HISTORIA. 45 AÑOS DESPUÉS DE LA MASACRE DE TLATELOLCO.

La matanza que vio Fallaci

El Comité 68 planea realizar hoy una marcha desde la plaza de las Tres Culturas, donde se produjeron los hechos, hasta el Zócalo.

En México había rabia. Había indignación, ansias de cambio. Había conciencia social y política.

Profesionales, estudiantes, obreros y amas de casa denunciaban la corrupción. “No más gobernantes rateros”, se planteaba en las manifestaciones. “El juego político no es olímpico”, decía otro cartelón.

El gobierno les parecía podrido. Daba los permisos para las manifestaciones; luego venía la policía con la anulación del permiso y caían los garrotazos.

“Esto es México, ¿comprende?”, le respondió un funcionario a la periodista italiana Oriana Fallaci cuando le preguntó si la Constitución mexicana permitía o no la protesta. Era 1968.

Precedente inmediato

De protestas anteriores habían quedado heridas. Sin respuestas del gobierno a las reclamaciones, varios de los dirigentes del llamado Consejo Nacional de Huelga (organizadores del movimiento) habían terminado presos y los que tomaban la batuta reclamaban su libertad, la destitución de varios militares, indemnización para las víctimas y el deslindamiento de responsabilidades.

Fallaci era periodista, de las buenas. Enviada por el L´Europeo a cubrir las manifestaciones estudiantiles en México, su nombre es conocido por las coberturas de guerra y las entrevistas que hizo a personajes como Henry Kissinger, el ayatola Jomeini, Muammar Gaddafi, Federico Fellini, Mao Tse Tung, Indira Gandhi y Robert Kennedy, entre otros.

Así que Fallaci estaba en México ese 2 de octubre de 1968, cuando miles de personas –entre 5 mil y 10 mil, la mayoría estudiantes, “de 13, 14, 16 años... máximo 23 o 24, chicos pobres, desaliñados, los hijos de los obreros, llenos de pasión”, contó ella– se reunieron en la plaza Tres Culturas. En Tlatelolco.

El presidente priísta de entonces, Gustavo Díaz Ordaz, ya había dicho que todo tenía un límite. “No podemos seguir permitiendo que se rompa el orden jurídico”, señaló, no sin antes enumerar los perjuicios, vejámenes, actos de vandalismo y desorden que habían provocado quienes participaban en las protestas.

La masacre

“¿Contra qué estamos luchando los estudiantes?”, se oye en el documental El Grito, de Leobardo López Aretche. “Se ha venido diciendo que esta es una conjura comunista, que los estudiantes son revoltosos, antipatriotas”.

Esa era la imagen que se proyectaba en los medios.

Entonces un helicóptero soltó unas bengalas mientras sobrevolaba Tlatelolco. Fallaci lo vio y advirtió que aquello era la señal para empezar una operación. Antes de poder reaccionar, miembros del Batallón Olimpia empezaron a disparar hacia la multitud desde un edificio. El ejército, rodeando toda la plaza, hizo lo mismo.

La historia cuenta que la balacera se prolongó hasta las 11:00 de la noche. Que empezó a llover y el agua se mezcló con la sangre. Que a la mañana siguiente, el ejército había colocado aserrín en la plaza para ocultar las manchas.

Fallaci diría que nunca había sentido el dolor que sintió aquella tarde/noche en México. No se refería al picor lacerante de las tres heridas de bala que recibió, sino a la desproporción. Porque en las guerras, contaría, se sabía que ambos lados tenían armas; que de ambos bandos vendrían disparos.

Como se oye decir a alguien en el documental: “Se contaba con la represión... pero no de la magnitud... Fue feroz, inusitada, cobarde, que cortó de tajo al movimiento y la vida de 300 mexicanos”.

12 días después empezaron los Juegos Olímpicos en la capital azteca. Fallaci diría que le pareció increíble que ninguna delegación abandonara el recinto.

Los nombres detrás de los hechos

Gustavo Díaz Ordaz pasó a la historia, tal como lo predijo en alguna entrevista. Pero no como él se lo imaginaba, sino más bien por su buena disposición para hacer uso de los “granaderos” –así le dicen en México a los antimotines– y de toda la fuerza armada para reprimir las manifestaciones que en 1968 sacudían México.

45 años después de aquella tragedia, los familiares de los fallecidos todavía esperan respuestas. Aunque el gobierno ha admitido que hubo apenas 37 muertos, grupos de derechos humanos aseguran que al menos fueron unos 300.

Junto con Díaz Ordaz, los otros dos hombres señalados como responsables son el expresidente Luis Echeverría (1970-1976), que era el secretario del Interior cuando la matanza; y el secretario de Defensa Nacional, Marcelino García Barragán.

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