FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS DE LA DICTADURA CUENTAN SU HISTORIA

´No hemos podido olvidar las amenazas y maltratos´

Las familias de los caídos en el golpe del3 de octubre de 1989 anunciaron que estarán vigilantes para que Noriega no salga libre.

“No permitiremos que Noriega salga impune por el asesinato de los 11 héroes que lo intentaron derrocar el 3 de octubre de 1989”, dijo decidida Luz Elaine de Lorenzo, viuda del capitán Nicasio Lorenzo Tuñón, una de las víctimas del último alzamiento contra el entonces dictador Manuel Antonio Noriega, preludio de su caída final tras la invasión estadounidense.

“Nunca pensamos que ese día cambiaría nuestros destinos de la manera que lo hizo, y que sería una cruz que cargaríamos durante tantos años”, acotó Lorenzo, ahora un tanto más sosegada.

“Han transcurrido 22 años desde que ocurrieron los hechos y no hemos podido olvidar las amenazas y los maltratos a los que fuimos sometidos”, añadió la viuda, que trabaja en una empresa de telefonía.

Y es que el caso de Nicasio Lorenzo Tuñón fue uno de esos en los que se puede decir que hubo doble carga emocional, doble incertidumbre, doble terror.

Lorenzo Tuñón fue acusado de participar en la intentona golpista liderada por el mayor Moisés Giroldi, pero no fue fusilado junto con los demás conjurados en el cuartel central, en el hangar de Albrook Field o en la cárcel de Tinajitas.

Pese a que en el parte de guerra difundido por las Fuerzas de Defensa dos días después del golpe, el 5 de octubre, se dijo que había muerto durante un cruce de disparos con las fuerzas leales a Noriega, su cadáver fue hallado colgando en una celda de la cárcel Modelo.

“Tenía un mes de embarazo de mi hijo más pequeño, que hoy tiene 22 años, pero no sabía nada y mi esposo tampoco, por lo que nunca supo de su existencia, y eso me causa un gran pesar. Mis otros hijos guardan un gran resentimiento contra quienes les arrebataron a su padre de una forma tan violenta”, explicó.

Agregó que aquel día parecía tan tranquilo y normal, que cuando escuchó por la radio la noticia sobre el alzamiento contra Noriega en el cuartel central, intentó comunicarse con oficiales amigos de su esposo para que le dieran información de lo que pasaba, pero fue imposible.

“Fueron momentos de mucho nerviosismo, en los que nadie sabía nada de quienes estaban vivos, heridos o detenidos”, dijo.

Durante los dos días posteriores al fallido golpe, recordó, todo fue muy confuso en relación con los nombres de quiénes estaban implicados y quiénes no, pero como a mi esposo inicialmente no lo mencionaron en los hechos ocurridos el día 3 de octubre, desconocíamos su paradero. El 5 de octubre, sin embargo, apareció en el parte de guerra como uno de los caídos en el tiroteo.

Para complicar más aún la angustia y el dolor, Lorenzo se acordó de que las autoridades le informaron que el capitán se había suicidado al colgarse en una celda de la cárcel Modelo, lo que más tarde sería desvirtuado, ya que la familia pudo comprobar que había sido sometido a fuertes y frecuentes golpizas y otras torturas, que le ocasionaron lesiones irreversibles.

“En esa época residíamos en San Francisco y después del golpe la casa vecina fue ocupada por miembros de las Fuerzas de Defensa, quienes nos vigilaban, amenazaban con armas de fuego y no nos permitían hacer reuniones familiares”, contó.

Esta situación la obligó a enviar a sus hijos con sus hermanas, para prevenir que si la atacaban en su hogar, los chiquillos no sufrieran las consecuencias.

“Luego, el 4 de noviembre de 1989, mi padre de crianza Tomás Macheresh fue asesinado en Penonomé con la punta de un estandarte. Se la clavaron en la espalda, y el crimen quedó impune, porque la única testigo desapareció y nunca quiso señalar al responsable”, dijo.

Fueron días muy difíciles, insistió, y cuando los estadounidenses se llevaron a Noriega, descansamos un poco. Desde entonces, sin embargo, comenzó otra etapa significativamente difícil, la de los procesos judiciales, en la que teníamos que revivir los hechos a diario, pero al mismo tiempo debíamos ocultar esa información a los niños.

“Hasta ahora que mis tres hijos son adultos es que nos hemos sentado a hablar sobre el tema, y aún así ha sido muy difícil. Mi hijo mayor tiene mucho rencor aún y prefiero que no participe de las reuniones que hace el grupo de familiares de las víctimas”, confió Lorenzo. “Nos estamos preparando para presentar recursos judiciales, en el caso de que Noriega pretenda burlar las condenas por los homicidios cometidos el 3 y 4 de octubre de 1989. Él no puede evadir esa responsabilidad y tiene que pagar por las atrocidades que cometió contra personas indefensas”, apuntó.

