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[EXPULSIÓN]

¿Asistencia o intervencionismo?

De los programas de asistencia que Estados Unidos auspicia en el mundo, los que promueve la USAID deberían ser los menos controvertidos por su naturaleza no militar y humanitaria.

Hace ya algunos años escribí un artículo abogando porque el Congreso estadounidense no suspendiera un programa de asistencia a los países andinos, que permitía la venta de productos bolivianos artesanales en Estados Unidos sin cargarles aranceles. En ese momento el Senado estadounidense quería mandarle al presidente Evo Morales un mensaje de repudio a su intención de nacionalizar el gas boliviano. En esa ocasión prevaleció la cordura y los artesanos bolivianos pudieron seguir exportando sus productos libres de impuestos.

La semana pasada, Morales expulsó de Bolivia a la agencia de asistencia internacional financiada por los contribuyentes estadounidenses USAID, acusándole de “conspirar” contra su gobierno. Como es usual cuando se habla de conspiraciones, Morales no se tomó la molestia de especificar los términos de la “conspiración” que le llevaron a expulsar a la agencia que desde 1964 trabajaba en programas de sanidad, de protección de la biodiversidad y de reducción de pobreza.

Para la izquierda delirante, el problema es que la USAID (United States Agency for International Development, por sus siglas en inglés) se niega a revelar el nombre de los grupos que patrocina pero la realidad es otra. “Todos nuestros programas son coordinados con las agencias de gobierno apropiadas”, ha dicho la agencia. Yo lamento mucho el daño que se le hace a los bolivianos que se beneficiaban con estos programas y lamento más no poder abogar por ellos y pedir que el gobierno de Estados Unidos ofrezca la otra mejilla y espere pacientemente a que Morales recapacite para reiniciar la ayuda monetaria. Si Morales rechaza la ayuda, pues que con su pan se lo coma.

Desde mi punto de vista, los cargos que le hace a la USAID son cuentos de un hombre ofuscado que se la pasa anunciando conspiraciones en su contra e intentos de asesinato. No obstante, acudo a Peter Hakim, el respetado latinoamericanista que hace décadas estudia la relación de Estados Unidos con América Latina y ha tratado de cerca a la mayoría de los presidentes de la región, para preguntarle si él piensa que Morales está en lo correcto al acusar a la USAID de interferir políticamente en su país. “No”, responde Hakim, “eso me parece poco plausible. El programa de ayuda del que estamos hablando es sumamente modesto, alrededor de los 10 millones de dólares. No hay embajador de Estados Unidos en ese país y, además, la verdad es que en Washington ya no hay nadie que le ponga mucha atención a Bolivia”. Y no es tema de actualidad porque esta no es la primera ocasión en la que el conflictivo Morales se inventa un pleito con Estados Unidos. En 2008 expulsó al embajador estadounidense Philip Goldberg y ese mismo año a la DEA, en ambos casos bajo el mismo pretexto: la conspiración en su contra. Tampoco es Morales el único que tiene problemas con la agencia de asistencia estadounidense.

También el presidente de Rusia, Vladimir Putin,.

ordenó el cierre de operaciones de la agencia que en un lapso de dos décadas había gastado aproximadamente 3 mil millones de dólares asistiendo a diversos grupos en programas de prevención de la tuberculosis y del sida, de mejoramiento de la infraestructura eléctrica, de reforma al Código Fiscal, de redacción del texto constitucional, de anticorrupción, monitoreo de elecciones y de capacitación de abogados y jueces.

Lo interesante del caso en Rusia es que plantea otro tipo de preguntas sobre el uso de la asistencia, y es en este sentido que le pregunto a Hakim si la USAID debería auspiciar programas internacionales que promueven los derechos humanos y civiles de las personas, la igualdad de género, la transparencia, de capacitación de funcionarios y civiles en países autoritarios. “Por supuesto que sí”, responde, “pero siempre y cuando el gobierno que recibe la ayuda lo permita”.

Aunque coincido con Hakim que sin consentimiento del país anfitrión es virtualmente imposible que sobreviva cualquier programa cuyo tema son los derechos humanos y civiles, no dejo de lamentarlo. Primero porque pienso que estos temas son universales y su universalidad anula cualquier pretensión de soberanía nacional pero también porque pienso que es en los países autoritarios donde más se necesitan. En los países democráticos ni se les ponen obstáculos a quienes promueven los derechos humanos, civiles y de género ni se persigue ni se les expulsa del país.

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