1934-2017

Los últimos días del tirano

Amigos, antiguos detractores, políticos, visitaban a Noriega en El Renacer. Se mantuvo lúcido hasta el final. Negó sus crímenes.

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Manuel Antonio Noriega volvió al país extraditado de Francia el 11 de diciembre de 2011. Fue recluido en el Centro Penitenciario El Renacer, donde estuvo hasta finales de enero 2017 cuando recibió un depósito domiciliario. Manuel Antonio Noriega volvió al país extraditado de Francia el 11 de diciembre de 2011. Fue recluido en el Centro Penitenciario El Renacer, donde estuvo hasta finales de enero 2017 cuando recibió un depósito domiciliario.

Manuel Antonio Noriega volvió al país extraditado de Francia el 11 de diciembre de 2011. Fue recluido en el Centro Penitenciario El Renacer, donde estuvo hasta finales de enero 2017 cuando recibió un depósito domiciliario. Foto por: Archivo

Noriega controló el poder en Panamá entre 1983 y 1989 bajo un férreo régimen militar. Noriega controló el poder en Panamá entre 1983 y 1989 bajo un férreo régimen militar.

Noriega controló el poder en Panamá entre 1983 y 1989 bajo un férreo régimen militar. Foto por: Archivo

Se le condenó por los crímenes de Spadafora y Giroldi, y su participación en la Masacre de Albrook. Se le condenó por los crímenes de Spadafora y Giroldi, y su participación en la Masacre de Albrook.

Se le condenó por los crímenes de Spadafora y Giroldi, y su participación en la Masacre de Albrook. Foto por: Archivo

Desde que regresó a Panamá el 11 de diciembre de 2011, y fue llevado al centro penitenciario El Renacer, Manuel Antonio Noriega nunca estuvo solo.

Lo visitaban amigos, exadversarios, autoridades religiosas, empresarios, políticos y periodistas. La época de mayor apertura para las visitas fue en el gobierno de Ricardo Martinelli (2009- 2014). Lo cuenta uno de sus grandes amigos. Uno que lo visitaba a menudo, lo defiende en público y que asegura que es inocente de los crímenes que se le atribuyen.

En El Renacer vivía en una pequeña casa ubicada en una colina. Fue su segunda y última residencia en el penal. El exfiscal Rolando Rodríguez Chong, quien estuvo a cargo del proceso por la desaparición de Heliodoro Portugal, cuenta que cuando llegó extraditado de la prisión francesa La Santé, fue ubicado en una casa donde había mucho ruido. “Se encontraba cerca de la vía del tren y cuando este pasaba, había que estar en silencio varios minutos porque solo se oía el estruendo de la máquina”, narra.

La vivienda, dice Rodríguez Chong, también estaba cerca de un taller de ebanistería, por lo que había que lidiar con las emanaciones de tíner y otros químicos que se filtraban. Por eso fue reubicado.

Su amigo, que pidió el anonimato, relata que allí recibió la visita de una larga lista de personajes de la vida pública de Panamá. Asiduo visitante fue el analista político Mario Rognoni, quien falleció el 14 de octubre de 2016. Amigo entrañable de Noriega, las condiciones físicas de Rognoni le impedían llegar caminando a la casa de la colina, por lo que cada vez que iba, los policías tenían que subirlo en un carro patrulla.

Revela que también recibió al arzobispo de Panamá José Domingo Ulloa, al nuncio Andrés Carrascosa, al empresario Haralambos Bobby Tzanetatos, “un viejo amigo”. Conversaba mucho con el abogado Miguel Antonio Bernal. La lista de visitantes también incluye a los diputados del Partido Revolucionario Democrático (PRD) Pedro Miguel González y Elías Castillo, al excontralor Alvin Weeden, al empresario Aurelio Yeyito Barría, y al abogado Guillermo Cochez. Sus amigos, el abogado Julio Berrío y Andrés Vega, conocido como Domplín, también están en ese grupo.

Nunca se confirmó la visita del excoronel de las Fuerzas de Defensa Roberto Díaz Herrera, pero, la fuente asegura, que “los dos hablaron”. Hacía ejercicio diariamente, dice su amigo. Caminaba mucho, bajaba y subía la colina, lo que lo mantenía en forma. Después fue perdiendo condiciones poco a poco, pero siempre se mantuvo lúcido.

“Leía bastante y también escribía como un condenado”, añade. Su libro de cabecera era la Biblia y siempre mantuvo buenas relaciones con la Iglesia.

Andrés Vega dice que siempre fue un hombre “muy espiritual”. Asegura que lo visitó tres veces en El Renacer, pero que hablaban a menudo por teléfono. El 11 de febrero, día de su último cumpleaños, Domplín lo felicitó a través de su programa radial El Cañonero de Domplín, que se transmite por KW Continente, y al rato Noriega le devolvió la llamada. “Gracias hermano, como siempre”, le dijo.

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Manuel Antonio Noriega: Los últimos días del tirano LA PRENSA

“Un día que íbamos por la calle, le pregunté: ¿no te da cosa cuando lees en las paredes: ‘Noriega asesino’?. Y me contestó: ‘ese no soy yo. Eso no me da nada”, recuerda.

Como prisionero de guerra tenía ciertos privilegios. Mucha gente le llevaba comida criolla, que tanto le gustaba. También tenía conversaciones con periodistas nacionales e internacionales. “Comían juntos y hacían chistes. Noriega tenía un sentido del humor espectacular”, relata el amigo que prefiere el anonimato.

