Rumbo a París

La última oportunidad del planeta

La presión sobre la Cumbre de París es enorme y no deja margen para la frustración de un acuerdo global.–

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El presidente francés François Hollande realizó ayer, viernes, una conferencia de prensa para dar a conocer los preparativos de la Cumbre de Cambio Climático. El presidente francés François Hollande realizó ayer, viernes, una conferencia de prensa para dar a conocer los preparativos de la Cumbre de Cambio Climático.
El presidente francés François Hollande realizó ayer, viernes, una conferencia de prensa para dar a conocer los preparativos de la Cumbre de Cambio Climático.

Por fin las potencias mundiales han tomado conciencia de la gravedad del cambio climático que causa sin cesar la pérdida de cultivos agrícolas, inundaciones irremediables en ciudades, sequías, pobreza, hambre y más de 34 millones de refugiados climáticos, y parecen decididas a frenar sus efectos.

La tendencia inmovilista de los últimos años se empezó a contrarrestar con el principio de acuerdo firmado –in extremis– por 196 de los 200 países participantes en la cumbre de Lima del año pasado en la que los líderes mundiales se comprometieron llevar a cabo iniciativas individuales para luchar contra el calentamiento global.

Al final se manejó un texto-borrador un poco descafeinado que en la práctica concentró todas las expectativas en la Conferencia Mundial del Clima que se celebrará en París entre el próximo 30 de noviembre y el 11 de diciembre.

Pero es cierto que algo ha cambiado, tras las 20 reuniones anuales sobre clima convocadas por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que se han celebrado hasta ahora. China y Estados Unidos –dos de los países que más contaminan– llegan a París con compromisos concretos sobre la reducción de emisiones de gases con efecto invernadero.

Además, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha negociado con 81 grandes empresas del país un acuerdo de ayuda estatal que facilita a las multinacionales la implementación de medidas concretas que garanticen la reducción de emisiones. Aunque algunas organizaciones ecológicas han criticado el pacto porque deja fuera a las grandes petroleras, se valora en positivo el fuerte compromiso adquirido por Obama.

Por otro lado, se ha abaratado el precio de la energía eólica y solar y el mercado accionario ha ido reconociendo el riesgo que supone invertir en combustibles fósiles de manera que 2.6 billones de dólares de financiación proveniente de sus fondos se ha transferido a las energías renovables.

Asimismo, la previsión de que vayan a asistir más de 127 jefes de Estado y de Gobierno –incluido el presidente de Panamá, Juan Carlos Varela– ya es una buena señal. A cumbres de menor importancia acuden solo los ministros de Medio Ambiente y los técnicos expertos, pero al dar por seguro que va a cerrarse un acuerdo global, los máximos representantes políticos de los países han asegurado su participación a la Cumbre de Cambio Climático (COP21).

El objetivo a largo plazo es que todos los países se comprometan a reducir sus emisiones de manera cuantificable en un acuerdo jurídicamente vinculante para que el aumento de la temperatura media del planeta no supere los 2 grados centígrados a final de siglo, barrera fijada por la ciencia para impedir consecuencias catastróficas. Para ello, la COP21 deberá alumbrar un nuevo protocolo con medidas concretas que sustituya al de Kioto, un pacto firmado en 1997, que no incluyó ni a Estados Unidos –porque no lo ratificó– ni a China.

El ambiente precedente es positivo. 156 países ya han presentado sus compromisos voluntarios para reducir las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero, generados por la quema de combustibles fósiles en la actividad agrícola, la industria y el transporte. Panamá es uno de estos países que ratificó, el pasado septiembre en la sede de la ONU en Nueva York, el Convenio de Minamata que prevé la reducción del uso de mercurio para mitigar la contaminación y aceptó la enmienda de Doha al Protocolo de Kioto, comprometiéndose a reducir gradualmente las emisiones de gases que causan el calentamiento global hasta 2020 en un mínimo del 18%.

Fuertes presiones para alcanzar acuerdo

En ediciones anteriores de cumbres sobre este tema, los ministros han tomado decisiones en función de previas alianzas regionales o viejas rencillas geopolíticas, razones que no tienen que ver directamente con el cambio climático. Por ejemplo, el plenario de la Cumbre del Clima celebrado en 2009 en Copenhague, se cerró con el portazo de los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y de Bolivia, Evo Morales, que rechazaron frontalmente el acuerdo solo para darle en las narices a Estados Unidos.

Sin embargo, esta vez la presión sobre la Cumbre de París es enorme y no deja margen para la frustración de un acuerdo global. Los científicos llevan tiempo alertando de que si no se reducen entre un 40% y un 70% de aquí a 2050 las emisiones de gases con efecto invernadero para que el calentamiento global no supere los 2°C, la Tierra entrará en un terreno peligroso, cuyas consecuencias son desconocidas. “Es la última oportunidad”, señala al respecto la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático quien añade que la principal batalla –evitar el cambio climático– ya se ha perdido. “Ahora toca manejar de la mejor manera posible el problema y mitigar sus consecuencias”, asegura.

Por su parte, el papa Francisco critica en su segunda encíclica –titulada Laudato si y presentada el 18 de junio de 2015– a los “poderes económicos” y llamó a una “conversión ecológica” y a un “cambio radical en el comportamiento de la humanidad”.

El pontífice argentino denuncia que “nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos” e insta al uso de fuentes de energía limpias y renovables. En el primer texto religioso sobre el medioambiente, Jorge Mario Bergoglio irrita a las petroleras americanas invitando a combatir el calentamiento global “o, al menos, las causas humanas que lo producen o lo acentúan”.

“Se ha vuelto urgente e imperioso el desarrollo de políticas para que en los próximos años la emisión de anhídrido carbónico y de otros gases altamente contaminantes sea reducida drásticamente”, asegura el Papa con un mensaje directo a los líderes que se reunirán en París.

La prueba de fuego

Según los expertos, para hacer frente al cambio climático es necesario combatirlo en varios escenarios simultáneos que pasan por el freno de la deforestación forestal, la mayor utilización de energías limpias, así como la reducción en bloque del uso de combustibles fósiles.

Pero el calentamiento global se está librando también en el campo económico. La Cumbre sobre el clima de 2009 celebrada en Copenhague, cerrada sin acuerdo, sirvió de escenario para plasmar las diferencias entre los países ricos –desarrollados y muy contaminadores– y los pobres –en vías de desarrollo, muy afectados por la contaminación–.

En esa ocasión, los países en vías de desarrollo pidieron a los países ricos subsidios económicos para poder enfrentar los efectos del cambio climático con el argumento de que ha sido Occidente el que ha provocado el problema con sus emisiones en las décadas anteriores. La exigencia supuso en la práctica la creación del llamado Fondo Verde, una reserva capital donada por los países desarrollados que debía sumar 100 mil millones de dólares antes de 2020.

Pero, ¿qué Estados deben contribuir y con cuánto dinero? Se supone que solo los considerados países desarrollados, pero China por ejemplo queda fuera de la lista. En este sentido, el bloque que debe subvencionar a los países pobres para paliar las consecuencias del cambio climático lamenta que haya economías emergentes que tienen índices de desarrollo y de PIB per cápita superiores a algunos de los viejos países clasificados como desarrollados, pero que no figuran como potencias.

La ONU ha reiterado en varias ocasiones que es crucial la capitalización de este fondo para que las negociaciones de París sigan adelante. En este sentido, ha enfatizado en la baja inversión por parte del sector privado en proyectos destinados a elevar la capacidad de recuperación de los países pobres.

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