DE HIJOS

Susana Ortega tiene una historia parecida. Es la hija del subteniente Ismael Ortega, uno de los que sí fue fusilado en Albrook. “Esperé que mi padre regresara durante dos años, porque no aceptaba que aquel cuerpo desfigurado que nos devolvieron fuera de él”, narró.

Según recordó, en aquellos días después del golpe (cuando tenía ocho años) ella, sus tres hermanos y su madre se quedaron solos. “Nos destruyeron la casa, intentaron matarnos y mi madre –Petra de Ortega– tuvo que trabajar día y noche para mantenernos, pero poco a poco salimos adelante”, señaló.

Según contó, su madre se partió el lomo atendiendo ancianos día y noche, y hoy, agotada por los años, vive en su casa de Don Bosco, enferma.

Susana Ortega, por su parte, ha vivido como ama de casa. Reside en Juan Díaz. Sus hermanos mayores trabajan en empresas privadas y la menor de todos se graduó de periodista.

Pese a lo ocurrido, aseguró que no le guarda rencor a Noriega, aunque desea que “cumpla con la pena de prisión que se le aplicó por la masacre de Albrook”.

“A mi padre no se le dio la oportunidad de morir con el arma en la mano, sino que fue asesinado después de rendirse y haber creído en la palabra de Noriega de que no los mataría”, recordó.

“Ahora, después de 22 años de ocurridos los sucesos, los familiares de las víctimas del 3 y 4 de octubre de 1989 exigiremos justicia, y que los prófugos también cumplan su pena”, añadió.

Anunció la creación de la Fundación Héroes Caídos el 3 de octubre de 1989, a través de la que solicitarán reconocimiento del Estado y el pago de una indemnización por daños y perjuicios. “Es sorprendente que ningún gobierno haya querido darnos la mano”, y recordó que sus familias también fueron víctimas del aislamiento por resultar no gratas a algunas personas, cuando en realidad también eran víctimas.

CRONOLOGÍA DEL GOLPE

8:00 a.m.

Comienza el alzamiento militar con la llegada de la compañía Urracá al Cuartel Central.

8:30 a.m.

Los golpistas asumen el control del Cuartel Central y detienen a Noriega.

9:00 a.m.

Los conjurados solicitan ayuda al Comando Sur.

10:00 a.m.

Los Macho de Monte, leales al dictador, atacan y retoman el control.

Algunos oficiales querían sacar a Noriega del poder

El 3 de octubre de 1989, un grupo de oficiales y soldados de la cuarta compañía de infantería Urracá, la primera compañía de orden público de los Doberman y de la segunda compañía de orden público Los Centuriones se alzó en armas contra el entonces dictador Manuel Antonio Noriega.

A primera hora de la mañana, los alzados se tomaron el cuartel central de las Fuerzas de Defensa, en El Cho-rrillo, mientras que funcionarios del Batallón 2000 se hallaban en las inmediaciones para apoyar la insurrección.

Luego de una serie de acciones tácticas, los golpistas lograron el control del cuartel e incluso tomaron bajo arresto a Noriega, y a través de un comunicado informaron que la intención del golpe era remover el Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa.

Los alzados habían pedido apoyo al Comando Sur del Ejército de Estados Unidos para bloquear el Puente de las Américas y evitar la llegada de refuerzos leales a Noriega, pero los estadounidenses nunca respondieron.

Unas dos horas después de comenzada la operación, y después de prolongados combates liderados por la fuerza élite de los Macho de Monte, los golpistas fueron capturados y llevados a las cárceles Modelo, Tinajitas e isla penal de Coiba, donde los torturaron.

Los oficiales que encabezaron la acción fueron trasladados a los hangares de Albrook Field y fusilados, aunque el parte de guerra dijo que murieron en tiroteos.

Por estos crímenes fueron acusados los capitanes Jorge Eliécer Gaitán, Evidelio Quiel, Gonzalo González, Francisco Ávila y Aristides Córdoba.

Tras la invasión, los familiares de las víctimas presentaron las denuncias, y el 11 de febrero de 1993 el Segundo Tribunal abrió causa criminal contra Noriega y otros ocho oficiales señalados como autores. Otros 12 fueron sobreseídos. El juicio fue el 5 julio de 1995 y el jurado condenó a Noriega, Gaitán, González y Quiel, quienes estaban prófugos. Córdoba, Lenín Miranda y Sergio González, presentes en la audiencia, fueron declarados inocentes.

Juan Manuel Díaz C.

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