CIUDAD. proliferación de locales de diversión nocturna.

La noche en calle 18

En pocos metros brillan sitios como discotecas, ´nightclubs´, pensiones, centros de apuestas, salones, cantinas y clubes de desnudistas.

Jueves en la noche en la Avenida Central. Mientras las vendedoras de los almacenes se van, las bailarinas llegan, listas para comenzar su trabajo.

Se acabaron los baratillos y ofertas. Pero no para todos; para los que buscan los negocios nocturnos todo comienza.

La calle 18 de Santa Ana es un ejemplo de cómo cambia la antigua ciudad y proliferan los negocios, el juego y la diversión para adultos.

Parece mentira que a solo unos pasos del McDonalds, el de la Cajita Feliz y de Ronald McDonald, florezca esta pequeña “zona rosa”.

Una calle donde siempre se ha mantenido uno que otro bar, ahora es uno de los principales centros para los amantes de la noche, para un público popular.

“Las luces y la música me llaman”, asegura José Guevara, un asiduo visitante de estos bares y clubes.

Hay de todo

Un conteo rápido deja el saldo de una decena de locales, entre discotecas, night clubs, pensiones, centros de apuestas, salones, cantinas y billares. Todo concentrado a lo largo de los 50 metros de la calle, desde la Central hasta la Avenida B.

Guevara acude ahora a la nueva discoteca Los Potrillos, construida en el subterráneo del edificio Ilusión, al comienzo de la calle.

Al recorrer la vereda se ven las promesas en cada fachada. Algunos ofrecen olvidar los problemas como el bar “Amnesia”. Otros, acabar con las tristezas como el “Club bar feliz”. También están los motivos del mar: Beach y La Sirena.

Comienza la función

Las mujeres que laboran allí fuman afuera respetando la prohibición de hacerlo en lugares cerrados. Es su hora de descanso.

El show principal se da en medio de neblina falsa, con música romántica. La bailarina, menuda y algo huesuda, se desviste sin sonreír alrededor de un tubo. Al final de su número no hay aplausos.

Bajo un cielo celeste y con nubes pintadas en el techo, los comensales son atendidos por mujeres, la mayoría colombianas o dominicanas. “Yo soy de Panamá, de Darién”, aclara una de ellas, de unos 20 años y con una minifalda.

Pagando módicas entradas de $2 o cervezas a $1.25, los parroquianos pueden ver a la desnudista directamente o a través de las pantallas planas puestas en las paredes.

La calle no duerme. Un grupo de jugadores se entretiene con el dominó, mientras a pocos metros empleados de una distribuidora cervecera descargan cajas de Atlas. Hay puestos de comida criolla en la vereda, donde caminan los peatones rodeando las bolsas de basura que se quedan allí malolientes hasta que pasa el camión del aseo.

Edy Barrios vive desde hace 34 años en un edificio cercano y cree que la calle cambió. En el día todo parece normal, pero de noche “abundan los bares de ocasión con bailarinas y cuartos. En general todo es tranquilo, pero a veces se dan peleas”.

Antes existía solo el Salón Maravilla. Ahora a cada rato abren nuevos lugares de diversión.

Los bares y clubes han reemplazado a otros tipos de negocio, como puestos de artesanías, perfumerías y mueblerías.

“Teníamos nuestro negocio allí, pero las condiciones de seguridad y limpieza eran muy difíciles”, cuenta Luis Cuba, de la distribuidora de artesanías IntiRaymi.

“Es un riesgo vender artesanías allí, con personas de mal vivir, maleantes. Primero se fue la perfumería, luego nosotros. Era crítico, es una zona roja”, cuenta el comerciante que trasladó su local cerca a la plaza 5 de Mayo.

Donde antes estaba IntiRaymi ahora funciona un negocio de striptease.

Ariel Berguido, jubilado, dice que crió a sus hijos hasta que fueron profesionales en la calle 18 y nunca tuvo problemas. Hoy todos le dicen “ni vayas por allá, que asaltan”.

Permisos en regla, ¿y el respeto?

Los permisos están en regla y se hacen las inspecciones en los locales de diversión para adultos, según comentó un funcionario de la junta comunal de Santa Ana, aunque el representante Yahir Martínez no estuvo disponible para comentar sobre el tema.

Esta proliferación de bares de ocasión envía mensajes negativos a la comunidad, advierte Toribia Venado, subdirectora general del Ministerio de Desarrollo Social.

“Si se cumple con los requisitos estos locales pueden funcionar, pero lo que se necesitan son lugares de esparcimiento sano donde pueda asistir la familia y no solo hombres”, explica la funcionaria.

Los centros nocturnos están ubicados en áreas donde también hay problemas de pandillerismo, consumo de drogas y delincuencia, añade.

“Así como se brindan estos permisos, se debieran promover espacios de entretenimiento como parques y gimnasios”, opina Venado.

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