EN Panamá hay más de 2 mil 500 edificios altos

El peligro de vivir en lo alto

Las caídas son la segunda causa mundial de muerte por lesiones accidentales o no intencionales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
ALERTA. Las mallas bien colocadas y resistentes en sitios clave de ... ALERTA. Las mallas bien colocadas y resistentes en sitios clave de ...
ALERTA. Las mallas bien colocadas y resistentes en sitios clave de ...

Hace unas semanas un niño de cinco años cayó de un quinto piso, al deslizarse por los barrotes de su apartamento en Plaza Amador, San Felipe. Su caída fue amortiguada por un techo y solo sufrió un par de fracturas. El niño dijo que iba “detrás de una pelota”, según el capitán Ángel Delgado, del Cuerpo de Bomberos de Panamá.

El año pasado se reportaron 10 caídas de edificios altos -según Delgado- y en lo que va de 2014 se han registrado dos accidentes de este tipo, incluyendo la fatal caída de un niño de 10 años. En Panamá hay más de 2 mil 500 edificios altos, cifra estimada por los bomberos.

Arcadia Quintero, vocera del Hospital del Niño, dice que en el Departamento de Estadísticas de ese hospital no hay un registro de este tipo de accidentes, “son muy pocos los casos”.

Según un informe de la Comisión Europea de 2010, citado por la arquitecta María Flavia González Arias, en el reportaje Los niños y las alturas, de entremujeres.clarin.com, la caída accidental de ventanas y balcones desde alturas es una de las principales causas de muerte y de lesiones cerebrales u óseas permanentes en niños menores de cinco años.

SEGURIDAD EN EL HOGAR

El capitán Delgado indica que la primera causa de los accidentes en infantes es el descuido de sus padres, o de la persona que esté a cargo del niño.

“Ningún manual de seguridad estipula los cuidados que debes tener con tus hijos; uno debe empaparse sobre las medidas que debe tener en donde viven. Es importante que las puertas tengan las cerraduras correctas y que funcionen, que el balcón tenga rejas a una altura considerable, para que el niño no pueda introducir la cabeza”, afirma .

Si la constructora lo permite, debe cercar el balcón y ventanas, con verjas o mallas de proyección. “Pero lo más importante es evitar el acceso del niño a los balcones y ventanas”, explica el experto en seguridad.

Andrea Horvath, de Netsafe Inc., empresa dedicada a la venta de mallas de seguridad, explica que por estética los arquitectos de los edificios no permiten colocar verjas. Sin embargo, considera que uno debe tener libertad de brindar la seguridad adecuada para sus hijos. Su compañía tiene más demanda en los últimos meses, cuyo producto consiste en mallas invisibles que se adaptan con marcos creados con aluminio y poliamida, flexibles y resistentes a la humedad y al salitre.

El marco se fija a la superficie con tornillos de acero inoxidable y se sujeta a cada rombo de la malla mediante arpones de poliamida. Esta malla es de rombo pequeño, hecha de monofilamento de nylon, con una resistencia de 140 kilogramos por metro cuadrado.

Vagner Alves, de Panamapro, que vende mallas de protección Equiplex, cuenta que el producto está fabricado con 21 hilos torcidos de polietileno de multifilamento con nudos. Estas mallas soportan 300 kilogramos por metro cuadrado, contienen antioxidantes, no conducen electricidad, no absorben agua y duran 10 años ante la intemperie y el salitre. Alves sostiene que hasta la fecha no se han registrado accidentes en donde el producto ha sido instalado.

El vendedor aconseja asegurar todas las áreas de riesgo como balcones, terrazas, ventanas o aleros y escaleras. “De nada sirve tener mallas de protección en la terraza y dejar las ventanas desprotegidas”. Esta idea es apoyada por Andrea Horvath, de Netsafe Inc. “Hemos tenido casos de ventanas que se han caído completas de los apartamentos”.

El arquitecto Luis Alberto Carballeda explica que los balcones y ventanas por definición son elementos abiertos que tienen un riesgo alto en edificios y uno debe tomar previsiones, como retomar las ventanas de paletas (comúnmente conocidas como “Miami windows”), que a su vez ofrecen los beneficios de confort para el trópico. Y recalcó la necesidad de las mallas de seguridad en los balcones, puertas de seguridad para niños y sensores que avisan por dónde circula el niño. También manifestó que se debe promover un código técnico para edificios, el cual no existe en la actualidad.