Cuenta también que recordaba mucho Chiriquí. Que solía evocar la época en que fue el hombre clave para que Omar Torrijos recuperara el poder, luego del contragolpe militar del 16 de diciembre de 1969. Y entonces reflexiona: “fue el protagonista del Día de la Lealtad, pero nunca recogió los laureles”.

“Hablaba con algunos compañeros de armas. El exgeneral Rubén Darío Paredes nunca lo fue a visitar. Gustaba referirse de los avances de la medicina moderna y conversaba mucho con algunos artistas que le regalaban pinturas. Él siempre gustó de las colecciones de arte”, agrega.

Weeden llegó a él con la mediación de Escolástico Fulele Calvo. Recuerda que fue abogado de Hugo Spadafora y necesitaba pedirle cuentas sobre qué fue lo que realmente pasó. El encuentro se celebró mes y medio antes de que lo hospitalizaran. “Fue cordial, caminaba con alguna limitación, estaba lúcido, despierto”, sostiene. Hablaron “a calzón quitao”. El excontralor afirma que le reprochó que la carta, en la que supuestamente pedía disculpas, “no convenció a nadie”. -¿Dónde está la cabeza de Hugo Spadafora?, le preguntó. Noriega le contestó que no sabía. Que no tenía nada que ver con eso ni con la Masacre de Albrook. Que él no había ordenado los crímenes. Que se encontraba fuera del país cuando ocurrieron los hechos.

Con Elías Castillo, Noriega habló del PRD. Se reunieron a comienzos de 2016. Por esos días se planteaba la posibilidad de que el veterano diputado ocupara la presidencia de la Asamblea Nacional, por lo que aprovechó para hablarle del tema, y de la situación del partido. “Decía que teníamos que organizarnos, que estábamos muy divididos, que había que fortalecer el partido”. En la cárcel, cuenta Castillo, Noriega se enteraba “de todo”. “Estaba más informado que nosotros”, dice.

Lo ratifica el abogado Julio Berrío, quien manifiesta que le encantaba hablar de la situación política de México, Cuba y Venezuela. “Se adaptó bien a la cárcel. Se quejaba de que el Estado panameño le había decomisado 11 propiedades, que en su mayoría estaban a nombre de su esposa Felicidad Sieiro de Noriega”, narra.

Yeyito Barría lo visitó en octubre de 2016. Le mandó un saludo y un recado con una de sus hijas. Le pidió que le dijera a su padre que quería conversar con él. Al día siguiente lo llamaron para decirle que el dictador había aceptado recibirlo. Barría quería hablar con el hombre que ostentó el poder en Panamá durante seis años. De las cosas que hizo, sobre la autoridad que detentaba por el hecho de ser el general de las fuerzas militares, pero que ahora estaba detenido.

Dialogaron en la sala de la casa de la colina. El dirigente de la Cruzada Civilista, el movimiento que nació precisamente para hacerle oposición a la dictadura de Noriega, 30 años después estaba frente a su viejo adversario.

Conversaron sobre los 27 años que el dictador estuvo encarcelado en Estados Unidos, de Francia, donde también estuvo preso, y de Panamá. Hablaron de las demandas y los procesos legales. Barría dice que el planteamiento de Noriega fue este: ‘Estoy aquí cumpliendo con los juicios’. “No dijo que era inocente o lo que fuese, sino que estaba cumpliendo con los casos”.

Al igual que a Weeden, Noriega le dijo a Yeyito que no estaba en Panamá cuando ocurrió lo de Spadafora.

El asesinato de Moisés Giroldi, el 3 de octubre de 1989, también estuvo en la conversación. Noriega le relató que en ese momento había mucha confusión entre los militares que se sublevaron y el resto de la tropa, por lo que el exdictador pronunció: “que desafortunadamente murió Giroldi”.

Al igual que Francisco Franco, Augusto Pinochet y Fidel Castro, tres dictadores natos, a Noriega, la muerte lo sorprendió en una cama. Murió en un hospital público: el Santo Tomás, donde el 7 de marzo pasado los médicos le practicaron dos cirugías. Primero le retiraron un tumor benigno del cerebro, pero después tuvieron que volverlo a operar para detenerle una hemorragia. Desde ese momento estuvo en coma inducido. Fue desconectado el pasado lunes a las 11:20 p.m.

“Se fue sin pedir perdón. Con sus secretos. Con sus verdades y sus mentiras”, decían algunos ayer. En los pasillos del Santo Tomás la noticia de su muerte pasó casi desapercibida. Salvo por los periodistas que esperaban a que alguna de sus tres hijas se asomara para decir algo, y por las decenas de policías que custodiaban el área, nada parecía alterar la calma. Una mujer de la 24 de Diciembre buscaba que algún médico le recetara algo para un resfriado. Otra de Panamá Viejo decía tener una bola en la espalda donde se alojaba un animal y esperaba que una enfermera se lo sacara. A la 1:30 de la madrugada de ayer martes ninguna de las dos sabía que el hombre que gobernó Panamá entre 1983 y 1989 había muerto. Murió donde empezó. En el Santo Tomás, donde en 1956 trabajó tomando muestras de sangre, oficio que repudiaba porque no le daba suficiente dinero.

(Con información de Juan Manuel Díaz, Olmedo Rodríguez y Carlos Vargas)

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