro, cuyo seudónimo en la faena periodística en ´La Prensa´ era Aristóloga, perdió la vida ayer tras complicaciones de salud. Tenía 56 años.

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murió la columnista que firmaba cada miércoles con su verdadero nombre una nota de gastronomía en el diario La Prensa, y una crítica culinaria bajo el seudónimo de Aristóloga.

Su legado queda impreso en este diario, para el cual colaboró desde el 8 de abril de 1999 cuando reseñó los restaurantes La Cocotte y Athen´s Pizza, de calle Uruguay.

Fueron los primeros de muchos locales que Aristóloga visitó con sus RDT (reclutas de turno) como les llamaba a sus secuaces en su labor de degustación.

Cuando se le contrató para brindar sus servicios no pudo ser más feliz, pues le “pagarían por comer”, rememora Gustavo Gorriti, director asociado del diario en ese entonces.

“Uno de los talentos más ejercitados y mejor desarrollados en Anita era el de la ironía, que podía variar entre la paradoja y el sarcasmo. Gracias a sus excelentes críticas y reseñas, los panameños pudieron, a su turno, saber dónde comer mejor”, comenta el periodista.

Gorriti cuenta que durante un buen tiempo buscó, sin éxito, una persona que tuviera el conocimiento, el estilo y la valentía intelectual para hacer crítica gastronómica en Panamá. “Al hablar del tema en una conversación con Cuquita Arias de Calvo, ella me dijo que conocía a la persona con las mejores calificaciones y el más cumplido talento para llevarlo a cabo. Y vaya que los tenía”, comparte.

Además, Alfaro publicaba para La Prensa la columna “Língua”, primero en el suplemento Mosaico y luego en la revista Vivir+ Dominical. La primera salió el 5 de enero de 2003 con el título “Las lenguas de Tolkien” y la última fue “Cuando escampó en noviembre”, el 10 de noviembre de 2013.

Estudió administración de empresas en la Universidad Santa María la Antigua y japonés en la Sophia University, en Tokio. Fue traductora e intérprete de inglés-español y gerente regional de Hermès Parfums.

EL SEUDÓNIMO

Fue un esfuerzo mantenerla anónima todo el tiempo posible, aunque “su presencia en un restaurante era memorable; de manera que muy pronto se perdió el factor sorpresa. Pero su estilo, que combinaba la erudición con el humor, y ambos con el obvio deleite que le inspiraba su trabajo, unido a una gran honestidad intelectual y gustativa, le dio un sello único a sus columnas”, dice Gorriti.

“Cuando volteo atrás y veo el recorrido que Anita hizo con su trabajo solo me puedo quitar el sombrero. Ha recorrido todo Panamá en búsqueda de cualquier rincón que pretende la palabra ´restaurante”, señala el chef Fabien Migny, de La Cocotte.

AMADA Y ODIADA

Aristóloga marcó “un mito vivo, una autoridad”, considera Migny. “Tuve la suerte de compartir varios RDT con ella, y siempre la complicidad y el respeto mutuo nos acompañaban. Hizo la gloria de muchos chefs en Panamá, y la desgracia de otros, pero hacía lo correcto: transmitir sus experiencias en cada momento; no había favor para nadie”.

De su legado, la chef Carolina Rodríguez, de La Posta, destaca su “enorme conocimiento y precisión. Evitó pretensión en su forma de escribir y en el sujeto de su escritura”.

El chef Charlie Collins afirma que tenía una “gran personalidad, inteligente y con ese ´don´ de la pluma tanto en la rama de la gastronomía como en otros temas; algunas personas han tratado de igualarla sin éxito. En ocasiones sagaz y atrevida, pero muy acertada”.

Cuquita Arias de Calvo, quien acompañó a Alfaro en los miércoles de gastronomía de La Prensa, recuerda que Ana fue muy dura, pero justa con los primeros restaurantes que visitó. “En Panamá no estábamos acostumbrados a esto. Ella consiguió que los restaurantes se esmeraran en hacerlo bien. Tal era el temor a Aristóloga, que cuando algunos conocieron de quién se trataba, colocaban su foto en las cocinas de los restaurantes para que si Anita llegaba, los saloneros dieran la voz de alarma”.

hablan los RDT

El cardiólogo Daniel Pichel y su esposa, quienes fueron amigos muy cercanos a ella, la describen como “desinhibida, irreverente y una amiga fiel”.

Pichel, que también fue su médico y uno de sus RDT, la cataloga como “la primera crítica gastronómica regular que recuerdo haya habido en Panamá”.

Al pedirle recordar una anécdota con Alfaro, a Pichel se le viene una. “En una ocasión yo estaba en un restaurante con unos invitados, y no tenía claro qué pedir. La llamé para preguntarle una recomendación. Me dijo que me llamaba en unos minutos, que estaba ocupada. Cinco minutos después salió el chef y nos dijo: ´acaba de llamarme la señora Ana Alfaro para decirme el menú que comerán. Pocas veces comí tan bien en un restaurante”.

El neumólogo Bruno Hammerschlag tenía una larga amistad con Alfaro. “Desde que nacimos éramos vecinos, patio con patio”.

En su opinión, Panamá le debe a Alfaro haber creado y madurado la crítica culinaria a un nivel que envidiarían ciudades del mundo con mucha mayor población y tradición gastronómica y enológica.

“Su mentor, Paco Villón, el famoso crítico culinario puertorriqueño y autor de numerosos libros de gastronomía, recientemente fallecido, me dijo que Anita era ´una de las mentes más agudas, ágiles, autorizadas e informadas que tenía la gastronomía de Latinoamérica y que era ´una suerte para nosotros, tenerla´. Esto la llenó de orgullo, pero jamás la escuché citarlo en público”, comparte.

Hammerschlag cuenta que “una cosa era ir a un restaurante y sentir los ricos (o no tan ricos) sabores en cada platillo, y otra cosa hacerlo con Anita. Era una experiencia inigualable”.

En palabras del pediatra e infectólogo Xavier Sáez-Llorens, amigo de Alfaro desde hace 10 años, “la mejor estrategia para obtener una precisa recomendación sobre ir a cenar y no defraudar el bolsillo, era leer los artículos de Aristóloga cada semana. Tan atinadas y populares eran sus críticas, que su visita inesperada a los restaurantes provocaba enormes angustias en propietarios, chefs y meseros”.

Cada vez que su esposa o una de sus amigas necesitaba hacer una reunión que deleitara a los comensales, solo bastaba llamarla. “Ella, basada en las cualidades de los invitados (cultura, origen, etnia, etc.), enumeraba una buena lista de distintas opciones. Sus recetas nunca fallaban y se convertían en protagonistas de la velada”.

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