CON MÁS FRECUENCIA

A criterio del arquitecto, además de la falta de vigilancia, los accidentes infantiles normalmente se deben a que el cliente no evalúa los riesgos del inmueble, ya sea nuevo o antiguo. Hace hincapié en no dejarse llevar por las modas y evitar ventanas y barandas que permitan escalar. Asimismo, se debe elegir el mobiliario y decoración adecuados para la seguridad de los niños.

Delgado concuerda con que el común denominador es el descuido y la falta de atención de los padres a los tutores de sus hijos, además de la cantidad de objetos y situaciones ambientales que llaman la atención. Al haber más objetos llamativos, el niño va en su búsqueda y lamentablemente tiene acceso a áreas como balcones y ventanas. “A veces nos cuesta creer que un niño de un año puede treparse a una ventana, por una cama... y sí, lo hace”.

Delgado señala que un niño de un año cabe perfectamente en una reja de 30 centímetros de ancho porque se desliza y se adapta, ya que su cuerpo es muy flexible. “Tenemos que creer que las cosas pueden pasar”, afirma.

PENSAMIENTO MÁGICO

La psicóloga Dashna Chavarría explica que la sensación de peligro es distinta en cada niño. Además, la fantasía que tengan en sus mentes puede afectar la forma en que ven el mundo.

“Hay un bombardeo de la televisión y la publicidad que puede hacer que los niños sientan que es posible tirarse porque vio que el superhéroe lo hizo y no le pasó nada...”.

Al respecto, Genievieve Barb, psicóloga de clínica de niños y adolescentes, dice que los niños presentan a edades tempranas -alrededor de los tres a los seis años- el “pensamiento mágico”, que es cuando se cree que todo es posible y la lógica tiende a satisfacer sus propios intereses. “De esta manera surge la fantasía y la capacidad creativa que se mezclan con la realidad”.

CONDUCTA Y EDUCACIÓN

Chavarría manifiesta que en los casos en que la mente tiene fantasías, la sensación de peligro “no está instaurada y puede estar relacionada a cómo se le educa en casa”. A su criterio, hay ciertas alertas que pudieran avisar a los padres que hay que prestarle mayor atención a los niños y que no tienen desarrollado el sentido del peligro.

Por ejemplo, si el niño se tira en una calle sin mirar a los lados, si es muy agresivo con las mascotas, o lo contrario, si hay un perro furioso y corre a tocarlo, o si es agresivo con otros niños.

La personalidad, la salud emocional, mental y las características que tenga el niño también pueden influir en la percepción del peligro que tengan, incluso hasta para las personas adultas, “porque no hay una conciencia plena del movimiento o del peligro”, señala.

Barb coincide con Chavarría en que influye el comportamiento, ya que hay niños que tienden a ser más inquietos o activos que otros y tienen una especial motivación por conocer las cosas nuevas de su entorno.

“Por esta razón, los adultos que estén al cuidado de los niños que muestren estas conductas deben tratar de estar siempre pendientes de lo que los niños hagan”.

LA EDAD

Genievieve Barb dice que un estudio llevado a cabo por los psicólogos Eleanor J. Gibson y RD Walk, en la Universidad de Cornell, en 1960, demostró que la percepción de profundidad (altura) puede adquirirse a una edad tan temprana como los seis meses de edad, a través del aparato conocido como “precipicio visual”.

Los investigadores descubrieron que los bebés expuestos al “precipicio” no avanzaban hacia el extremo de la mesa, sino que se paraban en el borde del vidrio donde la tela caía al piso.

“La conciencia acerca de otros peligros la adquirirá el niño mediante experiencias de aprendizaje que le provean personas de su alrededor acerca de las situaciones que se consideran peligrosas, como sus padres o hermanos mayores, su nana o la maestra de maternal”, advierte Barb.

Dashna Chavarría explica que desde que el niño cumple el primer año hasta los cinco años los padres deben aplicarle normas de conducta que relacionarán con lo que le digan, como “ten cuidado”.

“De acuerdo con la enseñanza que han tenido en casa, en algunos casos, hay niños que tienen la sensación del peligro más desarrollada que otros, sin importar la edad”, dice la experta. “Desde pequeños hay que ponerle los límites y las normas en casa de qué se puede hacer y qué no. A los cinco o seis años conocen bastante bien las normas”.

Hay que saber las características de los padres, de cómo han sido criados y su relación con el peligro, pues la transmiten a los hijos, ya que hay padres más cuidadosos que otros. “Más que la edad, hay que conocer la personalidad y características del niño”, sostiene Chavarría.

La consejera sostiene que uno puede pensar que un niño de 11 años tiene la edad suficiente para quedarse solo en la casa. Pero si es un niño inquieto, puede poner su vida en riesgo.

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