ELECCIONES

El peronismo domina en su totalidad la política argentina

Las primarias, a las que concurrió el 75% de los 34 millones de electores, se convierten, de hecho, en una encuesta a escala real, dos meses y medio antes de la primera vuelta presidencial.

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En una plaza de Buenos Aires, una mujer ondea una bandera que representa al tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón y a su esposa Eva Perón, durante una marcha por el aumento salarial de los docentes, en agosto pasado. En una plaza de Buenos Aires, una mujer ondea una bandera que representa al tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón y a su esposa Eva Perón, durante una marcha por el aumento salarial de los docentes, en agosto pasado.
En una plaza de Buenos Aires, una mujer ondea una bandera que representa al tres veces presidente argentino Juan Domingo Perón y a su esposa Eva Perón, durante una marcha por el aumento salarial de los docentes, en agosto pasado.

Juan Domingo Perón murió hace 45 años, pero su legado sigue dominando la política de Argentina. En este año electoral, el peronismo se ha vuelto ubicuo y varios de sus líderes se disputarán la victoria en las presidenciales de octubre desde coaliciones distintas.

Nada parece resistir al movimiento impulsado por el general a mediados de los años 40, ni siquiera el presidente Mauricio Macri, que está a punto de conseguir una hazaña: ser el primer mandatario no peronista que llega al término de su mandato desde 1928.

La omnipresencia del peronismo en las candidaturas se debe, en parte, a la impopularidad de las dos figuras que han protagonizado y polarizado la política argentina en la última década: el liberal Macri y la expresidenta Cristina Kirchner, una peronista de centroizquierda.

Macri, lastrado por la crisis económica, confiaba en poder repetir mandato si se enfrentaba a Kirchner, una figura tan amada como odiada en Argentina, salpicada por acusaciones de corrupción.

Pero esta sorprendió al anunciar su candidatura como vicepresidenta en una fórmula encabezada por Alberto Fernández, un moderado capaz de atraer a un sector más amplio del peronismo, que fue jefe de gabinete suyo y luego duro crítico.

“No podemos volver al pasado porque el mundo ve eso como el fin de la Argentina. El kirchnerismo ya gobernó...”.

Mauricio Macri, presidente de Argentina.

Resultado inesperado

La jugada obligó a Macri a unirse al destacado senador peronista Miguel Ángel Pichetto para salvar sus opciones electorales.

El resultado no fue el esperado para el mandatario. Fernández, que lidera la fórmula considerada más peronista, logró 47% de los votos en las primarias del domingo, por delante de Macri (32%) y una tercera opción, formada por los también peronistas Roberto Lavagna y Juan Urtubey (8%), que aspiraba a atraer desde el centro a quienes están hartos del presidente y de Kirchner.

Así se ha llegado a la situación actual rumbo a las elecciones presidenciales del 27 de octubre. Pero, ¿cómo es posible que peronistas se enfrenten en coaliciones que promueven políticas muy distintas?

La respuesta debe buscarse en los orígenes del peronismo. Y aquí conviene respirar hondo, porque no sirven las definiciones de izquierda, derecha y centro.

El movimiento nunca fue unitario, explica el historiador Gustavo Nicolás Contreras. Sus tres principios básicos -la soberanía política, la independencia económica y la justicia social- fueron lo bastante amplios para que distintas partes de la sociedad, como los obreros, la burguesía industrial o el sector más nacionalista del Ejército, se reconocieran en ellos.

Para el analista político Rosendo Fraga, esa indefinición ideológica está marcada por la figura de su fundador. “Perón podía girar de izquierda a derecha sin perder su objetivo político, que era alcanzar, retener o recuperar el poder”, dice.

Resistencia

El peronismo ha demostrado el don de la supervivencia. Resistió a dictaduras, a la muerte de su fundador, a derrotas electorales, y no estalló a pesar de la convivencia de tendencias opuestas, como las de extrema izquierda y derecha que llegaron a enfrentarse con armas en los años 70.

Contreras opina que la existencia de esos distintos pensamientos bajo la misma etiqueta se debe a la fortaleza del movimiento. “El peronismo es una oportunidad política, es el lugar que tiene peso político, que puede ofrecer la gestión del gobierno, la posibilidad de potenciar los intereses propios”, asegura. Dicho de otra forma, un caballo ganador.

La clave de la resistencia del peronismo “está en su capacidad de entender, procesar y representar la complejidad, ambigüedad y contradicción de la sociedad argentina”, afirma Fraga.

“Su capacidad de adaptación le permite mostrarse siempre como una opción de poder”, abunda Contreras.

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