ARTESANÍAS. protegidas por las leyes 20 y 242.

La mola nació en Panamá

Las leyes 20 y 242 protegen la artesanía tradicional de los pueblos indígenas, afirmó Ulpiano Prado, del Ministerio de Comercio e Industrias.

En vía Veneto hay cuatro puestos de venta de molas improvisados. Son mesas rebosantes de bolsos adornados con esta técnica de costura, la cual también la adaptan al tamaño de un monedero o simplemente la exhiben como lienzos para que el potencial cliente decida qué hacer con ella.

Las manos de Hermelinda Jiménez, originaria de Ustupu, comarca Guna Yala, están ocupadas cosiendo retacitos de tela con pequeñas puntadas; a su lado tiene un collar de hilos de colores. Jiménez instala su mesa desde las 7:00 de la mañana y pasa el día allí, sentada sobre un tanque, cosiendo y pendiente de cualquier persona que le eche un vistazo a su mercancía, hasta que se hagan las 8:00 de la noche.

Diseñar, cortar y coser es el proceso que exige la fabricación de una mola. Jiménez explica que ella solamente cose y que una amiga es la que hace el diseño.

Un lienzo de 24 por 48 pulgadas que le puede tomar casi tres meses de costura a Jiménez, a razón de una a tres horas al día, ella lo oferta por $80. La blusa de su vestido tradicional, que forma parte de su dule mor, oscila entre $50 y $80, dependiendo de la complejidad del diseño.

En esa misma calle hay locales que ofrecen las blusas del vestido tradicional guna por $25 y lienzos enmarcados de técnica notablemente mediocre por $24.

Asimismo en esa hilera de comercios se pueden apreciar calzados forrados en mola. ¿Dónde ha sido hecho este trabajo? La vendedora de turno de la pequeña tienda no sabe dónde se fabrica el producto.

“Se da el caso que este producto es vendido en otros países y se piensa que es realizado de una manera fraudulenta. Pero sabemos que los indígenas gunas han migrado a otros países y allá están produciendo lo que ellos saben hacer. Por ejemplo, en Costa Rica... igual pasa en Colombia”, dijo Ulpiano Prado, del Departamento de Derechos Colectivos del Ministerio de Comercio e Industrias (Mici).

Propiedad Guna

En el año 2002 la comunidad Guna, representada por cada uno de sus cuatro congresos, inscribió el derecho colectivo Mola Guna Panamá en la Dirección General del Registro de la Propiedad Industrial del Mici, aclaró Prado.

En el artículo 3 de ese documento se establece que el logotipo para reconocer una legítima mola guna es a través de la imagen Kalus Tukbis (ver ilustración), que significa “arte de la mujer”. Pero ninguno de los vendedores de mola de la etnia guna, de la vía Veneto, ni conoce este derecho colectivo ni el peso legal del logotipo.

Hay dos leyes que también, en teoría, protegen esta técnica de costura originada hace poco más de 100 años en la comarca Guna Yala, a cargo de sus mujeres.

El artículo 17 de la Ley 20 de Derechos Colectivos de los Pueblos Indígenas y sus Conocimientos Tradicionales advierte que no pueden ser ingresados al istmo “los productos no originales, sean grabados, bordados, tejidos o cualquier otro artículo que imite, en todo o en parte, la confección de los vestidos tradicionales de los pueblos indígenas...”.

Asimismo, el artículo 42 de la Ley 242, aprobada en 2011, ratifica esta prohibición. Mientras que sus artículos 43 y 44 obligan a los establecimientos comerciales que exhiban souveniers a identificar y separar los artículos promocionales provenientes del extranjero e identificar su país de procedencia.

En el extranjero

La estética colorida de la la mola ha ido introduciéndose de a poco en la moda y estilo de vida internacional. La prueba está que en la tienda Bergdorf Goodman, de Nueva York, que vende cojines forrados en mola; en España, las mujeres caminan con sandalias forradas en mola, y la marca brasileña Neon la incluyó en una colección en 2010, y apareció en la revista Vogue, pero los compradores no saben de su origen.

Valor de cada pueblo indígena

En 2011 el departamento de Derechos Colectivos del Ministerio de Comercio e Industrias comenzó a desarrollar un proyecto de salvaguarda y protección de los conocimientos tradicionales, en general, de toda la población indígena panameña, explicó Ulpiano Prado, jefe de esta oficina.

El proyecto tiene una proyección de cuatro años, y su objetivo es levantar el inventario del patrimonio material y cultural de los Guna, Ngäbe Buglé, Emberá y Wounaán, Naso y Bri-Bri, para recopilar este conocimiento ancestral y plasmarlo en libros. El funcionario agregó que el inventario sirve para buscar una protección jurídica, “porque no todo el conocimiento está registrado”.

Adelantó que ya se levantó el de Guna Yala. Asimismo se crearán centros de visitantes donde los turistas puedan conocer el patrimonio de cada pueblo, dijo.

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