[OBJETIVOS DE DESARROLLO]

Alimentar bien a la gente

La adecuada nutrición ayuda a los niños a desarrollarse de forma correcta y produce adultos capaces de aprovechar al máximo todas las oportunidades que aparecen en su camino.

El mundo enfrenta muchos problemas, y alimentar adecuadamente a una población creciente es, sin duda, uno de ellos. La buena noticia es que estamos en camino de reducir a la mitad la proporción de personas que padece hambre crónica entre 1990 y 2015. La mala noticia es que aún quedan más de 800 millones de personas que se acuestan con hambre cada noche. No hay una forma fácil para resolver este problema con rapidez, pero hay maneras inteligentes de utilizar los recursos y hacer mucho bien, ahora y en el largo plazo.

Tanto los niños como los adultos necesitan una dieta de buena calidad, pero alimentar bien a los infantes hace una gran diferencia para toda su vida. Los primeros mil días en la vida de un niño –desde la concepción hasta los dos años– son vitales para su correcto desarrollo. Los lactantes malnutridos no alcanzan la altura de sus compañeros, y medir la proporción de retraso en el crecimiento (tener menor altura que la esperada para la edad) es una forma sencilla de comprobar la malnutrición.

En Panamá, alrededor del 19% de los menores de cinco años sufre retraso del crecimiento. Ellos no se desarrollan físicamente y también tienen retraso en el desarrollo de sus habilidades cognitivas, en comparación con los mejor alimentados. Esta falta de desarrollo tiene consecuencias reales a largo plazo. Los niños raquíticos tienen un menor rendimiento en la escuela y llevan vidas más pobres en la adultez. Aunque hay muchos factores a tener en cuenta, la mejor base para la comparación de los objetivos que compiten en igualdad de condiciones es una evaluación económica de los costos y beneficios.

La mayoría de la gente sentiría que alimentar adecuadamente a la población, sobre todo a los niños pequeños, es algo que tenemos que abordar. Y resulta que lo que parece ser una buena idea en el plano moral, también es muy buena en materia económica. La adecuada nutrición ayuda a los niños a desarrollarse de forma correcta y produce personas que son capaces de aprovechar al máximo todas las oportunidades que aparecen en su camino.

La diferencia es dramática y está bien ilustrada gracias al seguimiento de un experimento en Guatemala. Desde 1969, los niños en edad preescolar de varias aldeas recibieron una dieta nutricionalmente mejorada, y fueron comparados con los de comunidades vecinas que recibieron una dieta menos provechosa. Después de 35 años se volvió a estudiar a ese grupo, ya adultos, y se encontraron diferencias sorprendentes. Los que fueron bien alimentados no sufrieron retraso de crecimiento a los tres años; permanecieron en la escuela más tiempo y desarrollaron mejores habilidades cognitivas como adultos. Tenían más probabilidades de obtener un empleo y ganaban mejores salarios. Su buen desarrollo físico y mental los hizo más aptos tanto para puestos de trabajo de oficina como manuales.

Un estudio hecho en Brasil, por ejemplo, mostró que solo el 1% de aumento en la altura elevó los ingresos promedio de los adultos de sexo masculino en 2.4%.

En Guatemala, los niños que fueron mejor alimentados obtuvieron un ingreso mucho más alto como adultos, en comparación con el grupo control. Tenían un consumo familiar 66% más elevado, con una impresionante mejora en la calidad de vida a partir de simples intervenciones en la infancia.

Gastar una pequeña cantidad –solo $96 en total– en proporcionar suplementos nutricionales, mejorar el equilibrio de la dieta y desparasitar, rinde con creces. A lo largo de una vida de trabajo, entre las edades de 21 y 50, podemos esperar que un dólar gastado en la nutrición infantil redunde, en promedio, en alrededor de $45 de beneficio, sobre una amplia gama de países de bajos y medianos ingresos. Eso se convierte en un uso realmente fenomenal del dinero.

Lo más importante de la buena alimentación de los lactantes es que así comienza un círculo virtuoso, con beneficios crecientes para las generaciones venideras. La buena nutrición durante la niñez produce personas que pueden contribuir más y ayudar a impulsar el crecimiento económico, y ellos mismos pueden criar niños sanos y bien alimentados. Los infantes sanos crecen y se vuelven adultos saludables y más productivos, que crían a la siguiente generación para que sea mejor alimentada, educada y más productiva.

Alimentar a la gente de forma adecuada –y hacerlo temprano– no es solo un imperativo moral, sino que tiene mucho sentido desde el punto de vista económico. Ese es el mensaje que los gobiernos del mundo y las Naciones Unidas escucharán, al decidir sobre los objetivos para el período posterior a 2015.

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