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COLOMBIA. TREINTA AÑOS DE LA TRAGEDIA DE ARMERO

Hubo una vez un pueblo

Con 25 mil muertos, el alud que sepultó a Armero es el desastre natural más catastrófico ocurrido en Colombia. El balance fatal pudo evitarse.

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Algunas fachadas y muros son lo único que ha quedado en pie de lo que era una próspera comunidad algodonera, que en una sola noche fue borrada por el lodo. Algunas fachadas y muros son lo único que ha quedado en pie de lo que era una próspera comunidad algodonera, que en una sola noche fue borrada por el lodo.
Algunas fachadas y muros son lo único que ha quedado en pie de lo que era una próspera comunidad algodonera, que en una sola noche fue borrada por el lodo.

La de Armero es la historia de una tragedia y de una infamia.

La tragedia de un pueblo de 30 mil habitantes, importante centro de cultivo de algodón, pintoresco rincón del departamento del Tolima, en el centro de Colombia, que fue arrasado por un incontenible alud de cieno y piedras en una sola noche.

La infamia: todos los que pudieron haber prevenido la tragedia que costó la vida a 25 mil almas estaban advertidos. Y no hicieron nada.

Y más. Y peor: algunas personas, incluidas rescatistas que acudieron en auxilio del pueblo sepultado, “exigían”, según los testimonios, algún incentivo de valor para salvar la vida de la gente. Si no, directamente arrebataban pulseras, relojes, lo que pudieran, a cambio del “rescate”.

Más infamia: cuando los sobrevivientes pudieron regresar a lo que quedó de sus viviendas, descubrieron, como si el horror reciente no fuera suficiente, que algunos policías las habían saqueado.

Armero es el retrato de un tiempo oscuro en la historia de Colombia.

Pocos días antes de aquel fatídico 13 de noviembre de 1985, cuando ya el volcán Nevado del Ruiz, a cuyas faldas se levantaba la alegre población, había ocurrido el holocausto del Palacio de Justicia, tomado por un comando guerrillero del Movimiento 19 de abril y posteriormente bombardeado, con todos sus ocupantes, en una turbia operación de “tierra arrasada” del ejército.

Eran los tiempos del reinado del terror de Pablo Escobar. Los tiempos del miedo.

LO EVITABLE

Científicos de Suiza e Italia habían investigado la reciente actividad del volcán y habían alertado meses antes del riesgo, pero no hubo ni atención ni presupuesto para comprar los sismógrafos recomendados por los expertos.

El 18 de septiembre de aquel año, 56 días antes de la avalancha, noticieros de la televisión colombiana habían informado, con enviados especiales a Armero, sobre el represamiento del cercano río Lagunilla por la ceniza de una erupción ocurrida el día 11 y el peligro que corría la ciudad.

“¿Por qué antes del 13 de noviembre no se produjo ninguna acción ante la advertencia expresa de que en caso de una erupción, Armero sería borrado por una avalancha?”, se preguntó en un artículo el especialista en geotecnia y geofísica Gonzalo Duque Escobar, profesor de la Universidad Nacional de Manizales, que participó en varias investigaciones científicas del Nevado del Ruiz, reseña la agencia EFE.

En el Gobierno se ignoraron las advertencias y el mismo día de la tragedia, cuando comenzaron a caer cenizas y un penetrante olor a azufre inundó el ambiente, las autoridades, en vez de ordenar una evacuación de Armero, recomendaron a la gente mantener la calma y permanecer en sus casas.

A las 11:30 de la noche, en medio de la oscuridad total, el aterrador ruido de una avalancha de unos 100 millones de metros cúbicos de lodo, según expertos, avanzó rápidamente sobre el pueblo, arrasando todo a su paso.

VOCES

“Ha sido el momento más terrible de mi vida”, relató Gladys Primo, quien en la tragedia perdió a su esposo y a sus dos pequeños hijos.

Flor María Vargas, de 62 años, aún espera que su hija Gloria Patricia esté con vida. Recuerda que la noche de la tragedia salió de su casa y corrió tres cuadras para tratar de ganarle la carrera a la avalancha, pero no lo logró y esta se llevó por delante a su esposo y a sus cuatro hijos.

Vargas fue rescatada y en la clínica le dijeron que estaba embarazada. Un año después, por fin, pudo caminar, pese a que los médicos le habían advertido sobre la posibilidad de quedar en silla de ruedas para siempre.

“Yo aferré mi vida a la de mi hijo” que hoy tiene 29 años, dijo Vargas a la agencia AP. Dos días después de la avalancha, una hermana de Vargas dijo haber visto en un listado de sobrevivientes en Bogotá el nombre de su hija Gloria Patricia Tapiero Vargas, entonces de 11 años. “Ojalá esté viva”, dice hoy.

Con motivo del trigésimo aniversario de la destrucción de Armero se estrenó el documental El valle sin sombras, del director Rubén Mendoza, en el que más de una decena de supervivientes relatan su drama.

En 1994, el Consejo de Estado, una de las cuatro altas cortes colombianas, exoneró a la nación de cualquier responsabilidad en la tragedia de Armero al considerar que había sido un caso de “fuerza mayor”.(Con servicios internacionales).

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