40 ANIVERSARIO DE LOS TRATADOS TORRIJOS-CARTER

De soberanía sí se come

El 7 de septiembre de 1977, Panamá y Estados Unidos firmaron un acuerdo que respondía al clamor popular. En 1999 el Canal pasó a manos istmeñas y se ha convertido en una de las principales fuentes de riquezas del país.

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Jimmy Carter, Alejandro Orfila (secretario general de la OEA) y Omar Torrijos el día de la firma de los tratados en Washington. Jimmy Carter, Alejandro Orfila (secretario general de la OEA) y Omar Torrijos el día de la firma de los tratados en Washington.
Jimmy Carter, Alejandro Orfila (secretario general de la OEA) y Omar Torrijos el día de la firma de los tratados en Washington. Archivo

El silencio era tal, que las cámaras captaron el sonido del bolígrafo bailando sobre el papel. A la izquierda, James Jimmy Carter; a la derecha, Omar Torrijos Herrera; en el centro de ambos, Alejandro Orfila, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuya sede en Washington servía de escenario; a la expectativa, toda una nación.

Aquel 7 de septiembre de 1977 era el comienzo del final de una era: Estados Unidos, la potencia mundial, anunciaba que el 31 de diciembre de 1999 entregaría todo el funcionamiento del Canal de Panamá, junto con sus bases militares, a manos panameñas.

Los tratados Torrijos-Carter -que son el conjunto del tratado del Canal de Panamá y el de neutralidad y funcionamiento del Canal de Panamá- fueron el cenit del clamor popular istmeño. Gracias a un respaldo generacional, junto con un equipo de asesores, Torrijos logró poner en tinta y papel el sueño de miles de hombres y mujeres que derramaron sangre en las calles panameñas.

EL PUEBLO EN LA CALLE

El mismo tratado Hay-Bunau Varilla, con el que Estados Unidos y Panamá pactaban la creación y administración del Canal de Panamá, había creado malestares incluso antes de firmarse. A los pocos días de convertirse Panamá en país, Manuel Amador Guerrero viajó hacia Estados Unidos para ser él quien acordara con el secretario de Estado John M. Hay las condiciones de la ruta interoceánica. Pero al llegar ya era tarde.

Pasaron las décadas y el disgusto popular crecía. Hubo varios convenios bilaterales que trataban el tema del Canal y su zona. Pero no fue sino hasta 1947 cuando el fervor popular alcanzó su punto de ebullición. El canciller panameño, Francisco Filós, firmó un documento secreto con el embajador estadounidense en Panamá, Frank Hines, que creaba nuevas bases militares en el istmo.

El convenio se firmó y la gente salió a la calle durante días. Fue un movimiento que alguna vez calificó Carlos Iván Zúñiga, político y abogado panameño, como el nacimiento de la segunda república.

La derogación de aquel convenio sirvió de combustible a la gesta de mayo de 1958, cuando un grupo de estudiantes y de ciudadanos entró a la prohibida Zona del Canal a sembrar banderas panameñas. Esto se repitió al año siguiente con una mayor cantidad de personas. El mensaje era claro: un solo territorio, una sola bandera.

Una comisión creada como parte del acuerdo Chiari-Kennedy, de 1962, instauró que a partir de 1964 la bandera panameña ondearía junto con la estadounidense dentro de la Zona. La directriz no se cumplió, y el 9 de enero de ese año murieron 23 personas por los disturbios que aquello ocasionó. Los asesinatos provocaron que Panamá rompiera relaciones con Estados Unidos y que la consigna de recuperar todo el territorio fuera el clamor de todo un pueblo.

Tras el golpe de Estado militar, Torrijos poco a poco adoptó esa voz como propia. Trece años después, y producto de un arduo trabajo de su equipo de negociadores, Panamá firmaba un acuerdo que le regresaría su territorio -y su dignidad- en los 22 años venideros.

“Era una etapa que cerraba el ciclo de todas las luchas que había iniciado en el Instituto Nacional y madurado en la Universidad de Panamá”, asegura Adolfo Ahumada, quien formaba parte del equipo negociador de los tratados.

El acuerdo no era bien visto por todos, sin embargo. Jorge Gamboa Arosemena, político panameñista opositor a la dictadura militar, afirma que el documento contenía condiciones leoninas para el istmo. Además, “la dictadura lo iba a usar como un trampolín para dominar al país”.

EL EMPUJE DEL CANAL

Los tratados Torrijos-Carter establecían entregas escalonadas. Eliminar la Zona del Canal era la prioridad, lo que sucedió en octubre de 1979, cuando comenzó a regir el acuerdo.

Paso a paso entregaron más responsabilidades a los panameños hasta 1999. En una celebración en las escaleras del edificio de la administración del Canal, la ruta interocéanica pasó a ser enteramente panameña.

Dieciséis años después, otro hito canalero: la ruta se amplió.

La entrega del Canal a Panamá no solo ha sido importante a nivel emocional ni patriótico. Por ejemplo, desde 1914 hasta 1999, el tesoro nacional de Panamá recibió ingresos por los $1,800 millones. Desde 2000 hasta comienzos de este año, la retribución iba por los $13 mil millones.

Eso sin contar toda la industria paralela de puertos, contenedores, movimiento de mercancía, y otros servicios que se alimentan de esta ruta. Es, se podría decir, el reflejo económico de las luchas populares; la prueba de que de soberanía sí se come.

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