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EU DESCLASIFICA DOCUMENTOS SOBRE DICTADURA CHILENA

La mano tras el ‘caso quemados’

El Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington publicó los documentos y serán entregados al juez.

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La superviviente Carmen Gloria Quintana habla a la prensa después entregar una carta a la presidenta Michelle Bachelet y pedir justicia por el ‘caso quemados’. La superviviente Carmen Gloria Quintana habla a la prensa después entregar una carta a la presidenta Michelle Bachelet y pedir justicia por el ‘caso quemados’.
La superviviente Carmen Gloria Quintana habla a la prensa después entregar una carta a la presidenta Michelle Bachelet y pedir justicia por el ‘caso quemados’.

El dictador chileno Augusto Pinochet (1973-1990) fue el principal encubridor del caso de dos jóvenes que fueron quemados vivos por militares en 1986, según documentos desclasificados del Gobierno estadounidense.

Los documentos, que proceden de la Casa Blanca, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Estado, revelan que ese encubrimiento duró casi tres décadas e incluyó el secuestro e intimidación de testigos, así como el ejercicio de presión sobre jueces y abogados chilenos.

Mientras, el Gobierno de Chile anunció que traducirá al español esos documentos y los pondrá a disposición del juez que investiga el “caso quemados”, como se conoce el ataque que en 1986 se cobró la vida del fotógrafo Rodrigo Rojas, entonces de 19 años, y dejó malherida a Carmen Gloria Quintana, de 18.

El juez Mario Carroza reabrió la semana pasada la investigación del caso después de la confesión de un exrecluta que formó parte de la patrulla que quemó a los jóvenes. Desde entonces, 12 militares retirados han sido detenidos y procesados.

Según un documento desclasificado del Departamento de Estado de EU, solo cinco días después de la muerte de Rojas el general Rodolfo Stange, entonces jefe de la Policía, hizo entrega a Pinochet de un informe en el que se identificaba a las unidades militares responsables del crimen. Pinochet dijo a Stange que no se creía esa información y se negó a recibir el informe.

Posteriormente, Stange entregó el informe al general Santiago Sinclair, entonces vicecomandante en jefe del Ejército, quien supervisó“intensos esfuerzos para silenciar a testigos y enterrar las pruebas”, según los documentos.

En otro texto, de la Agencia de Defensa de Inteligencia, se afirma que un testigo “fue secuestrado brevemente” y “amenazado” para que cambiara su testimonio, mientras que la CIA sostiene en una nota que funcionarios del régimen “intimidaron” a jueces y abogados para detener los esfuerzos de llevar ante los tribunales a los responsables del ataque.

Para el analista Peter Kornbluh, del Archivo de Seguridad Nacional y quien obtuvo los documentos, el asesinato de Rojas, que residía en Washington, contribuyó a la decisión del entonces presidente, Ronald Reagan, de retirar su apoyo al régimen de Pinochet.

El ministro de Exteriores chileno, Heraldo Muñoz, reaccionó tras la noticia. Afirmó que el Gobierno sabía de la existencia de estos documentos desde hacía algún tiempo y que mantiene conversaciones con el Ejecutivo de EU para conocer el contenido de párrafos que aparecen tachados en esos y otros textos desclasificados de la época del régimen militar (1973-1990).

Muñoz dijo en una rueda de prensa que los documentos desclasificados contienen “mucha información” y pueden aportar “datos significativos” a la investigación.

Mientras, la superviviente del ataque expresó que “sospechaba” que Pinochet estuvo detrás del encubrimiento. “En Chile no se movía ni una hoja si Pinochet no lo sabía, por lo tanto es el autor y encubridor de este grave atentado a los derechos humanos”, remarcó Quintana, quien sufrió quemaduras en el 62% del cuerpo.

“Todos sabemos que Pinochet estaba perfectamente informado y no solo él, sino todos sus ministros y el conjunto de las Fuerzas Armadas”, añadió.

Rojas y Quintana fueron detenidos por una patrulla militar el 2 de julio de 1986 en un barrio de Santiago, rociados con gasolina y quemados vivos. Después, los soldados los llevaron a las afueras de la ciudad y los arrojaron a una zanja junto a un camino rural de la que lograron salir unas horas más tarde y pedir ayuda, aunque Rojas falleció 96 días después.

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